Triatlón Querétaro 16

martes, 11 de febrero de 2014

Guitarras, Blues y Rock and Roll (Y unos cuantos kilómetros)


La música es compañera de muchos corredores. Hay corredores que en todos sus entrenamientos y competencias escuchan su música favorita. A algunos los motiva, les impone -hasta cierto punto- un ritmo de carrera o una cadencia. Se de otros que escuchan audiolibros mientras entrenan, aunque también conozco multitud de corredores que simplemente odian ir con la molestia de unos audífonos insertados en las orejas.


En mi caso, cuando corro Maratón o cualquier otra competencia, la música pasa a segundo término. Prefiero escuchar los gritos de apoyo del público, los diálogos que de repente se dan con algún competidor, ir atento al sonido de mi respiración y al de mis pies golpeando el pavimento; y en general, me gusta en esas ocasiones especiales, llevar abierto el canal e ir atento a los sonidos de la carrera.

Pero cuando se trata de entrenar, muchas de mis salidas las hago escuchando música. No tengo un tipo de música preferente. Dependiendo de la ruta a seguir, del tipo de entrenamiento, del ritmo planeado, de la hora del día, pero sobre todo del estado de ánimo, escojo la lista de reproducción que escucharé en esa sesión en el Ipod.

El sábado anterior hice la primera tirada de 16 kilómetros de mi preparación para Maratón, que en condiciones normales podría sonar a poco, pero que para mí, después de 3 meses de estar prácticamente parado, representó una señal importante de que por un lado, voy avanzando paulatinamente hacia una recuperación plena y por el otro, voy sentando las bases para un incremento hacia los niveles de resistencia que necesito para volver a correr Maratón en Abril 21.


Corrí a ritmo lento; más lento de lo que para mí sería normal en un entrenamiento de larga distancia para Maratón. El tiempo total de 1:33:40 de esta sesión confirman que fue una corrida lenta, pero muy lenta. En parte por la desconfianza que todavía tengo con mi rodilla y en parte porque 3 meses sin entrenar carrera me han dejado con poco o casi nada de fondo, pero el caso es que en forma natural fue saliendo este ritmo lentito, que aunque conforme avanzaba en mi sesión se iba avivando ligeramente, nunca bajó de los 5:30 min/km y al final promedió 5:51.

En el Ipod sonaba la nueva recopilación de 2013 del Crossroads Guitar Festival de Eric Clapton.
Como muchos saben, "Slowhand" Clapton fundó y mantiene un centro de tratamiento de adicciones en la isla de Antigua, en el Caribe. Este centro fue bautizado como Crossroads por este fantástico guitarrista originalmente rockero y más recientemente convertido a la religión del Blues, quién ha dedicado prácticamente cuerpo, alma y carrera al establecimiento, operación, mantenimiento y crecimiento de este refugio para enfermos de diferentes tipos de adicción. Para lograrlo, Clapton ha estado haciendo desde hace ya varios años, una serie de conciertos a beneficio de este centro, dentro de los cuales, los conciertos trianuales y  sus correspondientes álbumes de los Crossroads Guitar Festivals ocupan un lugar importante.


Al tiempo que iban cayendo los kilómetros, las sensaciones de una corrida a ritmo lento iban siendo cada vez más placenteras. El trotecito suave, sin esfuerzo, trajo consigo esa sensación de paz, de Flow que a veces se siente en las mejores carreras. Y la música, realmente extraordinaria. Uno tras otro, tocaban chingones de la vieja guardia no solo del Blues sino del Rock como B.B. King, Keith Richards, Albert Lee y otros; y por supuesto también la magia del propio Eric Clapton.

A veces perdemos de vista el objetivo principal de esta afición, que al menos para mí, es disfrutar, tener un momento para mí mismo, sentirme liberado de las presiones y el estrés diarios. Y entonces, la presión por lograr un determinado nivel de condición física, un resultado, un tiempo o un determinado lugar, nos hacen perder la perspectiva y dejar de disfrutar.

Pues bien, la del sábado fue una de esas ocasiones nada especiales, que terminan convirtiéndose en corridas memorables. La combinación de kilómetros a ritmo placentero con ánimo a tope al sentirme liberado de una lesión, más una muy pero muy buena música, hicieron de una corrida rutinaria un evento sumamente agradable, disfrutado al máximo, como hacía ya meses que no sucedía.


Renovador, ese es el calificativo justo para el entrenamiento de este sábado.





miércoles, 5 de febrero de 2014

Nueva York 1991, el Maratón de México. El Rescate de la Memoria.


En Febrero de 1991, mientras celebraba mi cumpleaños número 34 con mi esposa Ruth y mis hijos Ruth y Gerardo (Sarah no estaba ni en planes aún), tomé la decisión de viajar ese año al Maratón de Nueva York. Aunque tenía ya más de un par de años sin incursionar en la distancia de Filípides, era ya un maratonista experimentado y, aprovechando que un grupo de conocidos del club Lomas Raquet de San Luis Potosí estaban organizando el primer viaje al NYCM de los maratonistas de ese club, me uní a la legión de Potosinos en búsqueda de la gloria en la Gran Manzana.



Nunca imaginé que en ese viaje, iba yo a ser testigo de una de las páginas doradas escritas por los maratonistas mexicanos. 


Si bien en esos años los corredores mexicanos ya acaparaban los primeros lugares de las carreras más prestigiosas en Estados Unidos, los triunfos en los maratones de primerísimo nivel en el mundo eran incipientes. Aparte de los triunfos de Rodolfo Gómez, Alejandro Cruz había ganado Chicago en 1988. Ese mismo año de 91, Maurilio Castillo había ganado Tokio con una muy buena marca para la época, de 2:10:47 y Dionisio Cerón había estado a punto de ganar Rotterdam, al entrar en segundo lugar con un 2:10:02.


El keniano Ibrahim Hussein, que había ganado Boston la primavera de ese año, era el gran favorito para ganar el maratón de Nueva York de 1991. Los aztecas Andrés Espinoza, Isidro Rico y Salvador “El Halcón” García, destacados corredores mexicanos ya consagrados en nuestro país, eran los principales representantes de México.
Un par de años atrás yo había visto a Salvador García triunfar en el Maratón Tangamanga. En esa ocasión, ganó tan fácilmente que en tramos de la carrera iba tarareando y cantando corridos de narcos, muy de moda en ese entonces. Antes de esto, ya había ganado el Maratón de Puebla y algunos otros y había estado participando constantemente en carreras de ruta en Estados Unidos. 



Era un tipo muy excéntrico. El viernes previo al Maratón de Nueva York, nos lo topamos mi esposa y yo en la expo. Iba con una boina al estilo del Che Guevara, zapatos blancos de charol y un traje azul marino ¡de terciopelo! Andaba muy cariñoso con una rubia, que después supe que era europea, no recuerdo de qué país. Muy guapa. Contrastaba notablemente lo sexy de la chica con el look estrafalario del Halcón.



Salvador “El Halcón Tarasco” García, conjuntamente con Andrés Espinoza e Isidro Rico, no eran considerados ni remotamente dentro del grupo de favoritos. Se sabía que, como todos los corredores mexicanos, eran aguerridos, pero no les otorgaban ninguna posibilidad de subirse al podio. Sin embargo, las estrellas en el cielo ya se estaban alineando para que todo fuera diferente y se vislumbraba ya el surgimiento de una gran generación de maratonistas mexicanos, con el ya mencionado triunfo de Maurilio en Tokio y el subcampeonato de Dionisio en Rotterdam en ese año de 1991, e incluso, un día antes del New York City Marathon que se corría ese fin de semana, otros dos mexicanos habían hecho el 1 – 2 en el Marine Corps Marathon en Washington: Carlos Rivas, había sido el triunfador y René Guerrero el segundo lugar. Pero los expertos seguían considerando a los corredores de siempre como los más probables triunfadores en la Gran Manzana.


