En los años 70's y en gran medida por influencia de dos de mis compañeros de secundaria, leí El Retorno de los Brujos, un libro que trataba de fenómenos para-normales, mundos y civilizaciones perdidos, de conexiones entre el nazismo y el esoterismo, de conocimientos ancestrales y maravillosos olvidados por el hombre, como la Alquimia y de muchos otros temas fantásticos de ese tipo.
Aunque por supuesto, desde aquellos años y hasta la fecha nunca eliminé mi escepticismo e incredulidad respecto de los temas que trataba el libro, siempre me pareció sumamente atractiva y entretenida la temática y leí los textos varias veces.
En mi trote nocturno de ayer, por alguna extraña razón vino a mi mente el libraco de referencia. Los 9 kilómetros de anoche, corridos la mayor parte a un ritmo de 5:15 min/km, ya relativamente cercano a mis ritmos previos a la lesión, fueron una sesión sumamente reconfortante, que reafirmó el sentimiento de que estoy saliendo del bache. En algún momento durante la corrida, la palabra "Retorno" revoloteó en mi cabeza y por simple similitud desenterró de mi memoria las lecturas de aquel Retorno de los Brujos.
Y conste que aún no me siento al 100%. Estos tres meses con Tendinitis severa en rodilla han tenido una evolución lenta, y difícil, con avances y retrocesos, justo como suelen evolucionar este tipo de lesiones. Pero hoy puedo (casi) decir que todo avanza muy bien y que mi objetivo de Correr Maratón de Boston el 21 de Abril próximo es totalmente accesible para mí.
Pero no se trata de un caso milagroso ni mucho menos. No ha habido ni brujos ni psíquicos involucrados, ni tampoco he aplicado recetas milagrosas ni Alquimia alguna. No hay ningún secreto revelado aquí. El Retorno de los Brujos no ha tenido nada que ver.
Simplemente he sido paciente, he seguido las indicaciones de mi médico y terapeuta y me he ayudado de toda la información sobre rehabilitación atlética que ha caído en mis manos. He seguido al pie de la letra el programa de rehabilitación y entrenamiento diseñado con ayuda de mi médico y como decimos en México, he tragado camote (he sido disciplinado y he pagado el precio).
Algunos pensarán que este Retorno a los entrenamientos sea de risa; sencillo, simple y muy fácil de lograr, pero ya pensándolo bien y poniendo estos 3 meses en perspectiva, en realidad no ha sido tan fácil. Ha dolido, y no solo la rodilla. Ha dolido el tratamiento, ha dolido el optimismo, ha dolido tener que dejar de correr un buen rato y ha dolido la posibilidad, que en algunos momentos parecía inevitable, de perderme Boston.
Ayer terminé la mejor semana de entrenamiento de los últimos 3 meses. Inicié el sábado con un trote de poco más de 2 horas. Y trote, estricta y exactamente trote más que cochinero, es lo que fue esa primera sesión de distancia en muchas semanas. Los 21 kilómetros salieron en 2:01:31, a un escuálido ritmo promedio de 5:46 min/km, pero prácticamente sin molestias. Sí, aún se siente rara la rodilla, rígida, como si al dar el paso los tendones se estiraran de más, pero sin causar dolor. Al término, después del hielo y el baño caliente y al día siguiente, no hubo absolutamente secuelas dolorosas, como sí las había habido las semanas anteriores.
El domingo continué con otro trote de 7 kilómetros en la pista de grava del Parque cercano, en 37:19, para un ritmo promedio de 5:19. Nada para sentirse orgulloso, pero ya empezando a sentir exigente el ritmo y con la respiración empezando a ser laboriosa. Seguí esa misma mañana con un rodaje en la MTB, de 38 kilómetros, a ritmo de paseo y con muchas pausas, acompañando a los participantes de Maratón Metepec, que se corrió en mi pueblo ese día.
Lunes y miércoles fueron de nado. El lunes, los 2 kilómetros fueron precedidos de 1 hora de pedaleo en bicicleta de spinning.
Martes fue de probar nuevamente la rodilla con un trote de 10 kilómetros en 55:57 y terminé mi semana con el rodaje de anoche ya descrito más arriba. Y hoy viernes me dispongo a descansar de toda actividad atlética.
Mi nueva semana de entrenamiento la inicio mañana sábado con otra tirada "larga". Serán 24 kilómetros, que intentaré correr a un ritmo aletargado, pero por abajo de los 5:40 min/km. Pero la velocidad y el ritmo no serán prioridad; lo que quiero es afianzar la confianza y el optimismo a través de una corrida larga y lenta, que no me cause molestias en mi rodilla y que después de correr no me deje dolor ni mucho menos inflamación. El domingo seguiré con una rodada de 30 kilómetros en la bici de ruta y una corrida de 10 kilómetros a ritmo de 5:30 min/km, si esto es posible y no me causa problemas.
Y si el fin de semana se logra completar según el plan, podré seguir con las posibilidades vivas de retomar un ritmo de entrenamiento ya prácticamente normal por ahí de la primera o segunda semana de Marzo. Quedará poco tiempo para un buen tune-up rumbo a Boston Marathon el día 21 de Abril, pero el desempeño allá no me importa tanto (eso digo ahora, quién sabe cuando ya se acerque la fecha). Si logro correr en Boston en el vecindario de las 3:45 horas, será para mí (y solo para mí) un logro tan grande o más que mi MMP en Maratón, lograda allá en el lejano 1988.
viernes, 21 de febrero de 2014
martes, 18 de febrero de 2014
Garmin Swim
Aprovechando una ida a la Cd. de México en días recientes, pasé al centro Comercial y en la tienda Martí vi en vivo y a todo color el nuevo juguete de Garmin: el Swim.
Ya había estado leyendo acerca de este nuevo modelo, especializado para Nado en alberca (poco práctico para nado en aguas abiertas). También había estado leyendo reviews y en general las opiniones eran favorables. Así que cuando tuve en las manos el relojito, no resistí la tentación y pronuncié inevitablemente el "me lo llevo".
Las primeras impresiones, ya con el reloj puesto pero mucho antes de usar el juguete en el agua, son también favorables. Es muy liviano, mucho más que cualquiera de los Garmin especializados para Triatlón (Forerunner 310 XT o 910 XT) y también mucho menos voluminoso y muy cómodo de llevar. El aspecto general es agradable, como de un reloj digital muy común aunque con algunos detalles que lo hacen agradable a la vista.
Para los que tenemos problemas para enfocar de cerca, es importante que el display y su información sean grandes y legibles y un primer vistazo en la tienda me dio la impresión de que, en efecto así era, aunque esta primera impresión cambió posteriormente. Los botones, su disposición y funcionalidad no son muy diferentes de cualquier otro reloj - cronómetro y su sensibilidad es justo la necesaria para no activarlos involuntariamente y para que respondan al primer toque. En general, la primera vista del reloj fue muy agradable y de inmediato pensé que no estaría en contra de usarlo en el día con día como reloj de uso común.