La madrugada del domingo, día del Maratón, finalmente llegó. Sonó mi despertador a las 3:30 AM, desayuné y completé todo el ritual de preparación para la carrera. Había esperado con tremenda ansia ese momento durante todo el año. Desafortunadamente, no llegaba en óptimas condiciones; había tenido que estar trabajando un par de meses en la Ciudad de México, yendo y viniendo todos los fines de semana. No había podido darle gran consistencia a mi programa de entrenamiento. A pesar de ello, me sentía con preparación suficiente para fijarme un objetivo de tiempo de 3:00 horas, que en aquella época era bastante alcanzable para mí.

Ya formado en mi corral correspondiente, hice lo que todo mundo hacía: me quité mi sudadera y pants y los tiré a la orilla de la calle. El cañonazo de salida se escuchó como tal: como un tremendo cañonazo que me removió todas las entrañas, tanto por el sonido estruendoso como por la emoción del inicio de la carrera. Imposible correr a ritmo los primeros tramos. En el puente Verrazano la emoción me sobrecogió increíblemente. No era época aún de las cámaras digitales, pero hubiera dado cualquier cosa por haber podido capturar en una foto las imágenes de ese momento. Poco a poco se fue abriendo la multitud de corredores y fue posible tomar un ritmo más decente.



En la punta de la carrera, muy pronto empezaron a dar color los contendientes que tenían posibilidades de triunfo, pero fue hasta después de la mitad de la carrera, al cruzar el puente de Queensboro, donde el pelotón se redujo a solo 3 contendientes, dentro de los que estaban dos mexicanos. El gran Halcón García iba en la pelea. También el chaparrito Andrés Espinoza se mantenía en la punta y, además de los dos mexicanos, solo el gran favorito Ibrahim Hussein se mantenía con vida. Otro gran favorito, Juma Ikangaa de Tanzania, no había soportado el paso y se había quedado rezagado.


Al llegar a la mitad de la carrera y ver la marca de la milla 13, yo me seguía sintiendo perfectamente bien. El paso que llevaba había tenido que ser más lento que el planeado, principalmente porque no se podía correr libremente por tanta gente, pues yo no estaba acostumbrado a carreras multitudinarias, pero también por las exigencias de la ruta, la extrema dificultad de los putos puentes y el clima, que tampoco ayudaba. Por otra parte, mi ánimo era fabuloso y la euforia cada vez se iba apoderando de mí, en parte por la gran cantidad de mexicanos en las calles, que gritaban y gritaban muy emocionados, pues adelante iban dos mexicanos lidereando la carrera, lo que nos dejaba a la paisanada tremendamente emocionada para cuando los de más atrás pasábamos. Al llegar a la First Avenue, por ahí de la milla 16, la gritería era ensordecedora y lo digo sin exagerar. Muchísimos mexicanos, muchos más que en el resto del trayecto, gritando, echando porras y animando a los corredores que identificaban como compatriotas; y como yo llevaba una camiseta y short en con los colores patrios y la leyenda de “México” en el pecho y en la espalda, toda la chicanada me gritaba muchísimo. La emoción era extraordinaria. Hubo momentos en que el nudo en la garganta casi se convirtió en más que eso, verdaderamente. Fue una emoción extraordinaria, sobre todo en ese tramo, pero también en casi toda la ruta. Normalmente en la salida y principalmente en la llegada de competencias importantes, las emociones se nos agolpan a los corredores, pero nunca como en esa ocasión he sentido tal emoción durante el trayecto de una carrera.


Alrededor del kilómetro 30, El Halcón García empezó a acelerar ligeramente. Poco a poco se fue despegando de los otros dos corredores punteros; al final, Hussein comentó que había pensado que el movimiento del Halcón era solo para probarlo y que lo podría alcanzar poco después, una vez que el Halcón regresara a su ritmo anterior. Nuestro otro compatriota, Andrés Espinoza por su parte, también comentó al final el movimiento del Halcón. Dijo que él sabía que Salvador García no estaba blofeando, que venía muy fuerte y que el jalón que estaba dando era definitivo, así que se concentró en darle la batalla a Hussein y dejar ir al Halcón hacia la victoria.


Al final, Salvador “El Halcón” García entró primero a la meta, con un tiempazo para aquella época, de 2:09:28. Por su parte, Andrés Espinoza entró en segundo lugar, con 2:10:00 e Ibrahim Hussein terminó tercero con 2:11:07. Fue una tremenda demostración del poderío de los maratonistas mexicanos y de cómo toda una generación de grandes atletas de nuestro país estaban irrumpiendo en la élite mundial del maratón. A partir de ahí, los triunfos mexicanos continuaron por varios años.



Ya dentro de Central Park, el ruido y los gritos no disminuyeron y la emoción en mí seguía creciendo hasta desbordarse. Desde la primera vez que alcancé a ver la meta logré distinguir el tablero con el tiempo. Faltaban tal vez unos 100 metros cuando alcancé a escuchar a mi esposa, gritándome tal vez más emocionada de lo que yo iba ya en ese momento. Es la única ocasión (De verdad, no ha habido otra; cursi no soy), en la que las lágrimas de cocodrilo se me salieron al llegar a la meta. Mi tiempo de 3:08:19, muy malo para mis expectativas y para mis estándares de aquellos años, fue lo de menos. 


En el área de recuperación, identifiqué a otros corredores mexicanos y a sus familiares o amigos. La euforia por el triunfo de los dos mexicanos era grande. Todo mundo estaba muy emocionado por ello y se organizaban porras a México; un ambiente muy bonito y que no he vuelto a vivir en ninguna otra ocasión en una carrera. Después de una tortuosa y agonizante caminata hacia el punto de reunión acordado en Columbus Circle, llegué a donde mi esposa y fue ese también un momento muy emotivo e inolvidable. Un par de horas después de mi llegada a la meta logramos reagruparnos el contingente de club Raquet de San Luis Potosí con los que iba e igualmente todos estaban eufóricos tanto por la carrera como por el triunfo de nuestros compatriotas. Nos fuimos al hotel y ese fue el final de la más grande aventura de maratón que he vivido.

martes, 4 de febrero de 2014

75 Días para Boston Marathon

La semana anterior ha sido excepcional. Después de 3 meses de lesión en rodilla y convalecencia, por fin las cosas empiezan a tomar un buen rumbo. He tenido que improvisar un programa de entrenamiento que me permita ir avanzando muy paulatinamente en mi recuperación, sin recaer en la lesión de mi rodilla, pero al mismo tiempo que me vaya redituando avances en mi acondicionamiento físico general. Boston Marathon está a menos de 80 días de distancia y hay solamente el tiempo justo para levantar el nivel para ir a hacer un papel escasamente decoroso.


El lunes de hace 8 días tocó descanso activo, según mi programa. Pero aquello de descanso es solo espejismo, pues he de quemar calorías a marchas forzadas en estos próximos meses. Así que la hora de bicicleta fija seguidos de los 2500 metros de nado en 1:03:13 no fueron nada fáciles.

Pero el martes era un día clave: tocaba un trote de 10 kilómetros, el primero en esa distancia en muchos meses. Lo hice en la banda, por aquello de aprovechar el amortiguamiento del aparato para minimizar el impacto en mi rodilla. El ritmo no era para nada importante, pero por más que quise, fue imposible no intentar ir lo más rápido que mis miedos me permitieran. El ritmo promedio salió a 6:20 min/km, una miseria comparado con lo que se supone que para mí es un ritmo normal de entrenamiento para Maratón, que no debería de subir de los 5:20 min/km. La buena noticia es que el cuerpo me pedía más; durante el trote a ese ritmo, el pulso no subió de mi 70% en ningún momento. Terminé con sensación de que necesitaba un poco más.