Al día siguiente a primera hora ya estaba en la alberca con mi nuevo Garmin Swim listo para probar.
Ya en el agua, cambió mi primera impresión respecto del display, pues ya con los googles puestos y el reloj en el agua, el display y sus caracteres no resultan tan fáciles de leer. A duras penas alcanzo a ver los datos completos, aunque después pude personalizar la pantalla para que los tiempos parciales y los tiempos de descanso de cada intervalo fueran lo suficientemente visibles. Pero por supuesto que éste sería un inconveniente solo para algunas personas y creo que la mayoría encontraría el display y su información suficientemente grande y legible ya durante el nado.
La función de conteo de intervalos es muy útil, pues aunque de cualquier manera ésta es información que inevitablemente llevamos en la cabeza al nadar, es muy común perder la cuenta de los largos nadados. El acumulado de distancia de intervalo que proporciona este reloj también es algo sumamente conveniente, sobre todo al hacer distancias largas, en las que también casi invariablemente se pierde la cuenta de las vueltas y acaba uno siempre con la duda de si la distancia nadada fue mayor o menor de la planeada.
Sobre todo cuando se trata de un chequeo, queda uno con la duda de si la distancia fue exacta o perdió uno la cuenta y si, consecuentemente, el ritmo calculado es el correcto. Con el Garmin Swim, es posible observar de reojo en las vueltas la distancia que lleva uno recorrida, de manera que no hay error posible y el tiempo y el ritmo registrados son siempre los correctos. Yo diría que ésta es la mayor ventaja del Garmin Swim.
El equipo se auxilia de un acelerómetro para detectar los largos; es decir, cuando el nadador hace contacto con la pared de la alberca, el equipo registra el tiempo transcurrido para esa vuelta y calcula el ritmo para la misma de manera exacta. Esto hace que, cuando por cualquier razón el nadador se detiene antes de completar la vuelta o largo, el reloj tome esta pausa como una vuelta y entonces la medición de tiempo, ritmo y distancia será incorrecta. En las horas pico en las que la alberca se satura, es común que haya interferencias entre los nadadores, teniendo ocasionalmente que detenerse a mitad de un largo. Éste es el único caso de inconveniente o falla que he detectado en la precisión de las mediciones, pero creo que es muy fácil de detectar y de corregir posteriormente cuando se sube la información a Garmin Connect.
Efectivamente el Garmin Swim tiene, al igual que el resto de los relojes de la marca, la posibilidad de conectarse a Garmin Connect para subir la información de las sesiones de nado y analizarla al detalle. Ya en el Garmin Connect no es muy agradable a la vista ni fácil de leer de un vistazo el gráfico con la información de los largos, distancias y tiempos parciales; es mucho más simple y efectivo leer las tablas de los parciales, en donde se puede ver toda la información de distancias totales y parciales y sus tiempos, así como una serie de métricas como calorías quemadas por parcial y totales, brazadas por parcial y totales, así como ritmos por parcial y totales. Se generan también datos relativos a la eficacia de nado, métrica que es una combinación del número de brazadas y tiempo en segundos por largo, información que no tiene mucho significado por sí sola, pero que es muy útil como referencia para ir midiendo el progreso a través del tiempo.
La calidad general de construcción y acabados del reloj son muy aceptables. Obviamente no es un Rolex ni mucho menos, pero es agradable a la vista, cómodo de llevar y para los que utilizamos relojes deportivos en el uso diario, es sumamente conveniente para llevarlo diariamente no solo en el entrenamiento; por lo menos bastante más cómodo y bonito que por ejemplo, cualquiera de los de la serie Forerunner. El costo es bastante accesible. Yo lo encontré en rebaja en Martí y pagué $2,700 pesos ya con el IVA incluido, que equivalen a $200 dólares aproximadamente.
En resumen, podría concluir comentando que el relojito tiene una muy buena relación costo / funcionalidad / calidad y que, con creces, valió la pena el gasto.
Ya había estado leyendo acerca de este nuevo modelo, especializado para Nado en alberca (poco práctico para nado en aguas abiertas). También había estado leyendo reviews y en general las opiniones eran favorables. Así que cuando tuve en las manos el relojito, no resistí la tentación y pronuncié inevitablemente el "me lo llevo".
Las primeras impresiones, ya con el reloj puesto pero mucho antes de usar el juguete en el agua, son también favorables. Es muy liviano, mucho más que cualquiera de los Garmin especializados para Triatlón (Forerunner 310 XT o 910 XT) y también mucho menos voluminoso y muy cómodo de llevar. El aspecto general es agradable, como de un reloj digital muy común aunque con algunos detalles que lo hacen agradable a la vista.
Para los que tenemos problemas para enfocar de cerca, es importante que el display y su información sean grandes y legibles y un primer vistazo en la tienda me dio la impresión de que, en efecto así era, aunque esta primera impresión cambió posteriormente. Los botones, su disposición y funcionalidad no son muy diferentes de cualquier otro reloj - cronómetro y su sensibilidad es justo la necesaria para no activarlos involuntariamente y para que respondan al primer toque. En general, la primera vista del reloj fue muy agradable y de inmediato pensé que no estaría en contra de usarlo en el día con día como reloj de uso común.
Al día siguiente a primera hora ya estaba en la alberca con mi nuevo Garmin Swim listo para probar.
La función de conteo de intervalos es muy útil, pues aunque de cualquier manera ésta es información que inevitablemente llevamos en la cabeza al nadar, es muy común perder la cuenta de los largos nadados. El acumulado de distancia de intervalo que proporciona este reloj también es algo sumamente conveniente, sobre todo al hacer distancias largas, en las que también casi invariablemente se pierde la cuenta de las vueltas y acaba uno siempre con la duda de si la distancia nadada fue mayor o menor de la planeada.
Sobre todo cuando se trata de un chequeo, queda uno con la duda de si la distancia fue exacta o perdió uno la cuenta y si, consecuentemente, el ritmo calculado es el correcto. Con el Garmin Swim, es posible observar de reojo en las vueltas la distancia que lleva uno recorrida, de manera que no hay error posible y el tiempo y el ritmo registrados son siempre los correctos. Yo diría que ésta es la mayor ventaja del Garmin Swim.
El equipo se auxilia de un acelerómetro para detectar los largos; es decir, cuando el nadador hace contacto con la pared de la alberca, el equipo registra el tiempo transcurrido para esa vuelta y calcula el ritmo para la misma de manera exacta. Esto hace que, cuando por cualquier razón el nadador se detiene antes de completar la vuelta o largo, el reloj tome esta pausa como una vuelta y entonces la medición de tiempo, ritmo y distancia será incorrecta. En las horas pico en las que la alberca se satura, es común que haya interferencias entre los nadadores, teniendo ocasionalmente que detenerse a mitad de un largo. Éste es el único caso de inconveniente o falla que he detectado en la precisión de las mediciones, pero creo que es muy fácil de detectar y de corregir posteriormente cuando se sube la información a Garmin Connect.
Efectivamente el Garmin Swim tiene, al igual que el resto de los relojes de la marca, la posibilidad de conectarse a Garmin Connect para subir la información de las sesiones de nado y analizarla al detalle. Ya en el Garmin Connect no es muy agradable a la vista ni fácil de leer de un vistazo el gráfico con la información de los largos, distancias y tiempos parciales; es mucho más simple y efectivo leer las tablas de los parciales, en donde se puede ver toda la información de distancias totales y parciales y sus tiempos, así como una serie de métricas como calorías quemadas por parcial y totales, brazadas por parcial y totales, así como ritmos por parcial y totales. Se generan también datos relativos a la eficacia de nado, métrica que es una combinación del número de brazadas y tiempo en segundos por largo, información que no tiene mucho significado por sí sola, pero que es muy útil como referencia para ir midiendo el progreso a través del tiempo.
La calidad general de construcción y acabados del reloj son muy aceptables. Obviamente no es un Rolex ni mucho menos, pero es agradable a la vista, cómodo de llevar y para los que utilizamos relojes deportivos en el uso diario, es sumamente conveniente para llevarlo diariamente no solo en el entrenamiento; por lo menos bastante más cómodo y bonito que por ejemplo, cualquiera de los de la serie Forerunner. El costo es bastante accesible. Yo lo encontré en rebaja en Martí y pagué $2,700 pesos ya con el IVA incluido, que equivalen a $200 dólares aproximadamente.
En resumen, podría concluir comentando que el relojito tiene una muy buena relación costo / funcionalidad / calidad y que, con creces, valió la pena el gasto.
miércoles, 12 de febrero de 2014
Frases, Frases, Frases...
“I can't imagine living and not running"
(No me imagino mi vida sin correr)
Paula Radcliffe, Maratonista (2:15:25)
"Alguna vez fuí Manager uterino"
Yogi_Berra, Catcher (NY Yankees)
"Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal"
Teresa de Calcuta, Religiosa
"Así es -suspiró el Coronel- la vida es la mejor cosa que se ha inventado"
Gabriel García Márquez, Colombiano residente en México
"Córtela en 4 partes; no creo que alcance a comerme 8"
Un Maratonista, al mesero de la pizzería
"El Maratón es 90% mental. La otra mitad es física"
Bloguero
"If I were to be remembered for anything at all, I would want it to be I was authentic. Nomás".
(Si voy a ser recordado por algo, me gustaría que fuera porque fuí auténtico. Nomás)
Micah True, Nómada, Ultramaratonista, Gringo con corazón de Tarahumara
"Correr es la mejor medicina que existe"
Haile Gebrselassie, El mejor maratonista de la historia (2:03:59)
"I am so fast that last night in my hotel room, I turned the light switch off and I was in bed and sleeping before it got dark"
(Soy tan rápido que anoche en mi cuarto de hotel, apagué el switch de la luz y para cuando se fué la luz yo ya estaba en la cama)
Mohammad Ali, Ex- Campeón Mundial de Peso Completo.
"Nunca respondo una carta anónima".
Anónimo
"Nunca compraré una enciclopedia para mis hijos. Que vayan caminando a la escuela, como yo lo hice cuando era niño"
Yogi Berra, Catcher (NY Yankees)
"Cuando la emoción del juego (o del Maratón) termina, queda solamente la frialdad de los números.
Pedro "El Mago" Septién. Cronista deportivo.
martes, 11 de febrero de 2014
Guitarras, Blues y Rock and Roll (Y unos cuantos kilómetros)
La música es compañera de muchos corredores. Hay corredores que en todos sus entrenamientos y competencias escuchan su música favorita. A algunos los motiva, les impone -hasta cierto punto- un ritmo de carrera o una cadencia. Se de otros que escuchan audiolibros mientras entrenan, aunque también conozco multitud de corredores que simplemente odian ir con la molestia de unos audífonos insertados en las orejas.
En mi caso, cuando corro Maratón o cualquier otra competencia, la música pasa a segundo término. Prefiero escuchar los gritos de apoyo del público, los diálogos que de repente se dan con algún competidor, ir atento al sonido de mi respiración y al de mis pies golpeando el pavimento; y en general, me gusta en esas ocasiones especiales, llevar abierto el canal e ir atento a los sonidos de la carrera.
Pero cuando se trata de entrenar, muchas de mis salidas las hago escuchando música. No tengo un tipo de música preferente. Dependiendo de la ruta a seguir, del tipo de entrenamiento, del ritmo planeado, de la hora del día, pero sobre todo del estado de ánimo, escojo la lista de reproducción que escucharé en esa sesión en el Ipod.
El sábado anterior hice la primera tirada de 16 kilómetros de mi preparación para Maratón, que en condiciones normales podría sonar a poco, pero que para mí, después de 3 meses de estar prácticamente parado, representó una señal importante de que por un lado, voy avanzando paulatinamente hacia una recuperación plena y por el otro, voy sentando las bases para un incremento hacia los niveles de resistencia que necesito para volver a correr Maratón en Abril 21.
Corrí a ritmo lento; más lento de lo que para mí sería normal en un entrenamiento de larga distancia para Maratón. El tiempo total de 1:33:40 de esta sesión confirman que fue una corrida lenta, pero muy lenta. En parte por la desconfianza que todavía tengo con mi rodilla y en parte porque 3 meses sin entrenar carrera me han dejado con poco o casi nada de fondo, pero el caso es que en forma natural fue saliendo este ritmo lentito, que aunque conforme avanzaba en mi sesión se iba avivando ligeramente, nunca bajó de los 5:30 min/km y al final promedió 5:51.
En el Ipod sonaba la nueva recopilación de 2013 del Crossroads Guitar Festival de Eric Clapton.
Como muchos saben, "Slowhand" Clapton fundó y mantiene un centro de tratamiento de adicciones en la isla de Antigua, en el Caribe. Este centro fue bautizado como Crossroads por este fantástico guitarrista originalmente rockero y más recientemente convertido a la religión del Blues, quién ha dedicado prácticamente cuerpo, alma y carrera al establecimiento, operación, mantenimiento y crecimiento de este refugio para enfermos de diferentes tipos de adicción. Para lograrlo, Clapton ha estado haciendo desde hace ya varios años, una serie de conciertos a beneficio de este centro, dentro de los cuales, los conciertos trianuales y sus correspondientes álbumes de los Crossroads Guitar Festivals ocupan un lugar importante.
Al tiempo que iban cayendo los kilómetros, las sensaciones de una corrida a ritmo lento iban siendo cada vez más placenteras. El trotecito suave, sin esfuerzo, trajo consigo esa sensación de paz, de Flow que a veces se siente en las mejores carreras. Y la música, realmente extraordinaria. Uno tras otro, tocaban chingones de la vieja guardia no solo del Blues sino del Rock como B.B. King, Keith Richards, Albert Lee y otros; y por supuesto también la magia del propio Eric Clapton.