Miércoles.- Nuevamente la alberca fue mi anfitrión. Los 2500 metros nadados en 1:01:18 no son para espantar a nadie y esa era precisamente la idea: trabajar un poco el aparato cardio-respiratorio, al tiempo que las piernas y en especial la rodilla, tomaban un descanso.

El jueves fue nuevamente de cochinero: 6 kilómetros de trotecito confirmatorio de que mi rodilla va progresando. El viernes, descanso total, con solamente algunos ejercicios de abdominales y espalda baja y algo de trabajo de fortalecimiento de piernas con polainas de 400 gramos.

Para el sábado estaba reservada una prueba muy importante. Iríamos por 14 kilómetros, a un paso ya más cercano a mi ritmo normal de entrenamiento. Se trataba prácticamente de un control de daños, a menos de 3 meses del gran reto en Boston. Básicamente, tengo que saber si el estado actual de mi rodilla y de mi estado físico general son los mínimos suficientes para embarcarme en un viaje de 11 semanas, en el que progresivamente y un poco abruptamente, deberé de alcanzar el nivel necesario para correr 42 kilómetros en un tiempo no muy alejado de las 3:30 horas. Si los 14 kilómetros resultan en sensaciones favorables, tal vez pueda considerarme listo para tomar el "Barco a Venus", como dice la canción de Mecano.

Puse un ritmo en la caminadora de 11 kms/hr, que equivalen a un modesto 5:30 min/km. A los 15 minutos hice un receso de 1 minuto, en el que caminé a 7 kms/hr, solo para cumplir con la recomendación de los expertos, de evitar al máximo los trotes continuos en este período de recuperación, más no porque realmente lo necesitara. Retomé mi ritmo de 5:30 min/km por otros 15 minutos, pero esta vez lo interrumpí por solo 30 segundos de caminata a 7 km/hr. Volví a reanudar para ya no parar hasta que el display de la caminadora marcó una distancia recorrida de 14 kilómetros. El tiempo fué de 1:18:01, para un ritmo promedio, ya incluyendo los dos tramos de caminata, de 5:34 min/km. Lo mejor de todo fue que la rodilla jodida apenas se enteró, aunque debo reconocer que después de enfriarse, sentí cierta rigidez en los ligamentos laterales y alguna molestia al extender la rodilla al 100%. Pero todo fue pasajero y al día siguiente estaba como nuevo, para repetir la hazaña.

El domingo fue día de sacar la bici. Inicié con 30 kilómetros en un circuito cercano a casa, que completé en 1:01:08. Tampoco fue nada malo el ritmo, considerando los varios meses sin voltear a ver a la de Aluminio con ruedas. Y también sin malas señales de la rodilla. Pero venía lo más importante: 6 kilómetros en la pista de grava del Parque Providencia, con transición rápida solo el tiempo suficiente para cambiar los cleats por los Nike Pegasus. Una vez pasados los 2 o 3 minutos de sensación de piernas locas, resultantes de los 30 kilómetros en la bici, el ritmo del trote salió automáticamente en el vecindario de los 5:30 min/km más o menos. Y sin ninguna sensación molesta ni nada. Al final, paré justo a los 6 kilómetros en un crono de 33:36, para un ritmo promedio de 5:36. Totalmente cochineros, como dirían los blogueros de la Península Ibérica o sus islas circunvecinas, pero por el contrario, totalmente motivantes para mí y sintomáticos de que las cosas marchan.


Los totales de la semana fueron también alentadores. Un total de 36 kilómetros de trote, que para mis estándares es una cifra paupérrima, pero que significa un banderazo de salida para mi programa formal rumbo a Boston. Los 5 kilómetros de nado en la semana también son pocos y los 30 kilómetros pedaleados también, pero todo va sumando y ayudando a controlar el peso.

Al día de hoy 4 de Febrero, quedan exactamente 75 días para el gran día en Boston. ¿Suficientes para llegar en condiciones óptimas a Boston? Creo que no. Dadas las condiciones en que actualmente me encuentro, difícilmente podré alcanzar mi mejor estado físico de aquí al Patriot's Day (21 de Abril), pero todo sigue indicando que, por lo menos, ese día podré correr Boston Marathon a título de suficiencia.

martes, 28 de enero de 2014

Próxima Parada... ¡Boston Marathon!

El día de hoy se anunció la lista de corredores élite que correrán el Maratón de Boston, este próximo 21 de Abril.

Los ganadores en ambas ramas de la trágica carrera del año pasado, Lelisa Desisa y Rita Jeptoo, estarán presentes para defender sus respectivos títulos, pero tendrán formidables competidores que intentarán arrebatarles la corona de campeones.
En la rama masculina, el grupo de grandiosos competidores incluirá a 46 atletas élite de 13 países, que incluye medallistas olímpicos, campeones de alguno de los 5 Majors (Chicago, Nueva York, Tokio y Boston), así como triunfadores de otros 80 Maratones alrededor del mundo. Y todo parece indicar que (casi) junto con el grupo de grandes corredores estaré yo.


Siete hombres dentro del grupo de corredores élite, han corrido algún Maratón por debajo de las 2:05:30. También estará presente Dennis Kimeto, que tiene un récord personal de 2:03:45, establecido en su triunfo en el Maratón de Chicago. Moses Mosop tiene un tiempo en Boston nada más ni nada menos que de 2:03:06. Asimismo, los etíopes Gebre Gebremariam y Markos Geneti han corrido abajo de las 2:05 y ya conocen la ruta en Boston.

Dentro de los favoritos para triunfar estaré yo, que he corrido Maratón en el rango de las 2:48 hace solamente unas 3 décadas y que hace dos años establecí mi mejor marca personal en mi actual categoría de 55 a 59 años con un relampagueante 3:23. En Boston aspiro al triunfo al igual que Lelisa Desisa y demás integrantes de las legiones etiope y keniana.


Aunque no necesariamente para mí el triunfo signifique llegar primero que todos a la meta. Triunfar en Boston para mí, será sencillamente haberlo corrido. Haber disfrutado esa máxima experiencia, haber vivido esa cima atlética que significa estar en el más importante, más competitivo y más tradicional Maratón del Mundo entero, haber estado en el Olimpo de los Dioses Maratonianos. Y si aparte puedo hacer un tiempo decente, acorde a mis posibilidades o conforme a mis sueños más locos, ¡pues tanto mejor!

He perdido la cuenta exacta de los Maratones que he corrido en mi vida, pero estoy seguro que son cerca de 30.
Incluyendo Maratones, Medios Maratones y cualquier otra distancia, ya sea en asfalto, trail, montaña o en cualquier tipo de superficie, tengo en mis inexactos registros haber corrido más de 500 competencias. He corrido Maratones en muchos lugares, he logrado éxitos y fracasos en muchos eventos atléticos y he llegado primero que todos en mi categoría en algunas carreras y primero que todos en general en un par de competencias de poca monta y escaso nivel competitivo.


Pero nunca (¡Nunca!) he corrido un Maratón tan importante, tan emocionante, tan tradicional e internacional ni tan grandioso, ni que me despierte este nivel de entusiasmo y de ilusión como el que hoy siento por correr en Boston dentro de exactamente 82 días.

Tener un hijo es la máxima aventura y emoción que puede vivir un hombre como yo. La emoción de casarme casi se acercó a tener un hijo, en nivel de intensidad y de deseo por que ya se llegara el día. Y recuerdo pocas circunstancias que despierten tal emoción.

Pero correr Boston, correr ¡El Maratón de Boston!... Claro que no es lo mismo que tener un hijo, peeero...

martes, 21 de enero de 2014

De Chile, de Mole y de Manteca

La semana que recientemente terminó, fue una de aquellas de las que no quieres ni acordarte. Y me refiero a que en el trabajo, las cosas estuvieron aderezadas con más stress y frustración de lo acostumbrado. El viernes de dicha semana fue, sin lugar a dudas, el viernes más esperado de los últimos meses.

Ese día, al revisar mi programa de entrenamiento para el fin de semana me surgieron algunas dudas acerca de lo que haría el sábado y domingo. Si bien tenía claro que el sábado intentaría trotar algo así como 1 hora, y otros 40 minutos el domingo, ambas sesiones al ritmo que mi rodilla jodida se antojara y con el único objetivo de ir ganando un poco de confianza y certeza de que todo me funciona, no estaba seguro si el sábado empezaría con algo de rutinas de fuerza en piernas en el gimnasio y si el domingo haría la rodada de 40 kilómetros en la bici de ruta.

Mi rodilla no se ha desprendido hecha pedazos de la pierna ni nada; al contrario, se siente mucho mejor, aunque todavía de vez en cuando se sienten molestias un poco raras en los laterales, como especie de pinchazos leves, que yo creo son consecuencia de las muy bajas temperaturas que hemos tenido y que generalmente desaparecen después de que caliento motores. De modo que con el ánimo por las nubes, el sábado antes del amanecer ya estaba yo haciendo 15 minutos de elíptica de calentamiento para mi sesión de fuerza en piernas. Hice 3 series de 25 medias sentadillas con peso muy moderado, que complementé con algo de trabajo de fuerza, también muy moderado, en brazos, abdomen y espalda baja, todo lo que en total y ya con la elíptica me tomó casi 1 hora.

La alberca fue la segunda escala. Iba con la idea de hacer 4 repeticiones de 500 metros a ritmo tranquilo, pero sucedió algo: eramos solo dos nadadores en el carril. Observé que el otro tipo no paraba. Llegué a los 500 metros y el tipo no paraba, así que decidí hacer un segundo 500 sin pausar, hasta completar 1,000. Y el tipo no paraba. Seguí nadando continuo hasta los 1,500 y el tipo ¡No Paraba!. El ritmo no era extraordinario ni mucho menos, pero para mis estándares, era un poco por arriba del acostumbrado para tiradas de 1,000 metros o más; casualmente, el ritmo de mi compañero de carril era muy parecido al mío y pudimos nadar sin estorbarnos.
Pero mi compañero de carril no paraba y no paraba; y yo no me iba a parar antes que él... ¡faltaba más!. Llegué a los 2,000 metros y un poco más adelante, el tipo finalmente paró. Yo llevaba nadados 40 y tantos largos (2,100 - 2,200 metros, aprox.), así que decidí continuar hasta completar los 2,500. Terminé los 2.5 kilómetros en 55' 11'' para un ritmo promedio de 2:12 Min / 100 metros.

La siguiente etapa era finalmente el trote. Ya he estado recorriendo pequeñas distancias intercalando caminata con trote, pero el plan en esta ocasión era hacer 9 o 10 kilómetros en 55 o 60 minutos, es decir, a un ritmo por encima de los 6 min/km.
Elegí para la prueba una pista aeróbica de grava fina, sin ningún desnivel y no estuvo para nada mal. No es fácil eliminar la desconfianza y la sensación de que en cualquier momento me puedo volver a lastimar la rodilla convaleciente, pero los kilómetros empezaron a caer uno a uno sin que se sintieran más molestias que las normales; y no solo en la rodilla convaleciente, sino también en la otra se sentían algunas pequeñas y esporádicas punzadas, resultado de los más de 2 meses de muy poca actividad. Hacia el final de la distancia, reduje el ritmo a niveles de 6:30 min/km, para cerrar con un "meteórico" tiempo de 55:46 en los 9 kilómetros.

Llegué a casa y llené la tina con agua fría. Calculo que la temperatura del agua debe haber sido de unos 8 o 10 grados. Al entrar en la tina sentí como si me arrancaran el pellejo y más cuando prendí el motor del hidromasaje, pero en unos pocos minutos me fui adaptando a la temperatura. Completé 15 minutos de hidromasaje con el agua así de fría. No tengo forma de comprobar que la ausencia de molestias durante el resto del día haya sido resultado del baño helado, pero el caso es que así fue.

Al día siguiente, domingo, cambié mi plan para iniciar nuevamente con el nado. A las 9:00 de la mañana que empecé, la alberca estaba prácticamente sola, éramos 3 nadadores únicamente y nadie más que yo en mi carril. Como había cambiado los planeados 4x500 el día anterior, decidí hacerlos el domingo. El ritmo salió en automático, muy suave y placentero y registré un promedio de 11:13 en las 4 repeticiones de 500 metros, con 30 segundos de recuperación. Me sorprendió un poco la sensación de comodidad con la que nadé; totalmente distraído en mil pensamientos de mil asuntos de trabajo, de entrenamiento, de competencia y de todo. Cuando volví en sí, ya había terminado los 4x500 metros. Aflojé unos cuántos más y vámonos a vestir, que tocaba trotar.

No había sentido malestar en la rodilla después de los entrenamientos del sábado, pero cuando empecé a calentar, nuevamente se hizo presente la desconfianza de apoyar la rodilla normalmente. Pero ya en el trote, las molestias brillaron por su ausencia. Supongo que después de una lesión queda uno super-sensible y cualquier sensación en la parte lastimada se magnifica. Fue el caso: con cualquier irregularidad del terreno, sentía temor de que la rodilla se me fuera a descuadrar, pero fueron cayendo los kilómetros uno por uno hasta completar 7 en un tiempo de 41:20. No es un ritmo normal todavía, pero voy avanzando y ganando en confianza. El cuerpo me pedía más (mucho más), pero logré ser prudente y frenar mis ansias de matador.

Ya eran pasadas de las 11:00 de la mañana cuando llegué a casa.  Empecé a llenar la tina. No se si era real o imaginario pero el agua no se sentía tan fría como el día anterior. Estuve casi 20 minutos en el hidromasaje y al salir, sentía un poco adormecidas las articulaciones de los tobillos y la rodilla. Bajé a desayunar temblando de frío, a pesar de la camiseta, el sweater, el pants y la chamarra. La temblorina no me dejó hasta que salí al jardín a tomar el sol del mediodía.

Las cosas se ven bien. Hay que mantener el optimismo, la prudencia y la paciencia e ir avanzando poco a poco. Hay tiempo. Boston está todavía a 3 meses de distancia. Se ve una luz al final del túnel. No creo que sea el tren.

miércoles, 15 de enero de 2014

Boston, Nueva York y Ciudad Mante.

Boston es una de las Ciudades en los Estados Unidos que cuenta con las mejores y más prestigiosas Universidades. En esa metrópoli se encuentra el MIT (Massachussets Institute of Technology), que es la mejor Universidad en lo que se refiere a Investigación Científica y Tecnológica, Ingeniería y Economía. De sus aulas han egresado nada mas ni nada menos que 78 ganadores del Premio Nobel. Por su parte, Harvard es la institución de enseñanza superior más antigua de los Estados Unidos y es considerada la mejor Universidad del mundo, por arriba de Berkeley, Stanford, el MIT y cualquier otra. ¡Ahí nomás!.
Por si alguien no lo supiera, en esta gran ciudad del noreste de los Estados Unidos se corre la más antigua y tradicional Maratón del mundo: The Boston Marathon. Por si fuera poco, esta metrópoli es la casa de los Medias Rojas y de los Celtics, dos de las franquicias deportivas más importantes que existen.


Nueva York, también llamada La Gran Manzana, La Urbe de Hierro y otros sobrenombres, es la Ciudad más cosmopolita del planeta Tierra. Es el ombligo financiero del mundo y es la sede de la ONU. Es la casa de los Yankees, el más famoso y triunfador equipo de Beis Bol que ha existido. Es refugio de artistas, billonarios y de toda clase de gente que busca vivir en la que se considera por muchos, La Capital del Mundo. Y por si fuera poco, en Nueva York se corre cada año The New York City Marathon, la más famosa carrera atlética que existe en el mundo, competencia que culmina en Central Park, que es quizá el templo más venerado de la Religión Maratoniana.