A veces perdemos de vista el objetivo principal de esta afición, que al menos para mí, es disfrutar, tener un momento para mí mismo, sentirme liberado de las presiones y el estrés diarios. Y entonces, la presión por lograr un determinado nivel de condición física, un resultado, un tiempo o un determinado lugar, nos hacen perder la perspectiva y dejar de disfrutar.
Pues bien, la del sábado fue una de esas ocasiones nada especiales, que terminan convirtiéndose en corridas memorables. La combinación de kilómetros a ritmo placentero con ánimo a tope al sentirme liberado de una lesión, más una muy pero muy buena música, hicieron de una corrida rutinaria un evento sumamente agradable, disfrutado al máximo, como hacía ya meses que no sucedía.
Renovador, ese es el calificativo justo para el entrenamiento de este sábado.
miércoles, 5 de febrero de 2014
Nueva York 1991, el Maratón de México. El Rescate de la Memoria.
En
Febrero de 1991, mientras celebraba mi cumpleaños número 34 con mi
esposa Ruth y mis hijos Ruth y Gerardo (Sarah no estaba ni en planes aún), tomé
la decisión de viajar ese año al Maratón de Nueva York. Aunque tenía ya más de
un par de años sin incursionar en la distancia de Filípides, era ya un
maratonista experimentado y, aprovechando que un grupo de conocidos del club
Lomas Raquet de San Luis Potosí estaban organizando el primer viaje al NYCM de
los maratonistas de ese club, me uní a la legión de Potosinos en búsqueda de la gloria en la Gran Manzana.
Nunca
imaginé que en ese viaje, iba yo a ser testigo de una de las páginas doradas
escritas por los maratonistas mexicanos.
Si
bien en esos años los corredores mexicanos ya acaparaban los primeros lugares
de las carreras más prestigiosas en Estados Unidos, los triunfos en los maratones
de primerísimo nivel en el mundo eran incipientes. Aparte de los triunfos de
Rodolfo Gómez, Alejandro Cruz había ganado Chicago en 1988. Ese mismo año de
91, Maurilio Castillo había ganado Tokio con una muy buena marca para la época,
de 2:10:47 y Dionisio Cerón había estado a punto de ganar Rotterdam, al entrar
en segundo lugar con un 2:10:02.
El
keniano Ibrahim Hussein, que había ganado Boston la primavera de ese año, era
el gran favorito para ganar el maratón de Nueva York de 1991. Los aztecas
Andrés Espinoza, Isidro Rico y Salvador “El Halcón” García, destacados
corredores mexicanos ya consagrados en nuestro país, eran los principales
representantes de México.
Un par
de años atrás yo había visto a Salvador García triunfar en el Maratón
Tangamanga. En esa ocasión, ganó tan fácilmente que en tramos de la carrera iba
tarareando y cantando corridos de narcos, muy de moda en ese entonces. Antes de
esto, ya había ganado el Maratón de Puebla y algunos otros y había estado
participando constantemente en carreras de ruta en Estados Unidos.
Era un
tipo muy excéntrico. El viernes previo al Maratón de Nueva York, nos lo topamos
mi esposa y yo en la expo. Iba con una boina al estilo del Che Guevara, zapatos
blancos de charol y un traje azul marino ¡de terciopelo! Andaba muy cariñoso
con una rubia, que después supe que era europea, no recuerdo de qué país. Muy
guapa. Contrastaba notablemente lo sexy de la chica con el look estrafalario
del Halcón.
Salvador
“El Halcón Tarasco” García, conjuntamente con Andrés Espinoza e Isidro Rico, no
eran considerados ni remotamente dentro del grupo de favoritos. Se sabía que,
como todos los corredores mexicanos, eran aguerridos, pero no les otorgaban
ninguna posibilidad de subirse al podio. Sin embargo, las estrellas en el cielo
ya se estaban alineando para que todo fuera diferente y se vislumbraba ya el
surgimiento de una gran generación de maratonistas mexicanos, con el ya
mencionado triunfo de Maurilio en Tokio y el subcampeonato de Dionisio en
Rotterdam en ese año de 1991, e incluso, un día antes del New York City
Marathon que se corría ese fin de semana, otros dos mexicanos habían hecho el 1
– 2 en el Marine Corps Marathon en Washington: Carlos Rivas, había sido el
triunfador y René Guerrero el segundo lugar. Pero los expertos seguían
considerando a los corredores de siempre como los más probables triunfadores en
la Gran Manzana.
La
madrugada del domingo, día del Maratón, finalmente llegó. Sonó mi despertador a
las 3:30 AM, desayuné y completé todo el ritual de preparación para la carrera.
Había esperado con tremenda ansia ese momento durante todo el año.
Desafortunadamente, no llegaba en óptimas condiciones; había tenido que estar
trabajando un par de meses en la Ciudad de México, yendo y viniendo todos los
fines de semana. No había podido darle gran consistencia a mi programa de
entrenamiento. A pesar de ello, me sentía con preparación suficiente para
fijarme un objetivo de tiempo de 3:00 horas, que en aquella época era bastante
alcanzable para mí.
Ya formado en mi corral
correspondiente, hice lo que todo mundo hacía: me quité mi sudadera y pants y
los tiré a la orilla de la calle. El cañonazo de salida se escuchó como tal:
como un tremendo cañonazo que me removió todas las entrañas, tanto por el
sonido estruendoso como por la emoción del inicio de la carrera. Imposible
correr a ritmo los primeros tramos. En el puente Verrazano la emoción me
sobrecogió increíblemente. No era época aún de las cámaras digitales, pero
hubiera dado cualquier cosa por haber podido capturar en una foto las imágenes
de ese momento. Poco a poco se fue abriendo la multitud de corredores y fue
posible tomar un ritmo más decente.
En la
punta de la carrera, muy pronto empezaron a dar color los contendientes que
tenían posibilidades de triunfo, pero fue hasta después de la mitad de la
carrera, al cruzar el puente de Queensboro, donde el pelotón se redujo a solo 3
contendientes, dentro de los que estaban dos mexicanos. El gran Halcón García
iba en la pelea. También el chaparrito Andrés Espinoza se mantenía en la punta
y, además de los dos mexicanos, solo el gran favorito Ibrahim Hussein se
mantenía con vida. Otro gran favorito, Juma Ikangaa de Tanzania, no había
soportado el paso y se había quedado rezagado.