Ciudad Mante, en el norteño estado de Tamaulipas, México, es un pequeño pueblo de un poco más de 100 mil habitantes, que hasta hace poco tenía como principal actividad económica el cultivo de la caña y la producción industrial de azúcar, antes de que fuereños indeseables con negocios menos lícitos irrumpieran y rompieran la tranquilidad de este rincón tamaulipeco, donde vi la primera luz hace ya algunos pocos años.


Hasta donde yo sé Mante no ha sido, como Boston, cuna de ganadores del Premio Nobel, pero el Filósofo de Güemes nació a no más de 100 kilómetros de ahí; y las verdades de perogrullo de este Filósofo son válidas en Mante, en China y hasta en Boston o Nueva York. No hay en mi tierra muchas opciones de estudios superiores; si se quiere ser Médico o Ingeniero o Químico hay que emigrar a Monterrey, Tampico o San Luis Potosí, pero la Facultad de Agronomía de la Universidad de Tamaulipas, enclavada en Ciudad Mante, es la más prestigiosa Institución de Educación Universitaria de la Región (en realidad es la única, pero eso no le quita el calificativo de La Más Prestigiosa).

Como Boston y Nueva York, Mante tiene su Maratón. Cada 16 de Septiembre, desde hace más de 50 años, se corre ahí el Maratón de la Independencia. Cuando yo era niño, era obligado salir cubeta en mano a rociar y hasta empapar con agua a los esforzados corredores que año con año acudían a competir en esa tradicional carrera de 13 kilómetros que se corre en pleno mediodía, con el sol a plomo y casi siempre a temperaturas cercanas a los 40 grados y humedades relativas de más del 90%. Y que los puristas no me reclamen que la competencia se nombre Maratón, pues yo no la bauticé, pero tal vez más de medio siglo de antigüedad y quién sabe cuántos miles de corredores, le puedan otorgar el derecho de llevar, así sea sin cumplir estrictamente las especificaciones, el título Honoris Causa de Maratón.


En alguna ocasión, muchos años después de haber emigrado de mi terruño, intenté competir en ese Maratón de la Independencia; pensé que siendo desde hacía ya muchos años un corredor experimentado, me merecía subir al podium en la más tradicional carrera de mi pueblo. Estando como estaba en plena preparación para competencias de mucho mayor distancia, la carrerita me parecía perita en dulce. Por supuesto que los 40 grados y el solazo que se sentían no fueron esa ocasión mi mayor problema, sino la vergüenza de haber tenido que abandonar la competencia antes del kilómetro 7, víctima de golpe de calor, con tíos, hermana y madre como testigos de mi deshonra y teniendo que soportar, estoico, la burla de amigos de la infancia, primos y sobrinos.

Y si Nueva York tiene su Central Park, Mante tiene su Alameda Miguel Alemán. No hay necesidad de ir hasta la Urbe de Hierro para disfrutar de una maravillosa corrida en medio de la naturaleza, como se puede disfrutar en Mante. Si bien la Alameda es tal vez 100 o 1,000 veces más pequeña que Central Park, en belleza no se queda atrás. Llegando a la Alameda se puede correr en su circuito de un kilómetro, o bien, seguirse de largo y correr a la margen de los canales de riego hasta la presa "La Aguja" o incluso hasta El Nacimiento, manantial que da origen al Río Mante. Al correr entre los cañaverales, los conejos y ardillas se cruzan constantemente en el camino y es característica la multitud de tortugas en los canales, que asoman la cabeza por encima de los lirios. Conforme uno se acerca, se sumergen y se alejan, pero se puede observar a través de las cristalinas aguas del canal, como nadan mucho mejor que cualquier triatleta urbano.


Los Cañeros del Mante eran en mis lejanos años de la infancia, el equipo semiprofesional de Beis Bol más famoso de mi pueblo. También era el único, pero eso no impidió que de esa novena surgiera Horacio Piña, tremendo Picher derecho que llegó a jugar en las Grandes Ligas y que seguramente y aunque no lo tengo registrado en la memoria ni encontré en internet referencias de ello, se debe de haber enfrentado muchas veces a los Yankees y a los Medias Rojas.

Por supuesto que las diferencias son abismales y en la comparación el Mante siempre llevará las de perder, pero recientemente vinieron a mi memoria infinidad de anécdotas vividas en mi querido pueblo de origen. Desde las salidas a correr a la Alameda o entre los cañaverales, lo que en aquellos tiempos odiaba pero que tenía que hacer obligado por mi entrenador de Basket Bol, que entonces era mi deporte, hasta las salidas a nadar en el Río Mante, acompañado por mi hoy Compadre Pancho, en las que llegábamos a recorrer de un jalón los más de 3 kilómetros que separan la presa de La Aguja hasta el manantial de El Nacimiento.


Hoy las condiciones me impiden ir a mi pueblo mucho más frecuentemente de lo que yo quisiera y de verdad echo de menos las salidas a correr a la vera de los canales de riego, las cuales sin lugar a dudas, son las corridas más divertidas y disfrutadas de las que tengo memoria. También echo de menos la intensa sensación de estar en casa, que me produce estar en ese pequeño rincón del norte de México. Echo de menos los atracones de acamayas, echo de menos las excursiones a El Cielo, reserva de la Biósfera muy cercana a mi pueblo y echo de menos tantas otras cosas que podría llenar varias páginas del blog.


Como dije antes, en la comparación el Mante lleva las de perder, pero para mí, de entre Boston, Nueva York y Ciudad Mante... ¡Me gusta mil veces más mi Mante!

jueves, 9 de enero de 2014

Rehabilitando la Rodilla. El Viacrucis que Sigue a una Lesión.

No es muy probable que miles y millones de mis seguidores (ja) estén ansiosos por conocer mi estado de salud, pero me ha sido bastante interesante el proceso desde que se manifestó mi lesión en la rodilla derecha, hasta la fase de rehabilitación atlética actual en la que estoy, pasando por el diagnóstico y tratamiento médicos. Creo que también sería interesante para otros corredores o triatletas conocer un poco de esta experiencia, por lo que me animé a escribir esta entrada para compartir esta información y que tal vez pueda ser útil para alguien.

En primer lugar, quisiera comentar que ningún cuidado que demos a nuestras rodillas y articulaciones está de más. En mi caso, los síntomas de una inflamación generalizada de los tendones de mi rodilla se manifestaron intempestivamente a los dos días de haber corrido un Medio Maratón, pero en realidad, la inflamación se fué generando paulatinamente, silenciosa y casi asintomática, sin muchos aspavientos, hasta que llegó a un nivel tal que empezó a provocar dolor intenso y me impidió correr. En especial, según mi traumatólogo, este tipo de lesiones son el resultado de procesos degenerativos o inflamatorios que se desarrollan a lo largo de períodos de semanas, meses o incluso años, como resultado del impacto que sufren las articulaciones al correr, el insuficiente descanso después de sesiones de entrenamiento intensas, el uso de tenis o zapatillas inadecuadas y la extrema dureza e inclinación de las superficies en las que normalmente corremos. En pocas palabras, por el trato abusivo que la mayoría de los corredores damos a nuestras rodillas.

Las medidas preventivas son bastante conocidas y no voy a entrar en mayor detalle (descanso suficiente después de entrenamientos intensos, evitar superficies duras, uso de hielo después de los entrenamientos, etc.), pero en especial el médico me recomendó tomar Glucosamina y Condroitina. Aunque no hay evidencia científica concluyente, si hay mucha información empírica que indica que estos dos suplementos naturales regeneran el tejido cartilaginoso y ayudan a evitar la degeneración de las articulaciones e incluso, más a corto plazo, la inflamación.