Al
llegar a la mitad de la carrera y ver la marca de la milla 13, yo me seguía
sintiendo perfectamente bien. El paso que llevaba había tenido que ser más
lento que el planeado, principalmente porque no se podía correr libremente por
tanta gente, pues yo no estaba acostumbrado a carreras multitudinarias, pero
también por las exigencias de la ruta, la extrema dificultad de los putos
puentes y el clima, que tampoco ayudaba. Por otra parte, mi ánimo era fabuloso
y la euforia cada vez se iba apoderando de mí, en parte por la gran cantidad de
mexicanos en las calles, que gritaban y gritaban muy emocionados, pues adelante
iban dos mexicanos lidereando la carrera, lo que nos dejaba a la paisanada
tremendamente emocionada para cuando los de más atrás pasábamos. Al llegar a la
First Avenue, por ahí de la milla 16, la gritería era ensordecedora y lo digo
sin exagerar. Muchísimos mexicanos, muchos más que en el resto del trayecto,
gritando, echando porras y animando a los corredores que identificaban como compatriotas;
y como yo llevaba una camiseta y short en con los colores patrios y la leyenda
de “México” en el pecho y en la espalda, toda la chicanada me gritaba
muchísimo. La emoción era extraordinaria. Hubo momentos en que el nudo en la
garganta casi se convirtió en más que eso, verdaderamente. Fue una emoción
extraordinaria, sobre todo en ese tramo, pero también en casi toda la ruta.
Normalmente en la salida y principalmente en la llegada de competencias
importantes, las emociones se nos agolpan a los corredores, pero nunca como en
esa ocasión he sentido tal emoción durante el trayecto de una carrera.
Alrededor
del kilómetro 30, El Halcón García empezó a acelerar ligeramente. Poco a poco
se fue despegando de los otros dos corredores punteros; al final, Hussein
comentó que había pensado que el movimiento del Halcón era solo para probarlo y
que lo podría alcanzar poco después, una vez que el Halcón regresara a su ritmo
anterior. Nuestro otro compatriota, Andrés Espinoza por su parte, también
comentó al final el movimiento del Halcón. Dijo que él sabía que Salvador
García no estaba blofeando, que venía muy fuerte y que el jalón que estaba
dando era definitivo, así que se concentró en darle la batalla a Hussein y
dejar ir al Halcón hacia la victoria.
Al
final, Salvador “El Halcón” García entró primero a la meta, con un tiempazo
para aquella época, de 2:09:28. Por su parte, Andrés Espinoza entró en segundo
lugar, con 2:10:00 e Ibrahim Hussein terminó tercero con 2:11:07. Fue una
tremenda demostración del poderío de los maratonistas mexicanos y de cómo toda
una generación de grandes atletas de nuestro país estaban irrumpiendo en la
élite mundial del maratón. A partir de ahí, los triunfos mexicanos continuaron
por varios años.
Ya
dentro de Central Park, el ruido y los gritos no disminuyeron y la emoción en
mí seguía creciendo hasta desbordarse. Desde la primera vez que alcancé a ver
la meta logré distinguir el tablero con el tiempo.
Faltaban tal vez unos 100 metros cuando alcancé a escuchar a mi esposa, gritándome tal vez
más emocionada de lo que yo iba ya en ese momento. Es la única ocasión (De
verdad, no ha habido otra; cursi no soy), en la que las lágrimas de cocodrilo se me salieron al llegar
a la meta. Mi tiempo de 3:08:19, muy malo para mis expectativas y para mis
estándares de aquellos años, fue lo de menos.
En el
área de recuperación, identifiqué a otros corredores mexicanos y a sus
familiares o amigos. La euforia por el triunfo de los dos mexicanos era grande.
Todo mundo estaba muy emocionado por ello y se organizaban porras a México; un
ambiente muy bonito y que no he vuelto a vivir en ninguna otra ocasión en una
carrera. Después de una tortuosa y agonizante caminata hacia el punto de
reunión acordado en Columbus Circle, llegué a donde mi esposa y
fue ese también un momento muy emotivo e inolvidable. Un par de horas después
de mi llegada a la meta logramos reagruparnos el contingente de club Raquet de
San Luis Potosí con los que iba e igualmente todos estaban eufóricos tanto por
la carrera como por el triunfo de nuestros compatriotas. Nos fuimos al hotel y
ese fue el final de la más grande aventura de maratón que he vivido.
martes, 4 de febrero de 2014
75 Días para Boston Marathon
La semana anterior ha sido excepcional. Después de 3 meses de lesión en rodilla y convalecencia, por fin las cosas empiezan a tomar un buen rumbo. He tenido que improvisar un programa de entrenamiento que me permita ir avanzando muy paulatinamente en mi recuperación, sin recaer en la lesión de mi rodilla, pero al mismo tiempo que me vaya redituando avances en mi acondicionamiento físico general. Boston Marathon está a menos de 80 días de distancia y hay solamente el tiempo justo para levantar el nivel para ir a hacer un papel escasamente decoroso.
El lunes de hace 8 días tocó descanso activo, según mi programa. Pero aquello de descanso es solo espejismo, pues he de quemar calorías a marchas forzadas en estos próximos meses. Así que la hora de bicicleta fija seguidos de los 2500 metros de nado en 1:03:13 no fueron nada fáciles.
Pero el martes era un día clave: tocaba un trote de 10 kilómetros, el primero en esa distancia en muchos meses. Lo hice en la banda, por aquello de aprovechar el amortiguamiento del aparato para minimizar el impacto en mi rodilla. El ritmo no era para nada importante, pero por más que quise, fue imposible no intentar ir lo más rápido que mis miedos me permitieran. El ritmo promedio salió a 6:20 min/km, una miseria comparado con lo que se supone que para mí es un ritmo normal de entrenamiento para Maratón, que no debería de subir de los 5:20 min/km. La buena noticia es que el cuerpo me pedía más; durante el trote a ese ritmo, el pulso no subió de mi 70% en ningún momento. Terminé con sensación de que necesitaba un poco más.
Miércoles.- Nuevamente la alberca fue mi anfitrión. Los 2500 metros nadados en 1:01:18 no son para espantar a nadie y esa era precisamente la idea: trabajar un poco el aparato cardio-respiratorio, al tiempo que las piernas y en especial la rodilla, tomaban un descanso.
El jueves fue nuevamente de cochinero: 6 kilómetros de trotecito confirmatorio de que mi rodilla va progresando. El viernes, descanso total, con solamente algunos ejercicios de abdominales y espalda baja y algo de trabajo de fortalecimiento de piernas con polainas de 400 gramos.
Para el sábado estaba reservada una prueba muy importante. Iríamos por 14 kilómetros, a un paso ya más cercano a mi ritmo normal de entrenamiento. Se trataba prácticamente de un control de daños, a menos de 3 meses del gran reto en Boston. Básicamente, tengo que saber si el estado actual de mi rodilla y de mi estado físico general son los mínimos suficientes para embarcarme en un viaje de 11 semanas, en el que progresivamente y un poco abruptamente, deberé de alcanzar el nivel necesario para correr 42 kilómetros en un tiempo no muy alejado de las 3:30 horas. Si los 14 kilómetros resultan en sensaciones favorables, tal vez pueda considerarme listo para tomar el "Barco a Venus", como dice la canción de Mecano.
Puse un ritmo en la caminadora de 11 kms/hr, que equivalen a un modesto 5:30 min/km. A los 15 minutos hice un receso de 1 minuto, en el que caminé a 7 kms/hr, solo para cumplir con la recomendación de los expertos, de evitar al máximo los trotes continuos en este período de recuperación, más no porque realmente lo necesitara. Retomé mi ritmo de 5:30 min/km por otros 15 minutos, pero esta vez lo interrumpí por solo 30 segundos de caminata a 7 km/hr. Volví a reanudar para ya no parar hasta que el display de la caminadora marcó una distancia recorrida de 14 kilómetros. El tiempo fué de 1:18:01, para un ritmo promedio, ya incluyendo los dos tramos de caminata, de 5:34 min/km. Lo mejor de todo fue que la rodilla jodida apenas se enteró, aunque debo reconocer que después de enfriarse, sentí cierta rigidez en los ligamentos laterales y alguna molestia al extender la rodilla al 100%. Pero todo fue pasajero y al día siguiente estaba como nuevo, para repetir la hazaña.
El domingo fue día de sacar la bici. Inicié con 30 kilómetros en un circuito cercano a casa, que completé en 1:01:08. Tampoco fue nada malo el ritmo, considerando los varios meses sin voltear a ver a la de Aluminio con ruedas. Y también sin malas señales de la rodilla. Pero venía lo más importante: 6 kilómetros en la pista de grava del Parque Providencia, con transición rápida solo el tiempo suficiente para cambiar los cleats por los Nike Pegasus. Una vez pasados los 2 o 3 minutos de sensación de piernas locas, resultantes de los 30 kilómetros en la bici, el ritmo del trote salió automáticamente en el vecindario de los 5:30 min/km más o menos. Y sin ninguna sensación molesta ni nada. Al final, paré justo a los 6 kilómetros en un crono de 33:36, para un ritmo promedio de 5:36. Totalmente cochineros, como dirían los blogueros de la Península Ibérica o sus islas circunvecinas, pero por el contrario, totalmente motivantes para mí y sintomáticos de que las cosas marchan.
Los totales de la semana fueron también alentadores. Un total de 36 kilómetros de trote, que para mis estándares es una cifra paupérrima, pero que significa un banderazo de salida para mi programa formal rumbo a Boston. Los 5 kilómetros de nado en la semana también son pocos y los 30 kilómetros pedaleados también, pero todo va sumando y ayudando a controlar el peso.
Al día de hoy 4 de Febrero, quedan exactamente 75 días para el gran día en Boston. ¿Suficientes para llegar en condiciones óptimas a Boston? Creo que no. Dadas las condiciones en que actualmente me encuentro, difícilmente podré alcanzar mi mejor estado físico de aquí al Patriot's Day (21 de Abril), pero todo sigue indicando que, por lo menos, ese día podré correr Boston Marathon a título de suficiencia.
El lunes de hace 8 días tocó descanso activo, según mi programa. Pero aquello de descanso es solo espejismo, pues he de quemar calorías a marchas forzadas en estos próximos meses. Así que la hora de bicicleta fija seguidos de los 2500 metros de nado en 1:03:13 no fueron nada fáciles.
Pero el martes era un día clave: tocaba un trote de 10 kilómetros, el primero en esa distancia en muchos meses. Lo hice en la banda, por aquello de aprovechar el amortiguamiento del aparato para minimizar el impacto en mi rodilla. El ritmo no era para nada importante, pero por más que quise, fue imposible no intentar ir lo más rápido que mis miedos me permitieran. El ritmo promedio salió a 6:20 min/km, una miseria comparado con lo que se supone que para mí es un ritmo normal de entrenamiento para Maratón, que no debería de subir de los 5:20 min/km. La buena noticia es que el cuerpo me pedía más; durante el trote a ese ritmo, el pulso no subió de mi 70% en ningún momento. Terminé con sensación de que necesitaba un poco más.
Miércoles.- Nuevamente la alberca fue mi anfitrión. Los 2500 metros nadados en 1:01:18 no son para espantar a nadie y esa era precisamente la idea: trabajar un poco el aparato cardio-respiratorio, al tiempo que las piernas y en especial la rodilla, tomaban un descanso.
El jueves fue nuevamente de cochinero: 6 kilómetros de trotecito confirmatorio de que mi rodilla va progresando. El viernes, descanso total, con solamente algunos ejercicios de abdominales y espalda baja y algo de trabajo de fortalecimiento de piernas con polainas de 400 gramos.
Para el sábado estaba reservada una prueba muy importante. Iríamos por 14 kilómetros, a un paso ya más cercano a mi ritmo normal de entrenamiento. Se trataba prácticamente de un control de daños, a menos de 3 meses del gran reto en Boston. Básicamente, tengo que saber si el estado actual de mi rodilla y de mi estado físico general son los mínimos suficientes para embarcarme en un viaje de 11 semanas, en el que progresivamente y un poco abruptamente, deberé de alcanzar el nivel necesario para correr 42 kilómetros en un tiempo no muy alejado de las 3:30 horas. Si los 14 kilómetros resultan en sensaciones favorables, tal vez pueda considerarme listo para tomar el "Barco a Venus", como dice la canción de Mecano.
Puse un ritmo en la caminadora de 11 kms/hr, que equivalen a un modesto 5:30 min/km. A los 15 minutos hice un receso de 1 minuto, en el que caminé a 7 kms/hr, solo para cumplir con la recomendación de los expertos, de evitar al máximo los trotes continuos en este período de recuperación, más no porque realmente lo necesitara. Retomé mi ritmo de 5:30 min/km por otros 15 minutos, pero esta vez lo interrumpí por solo 30 segundos de caminata a 7 km/hr. Volví a reanudar para ya no parar hasta que el display de la caminadora marcó una distancia recorrida de 14 kilómetros. El tiempo fué de 1:18:01, para un ritmo promedio, ya incluyendo los dos tramos de caminata, de 5:34 min/km. Lo mejor de todo fue que la rodilla jodida apenas se enteró, aunque debo reconocer que después de enfriarse, sentí cierta rigidez en los ligamentos laterales y alguna molestia al extender la rodilla al 100%. Pero todo fue pasajero y al día siguiente estaba como nuevo, para repetir la hazaña.
El domingo fue día de sacar la bici. Inicié con 30 kilómetros en un circuito cercano a casa, que completé en 1:01:08. Tampoco fue nada malo el ritmo, considerando los varios meses sin voltear a ver a la de Aluminio con ruedas. Y también sin malas señales de la rodilla. Pero venía lo más importante: 6 kilómetros en la pista de grava del Parque Providencia, con transición rápida solo el tiempo suficiente para cambiar los cleats por los Nike Pegasus. Una vez pasados los 2 o 3 minutos de sensación de piernas locas, resultantes de los 30 kilómetros en la bici, el ritmo del trote salió automáticamente en el vecindario de los 5:30 min/km más o menos. Y sin ninguna sensación molesta ni nada. Al final, paré justo a los 6 kilómetros en un crono de 33:36, para un ritmo promedio de 5:36. Totalmente cochineros, como dirían los blogueros de la Península Ibérica o sus islas circunvecinas, pero por el contrario, totalmente motivantes para mí y sintomáticos de que las cosas marchan.