En un principio, cuando se manifestó la lesión pensé que el dolor se iría en cosa de una semana o menos simplemente con descanso y algún desinflamante, pero los días pasaron sin que yo sintiera mejoría. El diagnóstico médico fué difícil, en parte por culpa mía. La recomendación inicial del médico fué hacer una Resonancia Magnética, si quisiéramos estar plenamente seguros de cuál era exactamente la lesión, pero no era estrictamente necesario, ya que era muy probable que se tratara "solamente" de una tendinitis simple y común; erróneamente decidí no hacerme la resonancia. Al ver que no mejoraba, el médico me solicitó un estudio de Ultrasonido y una Radiografía de rodilla y las imágenes fueron concluyentes. Inflamación en varios de los tendones y ligamentos. Según el médico, la inflamación fué originalmente en el tendón rotuliano y se fué generalizando a los laterales. Afortunadamente, por las pruebas que hicimos de movilidad y flexibilidad de la rodilla, se descartó una lesión en meniscos, la que seguramente hubiera requerido cirugía, pero la radiografía de rodilla mostró un desalineamiento de la articulación que puede ser corregido fortaleciendo la rodilla y los cuadríceps en general y con la ayuda de infiltraciones de gel.

El tratamiento no ha sido sencillo. Se prescribieron desinflamantes y analgésicos, para reducir la inflamación y 3 infiltraciones de gel en la rodilla. Adicionalmente a suspender cualquier actividad física que no fuera caminata ligera y natación, se indicaron 10 sesiones (3 por semana) de terapia con ultrasonido, masaje en cuadríceps y electroterapia.

Primeramente, después de que se confirmó el diagnóstico, fueron casi 3 semanas de dolor intenso en rodilla y de cero actividad, después de lo cuál, mi cuadriceps se adelgazó alarmantemente. A partir de que la inflamación y el dolor fueron disminuyendo, con ayuda de mi médico fisioterapeuta fuimos incluyendo en el plan de rehabilitación algunos ejercicios de fortalecimiento en rodilla y cuadríceps, así como caminata que se fué incrementando gradualmente. Después iniciamos con pequeños segmentos de trote intercalados en las sesiones de caminata, hasta llegar al punto en que estoy ahora, en el que las sesiones son de aproximadamente 40 minutos, alternando 2 minutos de caminata vigorosa con 2 o 3 minutos de trote a ritmo de 6.5 min/km aproximadamente. También estoy ya haciendo bicicleta fija en sesiones de 40 minutos a 1 hora, con resistencia moderada. Adicionalmente, hemos iniciado con ejercicios de fuerza en pierna y rodilla, que en un principio fueron sin peso y gradualmente hemos ido incorporando algo de peso.

La posibilidad de que por la lesión no pueda correr Boston Marathon, pone un ingrediente de gran estrés en todo este problema. Ha sido muy difícil aceptar que tenía que dejar de entrenar formalmente durante casi 2 meses, sabiendo que "tengo" que estar listo para correr Boston el 21 de Abril. Cada vez que regresaba alguna molestia durante los ejercicios de rehabilitación o durante las caminatas, se me venían a la cabeza mil pensamientos pesimistas. Pensaba que era un hecho que no cumpliría mi sueño de correr en Boston y que, después de la cancelación del New York City Marathon en 2012, sería para mí el segundo Maratón en Estados Unidos que no podría correr estando ya inscrito. El ánimo se desplomaba por momentos y mantenerme tenaz y enfocado en ir avanzando en la rehabilitación fué una de las partes más difíciles de todo esto.

También la paciencia fué un ingrediente que no fué nada fácil de integrar en todo este proceso. Las ganas de estar ya entrenando al 100% me llevaban a pensar que era tiempo de mandar todo a volar y empezar a entrenar más fuerte, a pesar del grave riesgo de recaer. Afortunadamente, durante estos 2 meses pude refugiarme en la natación como medio para no perder por completo mi acondicionamiento físico general. Aunque por supuesto no es un entrenamiento específico para Maratón, el nado me ha ayudado a sobrellevar mi condición actual. He estado nadando un promedio de 2 kilómetros, 5 o 6 veces por semana. Aparte del gran progreso que he logrado en mis tiempos de natación, lo que deberá ser un beneficio cuando me reincorpore a la actividad en los Triatlones, he podido mantener la resistencia al esfuerzo, que será importante cuando esté en la parte fuerte del programa de Maratón para Boston. Repito: nadar no es lo mismo que entrenarse para Maratón, pero algo ha ayudado.

Hoy estoy en un punto en el que a todas luces estoy progresando aceleradamente en mi rehabilitación. Ya estoy en condiciones de trotar a un ritmo modesto, siento que mi rodilla está mejorando día con día y que podría ya correr todavía más rápido y eso me cambia radicalmente mi estado de ánimo. Todo parece que, si Dios quiere, podré correr en Boston.

Es probable que en estos 3 meses que faltan para este Maratón no logre completar una preparación que me permita correr cerca de mi objetivo previo a la lesión, que era de unas 3:30 horas, pero estoy optimista y aunque no llegue al 100%, pienso que por lo menos estaré listo para, sin un objetivo específico de tiempo, correr la más antigua, famosa y tradicional Maratón en el mundo.

Mi programa de entrenamiento para Boston ya está perfectamente planeado. Durante el mes de enero, paulatinamente los ejercicios de rehabilitación y el trote/caminata, se irán convirtiendo en carrera. Poco a poco irá cambiando el tipo de entrenamiento hasta que, en el mes de Febrero estaré ya en lo que podría llamarse un programa formal de entrenamiento para Maratón. A pesar de los muchos años de experiencia que tengo en diseñar mis propios programas de entrenamiento para Maratón, basados en las teorías de los Gurús del momento, no fué nada sencillo diseñar un programa como el que tengo preparado para Boston, que tuvo que considerar como parte del mismo el traslape de mi rehabilitación con el inicio del entrenamiento formal. Será un programa de 3 meses y medio. En condiciones normales, esos 3 meses serían el tiempo ideal para preparar un Maratón, pero dado que en ese período se tendrá que dar la transición de lo que es la rehabilitación al entrenamiento formal, no podré llegar en mi forma óptima a Boston, pero por lo menos podré correrlo en un tiempo que calculamos será de entre 3:45 a 3:55. Será una marca modesta, aunque dadas las circunstancias, en esta ocasión la marca será lo menos importante y no la tomaré como un objetivo de competencia.

En el diseño de mi Programa de Entrenamiento me ha ayudado mucho mi Médico Fisioterapeuta, quién tiene vastísima experiencia en la rehabilitación de atletas de alto rendimiento. Y no solo en el diseño del programa de entrenamiento sino en todo este difícil proceso de rehabilitación. Si me lees (y aunque no me leas), Dr. Covarrubias, hago público desde aquí mi agradecimiento infinito.

Me motiva mucho pensar en Joan Benoit. Como muchos recordarán, Benoit corrió el Maratón clasificatorio de Estados Unidos para los Olímpicos de 1984, solo 17 días después de haberse sometido a cirugía artroscópica en una de sus rodillas. Después de clasificarse, es historia conocida que Benoit ganó el Maratón Olimpico.
No quiero ser triunfalista y dar por hecho que ya he salido adelante de mi lesión, pero voy muy bien y creo que escribir esto, un poco me ayuda a seguir avanzando. Yo no soy Joan Benoit ni tengo su nivel competitivo ni muchísimo menos. Mi reto es mucho más modesto y mundano que el que tuvo que afrontar esta gran atleta en las Olimpiadas de 1984: Salir cuánto antes y por completo de mi lesión y lograr estar listo para correr Boston Marathon el 21 de Abril próximo. ¡Ojalá que así sea!


viernes, 13 de diciembre de 2013

Entre Boston y el Bisturí

Han pasado casi 5 semanas desde que se manifestó a plenitud la lesión en mi rodilla derecha.
Visitas al médico, al fisioterapeuta, más visitas al médico, visitas al otro médico, visitas a los Rayos X... y aún no se sabe a ciencia cierta exactamente qué y de qué magnitud es el daño.

Lo único que sé por cierto, es que cuando intento trotar a pasito jonronero lo hago sin mayor problema, pero al día siguiente el dolor me impide caminar sin cojear. En la bicicleta, ni pensar; como subir escaleras, me causa dolor solo de verla. La natación es la única opción que me sigue permitiendo quemar algo de calorías. Pero soy Pez de Ciudad (hey Sabina, luego te pago las regalías) y por más que intento engancharme en un buen programa de entrenamiento para mejorar mi técnica y mis tiempos en natación, no lo logro del todo o por lo menos no a los niveles que me gustaría, a pesar de que en los últimos 30 días he logrado acumular más de 40 kilómetros de nado.

Pero volviendo al tema de la rodilla jodida: Ya con las radiografías y las imágenes del ultrasonido en mis manos, hoy tengo visita al traumatólogo. En la visita anterior, este médico me planteó dos escenarios:

1.- Un sencillo procedimiento de infiltración en la rodilla este mismo viernes, dos semanas de descanso total (y total significa total, sin ningún tipo de ejercicio, incluyendo el nado) y regreso paulatino a los entrenamientos en Enero.

2.- Cirugía por Artroscopía, por lo menos 1 mes de fisioterapias y rehabilitación y regreso incierto a los entrenamientos probablemente en febrero, en solo-Dios-sabe que condiciones y solo-Dios-sabe si con aunque fueran remotas posibilidades de poder engancharme en un programa para lograr estar a tiempo para correr Boston Marathon el 21 de Abril.

Todo depende de lo que se vea en las imágenes de Rayos X y Ultrasonido y la interpretación del especialista.
Por la auscultación que ha hecho el médico, las manifestaciones de la lesión y la muy poca inflamación que se aprecia externamente, aparentemente no hay nada roto (solo inflamación de tendón rotuliano y otros) y hay buenas probabilidades de burlar la cirugía. Eso me dijo el médico el martes lo cual me sacó un poco, aunque no del todo, de la paranoia en la que ya estaba empezando a caer.

Para Maratón de Boston ya tengo boletos de avión y reservaciones de auto y hotel para toda la familia, así que a Boston voy o voy. La pregunta es: ¿Seré testigo pasivo u orgulloso finalista de Boston 14?


martes, 10 de diciembre de 2013

Maratón Monterrey. Los Toros Desde la Barrera.


He corrido muchos Maratones pero, paradójicamente, en mis 30 años de corredor muy pocas ocasiones había visto uno tan de cerca. Claro que por la tele he disfrutado de Maratones olímpicos, del de Nueva York, Boston, Berlín o tantos otros, pero nunca (nunca) había sido testigo de una manera tan sensible, como en esta ocasión, de todo el drama que se desarrolla en los 42,195 metros de una "Cuarentona".

Con el paso de los años uno se vuelve más receptivo y aprecia más el amor y la pasión por una actividad como es el Maratón. Encima de todo, la tristeza previa por no haber podido correr Monterrey, me puso los sentimientos a flor de piel. Y logré observar a plenitud, con los ojos y los sentidos muy abiertos,  la tremenda magnitud de un suceso como el Maratón. Pude ver y casi sentir los extremos dramáticos de esfuerzo, de dolor, de llanto, de risa, de euforia, de cursilería, de exhibicionismo, de esnobismo, de amor al deporte, de pasión... ¡de vida! que se dan en un evento como éste.

Nos situamos en el puesto de abastecimiento del kilómetro 14. Mientras mi Compadre ayudaba a abastecer de Powerade a los corredores, yo desenfundé mi cámara y empecé a disparar.


Todo es alegría, todo es euforia... por ahora. El del Garrote anda muy lejos todavía. El "Peluches", militar retirado del ejército mexicano, que corre todos los Maratones del país cargado con 15 kilos de objetos de peluche, baila unos segundos con una guapa voluntaria (con esa voluntaria, ¡yo también hubiera bailado!).


El "Encuerado", corredor inmune al frío de 2 grados centígrados que se siente en ese momento, se me viene encima como liniero defensivo para que le tome la foto. Por momentos, siento la necesidad de integrarme al río humano que sube por la empinada colina.


En el kilómetro 21, los rostros de los corredores se empiezan a transformar, son ya más adustos; ya no hay entre los participantes de la carrera la pompa de los primeros kilómetros, pero los voluntarios del puesto de abastecimiento aportan el despapaye. Ya no hay los gritos estentóreos de los maratonistas al iniciar el recorrido, como los toros al salir bufando de los corrales a enterarse.
Al cruzar el arco que marca la mitad de la distancia, automáticamente y como en coreografía casi todos levantan el brazo para checar su reloj; es muy chistoso. Algunos levantan los brazos al completar la media Maratón. Pero no hay Muros, ni Pájaras volando por ahí y El del Garrote no se aparece. ¿Hoy no vendría?. En el kilómetro 27, ya en pleno descenso, sorprendentemente sigue sin haber caras de sufrimiento. Todavía hay, incluso, muchas sonrisas y muchos maratonistas chocan five con los que estamos a la vera del camino. Hulk pasa perseguido por una chica del movimiento "Bájate Gordo". Admirable ejemplo de esfuerzo personal de gente ex-obesa, muestra de deseo ferviente de mejorar la calidad de vida a través del deporte.


En la recta del 28 al 37, cada vez más corredores son al mismo tiempo caminantes. Los bocinazos de los autos en el carril vecino a la pista suenan cada vez que los del vehículo encuentran a su corredor familiar a la vista. Ya no es tan fácil poner un pie delante del otro.
De pronto se escucha un gran quejido; no se sabe si fué de dolor, de sed, por un calambre... o incluso sarcástico, no lo dudo. Las jorobas y pasos a desnivel se convierten en tortura; ya hay bajas en el frente y se pueden ver los primeros abandonos. Competidores masajeando sus piernas acalambradas o sus muslos desgarrados y voluntarios intentando la misión quasi-imposible de regresarlos a la batalla.

Estoy en la marca del kilómetro 42. Nuevamente hay rostros eufóricos, pero ahora la expresión es también una mezcla en partes iguales de alegría, dolor, determinación y orgullo. Hay pasito jonronero, hay pasito tun-tun, hay tremendo sprint final, hay caminata que ante el empuje del grito de ánimo de los que estamos a la vera, vuelve a ser trote adolorido.
Es posible ver muestras de coraje y determinación muy grandes. El íntimo "Terminé" del corredor que intenta que sea ese un susurro solo para él, pero que la adrenalina lo convierte en casi un grito. La fuerza mental de esa corredora que logra concluir a pesar de todo. El llanto de esa otra corredora que viajó en el mismo vuelo que yo, me provoca un nudo en la garganta. Pienso en gritarle algo, tratando de animarla, pero no lo necesita pues casi vuela rumbo a la meta y sus lágrimas son la manifestación incontenible de su orgullo.

Los corredores de edad avanzada me vuelven a emocionar al verlos cerrar con todo. Uno de ellos me pregunta ¿cuánto falta? ¡Nomás 195 metros!. La emoción me invade más y se me anida en el cogote.

El del Garrote hizo su gracia. Muchos llegan desfallecientes, algunos cojeando, pero también muchos lograron evitar el choque contra el Muro y lo celebran con todo... y sus expresiones de júbilo, de logro, son enormes. Y los gritos de sus familiares, igual.
De pronto aparece la mole verde: ¡Hulk!. Su gruñido atrae las miradas, me sorprende y no atino a disparar mi cámara. En lugar de eso, corro 100 metros con él. No hay dolor en mi rodilla lastimada al hacerlo. Levanto los brazos y él hace lo mismo. Lo mando a la Meta con tremenda palmada en la espalda, que por emocionada, se pasa de intensidad. ¡Pero Hulk aguanta y tiene la grandeza de no regresar a partirme la mandarina en gajos!