Los totales de la semana fueron también alentadores. Un total de 36 kilómetros de trote, que para mis estándares es una cifra paupérrima, pero que significa un banderazo de salida para mi programa formal rumbo a Boston. Los 5 kilómetros de nado en la semana también son pocos y los 30 kilómetros pedaleados también, pero todo va sumando y ayudando a controlar el peso.
Al día de hoy 4 de Febrero, quedan exactamente 75 días para el gran día en Boston. ¿Suficientes para llegar en condiciones óptimas a Boston? Creo que no. Dadas las condiciones en que actualmente me encuentro, difícilmente podré alcanzar mi mejor estado físico de aquí al Patriot's Day (21 de Abril), pero todo sigue indicando que, por lo menos, ese día podré correr Boston Marathon a título de suficiencia.
martes, 28 de enero de 2014
Próxima Parada... ¡Boston Marathon!
El día de hoy se anunció la lista de corredores élite que correrán el Maratón de Boston, este próximo 21 de Abril.
Los ganadores en ambas ramas de la trágica carrera del año pasado, Lelisa Desisa y Rita Jeptoo, estarán presentes para defender sus respectivos títulos, pero tendrán formidables competidores que intentarán arrebatarles la corona de campeones.
En la rama masculina, el grupo de grandiosos competidores incluirá a 46 atletas élite de 13 países, que incluye medallistas olímpicos, campeones de alguno de los 5 Majors (Chicago, Nueva York, Tokio y Boston), así como triunfadores de otros 80 Maratones alrededor del mundo. Y todo parece indicar que (casi) junto con el grupo de grandes corredores estaré yo.
Siete hombres dentro del grupo de corredores élite, han corrido algún Maratón por debajo de las 2:05:30. También estará presente Dennis Kimeto, que tiene un récord personal de 2:03:45, establecido en su triunfo en el Maratón de Chicago. Moses Mosop tiene un tiempo en Boston nada más ni nada menos que de 2:03:06. Asimismo, los etíopes Gebre Gebremariam y Markos Geneti han corrido abajo de las 2:05 y ya conocen la ruta en Boston.
Dentro de los favoritos para triunfar estaré yo, que he corrido Maratón en el rango de las 2:48 hace solamente unas 3 décadas y que hace dos años establecí mi mejor marca personal en mi actual categoría de 55 a 59 años con un relampagueante 3:23. En Boston aspiro al triunfo al igual que Lelisa Desisa y demás integrantes de las legiones etiope y keniana.
Aunque no necesariamente para mí el triunfo signifique llegar primero que todos a la meta. Triunfar en Boston para mí, será sencillamente haberlo corrido. Haber disfrutado esa máxima experiencia, haber vivido esa cima atlética que significa estar en el más importante, más competitivo y más tradicional Maratón del Mundo entero, haber estado en el Olimpo de los Dioses Maratonianos. Y si aparte puedo hacer un tiempo decente, acorde a mis posibilidades o conforme a mis sueños más locos, ¡pues tanto mejor!
He perdido la cuenta exacta de los Maratones que he corrido en mi vida, pero estoy seguro que son cerca de 30.
Incluyendo Maratones, Medios Maratones y cualquier otra distancia, ya sea en asfalto, trail, montaña o en cualquier tipo de superficie, tengo en mis inexactos registros haber corrido más de 500 competencias. He corrido Maratones en muchos lugares, he logrado éxitos y fracasos en muchos eventos atléticos y he llegado primero que todos en mi categoría en algunas carreras y primero que todos en general en un par de competencias de poca monta y escaso nivel competitivo.
Pero nunca (¡Nunca!) he corrido un Maratón tan importante, tan emocionante, tan tradicional e internacional ni tan grandioso, ni que me despierte este nivel de entusiasmo y de ilusión como el que hoy siento por correr en Boston dentro de exactamente 82 días.
Tener un hijo es la máxima aventura y emoción que puede vivir un hombre como yo. La emoción de casarme casi se acercó a tener un hijo, en nivel de intensidad y de deseo por que ya se llegara el día. Y recuerdo pocas circunstancias que despierten tal emoción.
Pero correr Boston, correr ¡El Maratón de Boston!... Claro que no es lo mismo que tener un hijo, peeero...
Los ganadores en ambas ramas de la trágica carrera del año pasado, Lelisa Desisa y Rita Jeptoo, estarán presentes para defender sus respectivos títulos, pero tendrán formidables competidores que intentarán arrebatarles la corona de campeones.
En la rama masculina, el grupo de grandiosos competidores incluirá a 46 atletas élite de 13 países, que incluye medallistas olímpicos, campeones de alguno de los 5 Majors (Chicago, Nueva York, Tokio y Boston), así como triunfadores de otros 80 Maratones alrededor del mundo. Y todo parece indicar que (casi) junto con el grupo de grandes corredores estaré yo.
Siete hombres dentro del grupo de corredores élite, han corrido algún Maratón por debajo de las 2:05:30. También estará presente Dennis Kimeto, que tiene un récord personal de 2:03:45, establecido en su triunfo en el Maratón de Chicago. Moses Mosop tiene un tiempo en Boston nada más ni nada menos que de 2:03:06. Asimismo, los etíopes Gebre Gebremariam y Markos Geneti han corrido abajo de las 2:05 y ya conocen la ruta en Boston.
Dentro de los favoritos para triunfar estaré yo, que he corrido Maratón en el rango de las 2:48 hace solamente unas 3 décadas y que hace dos años establecí mi mejor marca personal en mi actual categoría de 55 a 59 años con un relampagueante 3:23. En Boston aspiro al triunfo al igual que Lelisa Desisa y demás integrantes de las legiones etiope y keniana.
Aunque no necesariamente para mí el triunfo signifique llegar primero que todos a la meta. Triunfar en Boston para mí, será sencillamente haberlo corrido. Haber disfrutado esa máxima experiencia, haber vivido esa cima atlética que significa estar en el más importante, más competitivo y más tradicional Maratón del Mundo entero, haber estado en el Olimpo de los Dioses Maratonianos. Y si aparte puedo hacer un tiempo decente, acorde a mis posibilidades o conforme a mis sueños más locos, ¡pues tanto mejor!
He perdido la cuenta exacta de los Maratones que he corrido en mi vida, pero estoy seguro que son cerca de 30.
Incluyendo Maratones, Medios Maratones y cualquier otra distancia, ya sea en asfalto, trail, montaña o en cualquier tipo de superficie, tengo en mis inexactos registros haber corrido más de 500 competencias. He corrido Maratones en muchos lugares, he logrado éxitos y fracasos en muchos eventos atléticos y he llegado primero que todos en mi categoría en algunas carreras y primero que todos en general en un par de competencias de poca monta y escaso nivel competitivo.