¡Qué día! Dicen que no es lo mismo ver los toros desde la barrera. Yo creo que es muy difícil para un corredor ver un Maratón y no poderlo correr, pero al mismo tiempo es igual o más emocionante y mucho más revelador de la naturaleza humana y de como cada uno afrontamos de manera diferente el reto y como reaccionamos ante la adversidad y ante el logro.
No quisiera repetir la experiencia involuntariamente por estar lesionado, pero espero intencionadamente ver de vez en cuando alguno que otro Maratón, solo como espectador.

¡Felicidades a todos los Maratonistas que corrieron Monterrey!

Reseña Fotográfica de Maratón Monterrey:
http://www.youtube.com/watch?v=bo-yqvnYMZ4

lunes, 2 de diciembre de 2013

Adiós 2013. Ven ya, 2014.

Y llegó por fin el mes de Diciembre, con temperaturas cada vez más bajas y el ánimo creciendo por lo que se viene en los próximos meses.

Y con el inicio de Diciembre, llegó para mí el descanso de fin de temporada.

Una vez abortada la misión de Maratón Monterrey, no me queda más que trabajar muy duro en la rehabilitación de mi rodilla, pero eso por supuesto que no significa entrenar fuerte, sino descansar las piernas, nadar, rodar un poco en la MTB, entrarle con inteligencia al gimnasio y esperar la llegada de Enero para iniciar el programa de entrenamiento para mi carrera más importante en muchos años: The Boston Marathon 2014.



Con la temporada finalizada, es tiempo de un alto en el camino. Hay que analizar fríamente lo que se hizo mal y lo que se hizo bien en el año. Planear las correcciones que haya que hacer en la estrategia para 2014 y encarar desde ahora el año que está por iniciar con todo el entusiasmo. Como todo año, 2013 tuvo luces y sombras, éxitos y fracasos, cimas y simas de forma, accidentes y lesiones, podios y hasta DNF's. A continuación los momentos más sobresalientes del año:

Febrero:
Ya con una muy buena base lograda en el último trimestre del año anterior, en los primeros dos meses de 2013 logré, sin lugar a dudas, la mejor forma física para Triatlón en todo mi corto historial en dicho deporte.
En Triatlón Valle de Bravo, el  día 23 de Febrero quería subirme a mi primer podio; mis progresos en la natación habían sido notables en los últimos meses, estaba rodando finísimo en la bicicleta y me sentía 100% seguro de que podría alcanzar los primeros lugares en mi categoría.
Ya en la competencia, después de terminar el tramo de natación, una caída en la bicicleta, casi a la mitad del recorrido, frustró cualquier posibilidad de lograr mis propósitos. Tuve que caminar / trotar 9 kilómetros, golpeado y empujando la bicicleta, rota del mecanismo,  para completar el tramo de rueda, solo para que al llegar a transiciones me avisaran que estaba descalificado por llegar fuera del tiempo límite.


Marzo:
Aunque en Maratón Monterrey en Diciembre del año anterior ya había logrado marca para Boston, quería mejorar mi tiempo en Maratón Lala en este año, para asegurar mi inscripción.
No corrí como yo pensaba que podría hacerlo. El plan era mejorar el 3:23:44 del año anterior, pero la realidad era que el énfasis que había hecho en los últimos meses en el Triatlón, no me tenía en mi mejor forma de carrera. Estaba corriendo bien, sí, pero no a niveles como para mejorar el muy buen tiempo de 1 año atrás en Torreón. Había hecho menos que suficiente entrenamiento de larga distancia y todavía menos entrenamiento de resistencia a la velocidad, específicos para Maratón. De cualquier forma, a pesar de que en los últimos 2 kilómetros me estrellé de narices contra el Muro, el 3:31:36 logrado en Lala ratificó mi tiempo clasificatorio para Boston.



Abril:
El día 14 de Abril corrí Sky Race Mexiquense, carrera de montaña de 30 kilómetros que asciende hasta el cráter del Volcán Nevado de Toluca, a 4,200 metros sobre el nivel del mar. Fué una carrera que tomé con un enfoque recreativo y que disfruté como enano. Sumamente divertida y emocionante, pero aún así muy demandante.
Una semana después, me dispuse a correr Lomas Raquet 15 K, en San Luis Potosí, competencia que he corrido sin faltar a ninguna de sus 30 ediciones, desde 1984.
No había transcurrido ni 1 kilómetro de esta carrera cuando una caída y golpe en mi rodilla izquierda me obligaron a abandonar la competencia 4 kilómetros más adelante. El golpe resultó en daños importantes en la rodilla, que me mantuvieron cerca de 2 meses sin poder correr ni pedalear.



Agosto:
No fué sino hasta el mes de Agosto cuando ya estuve en buenas condiciones para regresar a las competencias. No estaba listo aún para correr Maratón de la Cd. de México, pero dado que la ruta sería la original de los Juegos Olímpicos del 68 y terminaría en el Estadio Olímpico, no pude resistir la tentación de correr 33 kilómetros de este Maratón (a partir de la marca del kilómetro 9 y hasta la meta). Fué mi regreso a las carreras después de la lesión ocasionada en San Luis Potosí.

Septiembre:
Triatlón Querétaro. ¡Revancha a la vista!
Después del fiasco de Triatlón Valle de Bravo, llega la oportunidad de sacarme la espina en Querétaro.
A pesar de condiciones de lluvia, difíciles en el tramo de bicicleta, termino en 2o. lugar de mi Categoría. Finalmente, después de varios intentos fallidos, logro subirme a mi primer podio en Triatlón.
Ese mismo mes de Septiembre (de hecho, el mismo día de Triatlón Querétaro), recibo la confirmación de mi aceptación a Boston. ¡Fué un mes redondo!



Octubre:
Tocaba cerrar la temporada de Triatlón e iniciar el entrenamiento de Maratón, rumbo a Maratón Monterrey.
El Campeonato Panamericano de Duatlón que se celebraba en mi Ciudad era una buena oportunidad de terminar con todo. Y así fué. Aunque un par de venezolanos llegaron a meta antes que yo, logré el 3er lugar de mi Categoría. Fué mi segundo podio consecutivo.

Noviembre:
Faltando exactamente 4 semanas para Maratón Monterrey, tuve problemas con mi rodilla izquierda. Una tendinitis obligó a suspender de un día para otro mis entrenamientos. La recomendación del médico fué no correr Maratón en el resto del año. Y aquí estoy, tratando de completar mi rehabilitación lo antes posible, para iniciar 100% recuperado el 2014 y con él mi preparación para Boston.



Como dije antes, 2013 ha sido un año de contrastes. Hubo éxitos que ya quedaron atrás, pero creo que la reflexión más importante que me queda es que a pesar de tantos años en esto, sigo cometiendo errores básicos.
Los accidentes, en especial el de la bicicleta, son gajes del oficio y ni para donde hacerse. Pero la tendinitis en la rodilla ha sido resultante de un exceso. Básicamente, durante el entrenamiento para Monterrey, venía haciendo trabajo de cuestas en frecuencia y volúmenes más allá de lo prudente y con menos descanso del necesario. Y yo lo sabía. Y no hice nada para corregirlo. Las consecuencias no tardaron en manifestarse en mis rodillas y hubo que dejar de lado Maratón Monterrey.

Hoy, ya con la cabeza fría y en vías de recuperarme de la tendinitis, creo que haber tenido que parar por lesión fué lo mejor, no solo para recuperarme sino también de cara al mediano plazo. Así, tendré oportunidad de recargar baterías e iniciar el programa de entrenamiento rumbo a Boston desde lo más básico. Podré ir transitando niveles, intensidades y kilometrajes, en un programa de 16 semanas como Dios manda. Espero en los próximos 20 días regresar a mi rodilla al 100%, no volver a cometer errores infantiles y, si todo sale como espero, correr muy bien en Boston; y tener un excelente año 2014.