Pero nunca (¡Nunca!) he corrido un Maratón tan importante, tan emocionante, tan tradicional e internacional ni tan grandioso, ni que me despierte este nivel de entusiasmo y de ilusión como el que hoy siento por correr en Boston dentro de exactamente 82 días.
Tener un hijo es la máxima aventura y emoción que puede vivir un hombre como yo. La emoción de casarme casi se acercó a tener un hijo, en nivel de intensidad y de deseo por que ya se llegara el día. Y recuerdo pocas circunstancias que despierten tal emoción.
Pero correr Boston, correr ¡El Maratón de Boston!... Claro que no es lo mismo que tener un hijo, peeero...
martes, 21 de enero de 2014
De Chile, de Mole y de Manteca
La semana que recientemente terminó, fue una de aquellas de las que no quieres ni acordarte. Y me refiero a que en el trabajo, las cosas estuvieron aderezadas con más stress y frustración de lo acostumbrado. El viernes de dicha semana fue, sin lugar a dudas, el viernes más esperado de los últimos meses.
Ese día, al revisar mi programa de entrenamiento para el fin de semana me surgieron algunas dudas acerca de lo que haría el sábado y domingo. Si bien tenía claro que el sábado intentaría trotar algo así como 1 hora, y otros 40 minutos el domingo, ambas sesiones al ritmo que mi rodilla jodida se antojara y con el único objetivo de ir ganando un poco de confianza y certeza de que todo me funciona, no estaba seguro si el sábado empezaría con algo de rutinas de fuerza en piernas en el gimnasio y si el domingo haría la rodada de 40 kilómetros en la bici de ruta.
Mi rodilla no se ha desprendido hecha pedazos de la pierna ni nada; al contrario, se siente mucho mejor, aunque todavía de vez en cuando se sienten molestias un poco raras en los laterales, como especie de pinchazos leves, que yo creo son consecuencia de las muy bajas temperaturas que hemos tenido y que generalmente desaparecen después de que caliento motores. De modo que con el ánimo por las nubes, el sábado antes del amanecer ya estaba yo haciendo 15 minutos de elíptica de calentamiento para mi sesión de fuerza en piernas. Hice 3 series de 25 medias sentadillas con peso muy moderado, que complementé con algo de trabajo de fuerza, también muy moderado, en brazos, abdomen y espalda baja, todo lo que en total y ya con la elíptica me tomó casi 1 hora.
La alberca fue la segunda escala. Iba con la idea de hacer 4 repeticiones de 500 metros a ritmo tranquilo, pero sucedió algo: eramos solo dos nadadores en el carril. Observé que el otro tipo no paraba. Llegué a los 500 metros y el tipo no paraba, así que decidí hacer un segundo 500 sin pausar, hasta completar 1,000. Y el tipo no paraba. Seguí nadando continuo hasta los 1,500 y el tipo ¡No Paraba!. El ritmo no era extraordinario ni mucho menos, pero para mis estándares, era un poco por arriba del acostumbrado para tiradas de 1,000 metros o más; casualmente, el ritmo de mi compañero de carril era muy parecido al mío y pudimos nadar sin estorbarnos.
Pero mi compañero de carril no paraba y no paraba; y yo no me iba a parar antes que él... ¡faltaba más!. Llegué a los 2,000 metros y un poco más adelante, el tipo finalmente paró. Yo llevaba nadados 40 y tantos largos (2,100 - 2,200 metros, aprox.), así que decidí continuar hasta completar los 2,500. Terminé los 2.5 kilómetros en 55' 11'' para un ritmo promedio de 2:12 Min / 100 metros.
La siguiente etapa era finalmente el trote. Ya he estado recorriendo pequeñas distancias intercalando caminata con trote, pero el plan en esta ocasión era hacer 9 o 10 kilómetros en 55 o 60 minutos, es decir, a un ritmo por encima de los 6 min/km.
Elegí para la prueba una pista aeróbica de grava fina, sin ningún desnivel y no estuvo para nada mal. No es fácil eliminar la desconfianza y la sensación de que en cualquier momento me puedo volver a lastimar la rodilla convaleciente, pero los kilómetros empezaron a caer uno a uno sin que se sintieran más molestias que las normales; y no solo en la rodilla convaleciente, sino también en la otra se sentían algunas pequeñas y esporádicas punzadas, resultado de los más de 2 meses de muy poca actividad. Hacia el final de la distancia, reduje el ritmo a niveles de 6:30 min/km, para cerrar con un "meteórico" tiempo de 55:46 en los 9 kilómetros.
Llegué a casa y llené la tina con agua fría. Calculo que la temperatura del agua debe haber sido de unos 8 o 10 grados. Al entrar en la tina sentí como si me arrancaran el pellejo y más cuando prendí el motor del hidromasaje, pero en unos pocos minutos me fui adaptando a la temperatura. Completé 15 minutos de hidromasaje con el agua así de fría. No tengo forma de comprobar que la ausencia de molestias durante el resto del día haya sido resultado del baño helado, pero el caso es que así fue.
Al día siguiente, domingo, cambié mi plan para iniciar nuevamente con el nado. A las 9:00 de la mañana que empecé, la alberca estaba prácticamente sola, éramos 3 nadadores únicamente y nadie más que yo en mi carril. Como había cambiado los planeados 4x500 el día anterior, decidí hacerlos el domingo. El ritmo salió en automático, muy suave y placentero y registré un promedio de 11:13 en las 4 repeticiones de 500 metros, con 30 segundos de recuperación. Me sorprendió un poco la sensación de comodidad con la que nadé; totalmente distraído en mil pensamientos de mil asuntos de trabajo, de entrenamiento, de competencia y de todo. Cuando volví en sí, ya había terminado los 4x500 metros. Aflojé unos cuántos más y vámonos a vestir, que tocaba trotar.
No había sentido malestar en la rodilla después de los entrenamientos del sábado, pero cuando empecé a calentar, nuevamente se hizo presente la desconfianza de apoyar la rodilla normalmente. Pero ya en el trote, las molestias brillaron por su ausencia. Supongo que después de una lesión queda uno super-sensible y cualquier sensación en la parte lastimada se magnifica. Fue el caso: con cualquier irregularidad del terreno, sentía temor de que la rodilla se me fuera a descuadrar, pero fueron cayendo los kilómetros uno por uno hasta completar 7 en un tiempo de 41:20. No es un ritmo normal todavía, pero voy avanzando y ganando en confianza. El cuerpo me pedía más (mucho más), pero logré ser prudente y frenar mis ansias de matador.
Ya eran pasadas de las 11:00 de la mañana cuando llegué a casa. Empecé a llenar la tina. No se si era real o imaginario pero el agua no se sentía tan fría como el día anterior. Estuve casi 20 minutos en el hidromasaje y al salir, sentía un poco adormecidas las articulaciones de los tobillos y la rodilla. Bajé a desayunar temblando de frío, a pesar de la camiseta, el sweater, el pants y la chamarra. La temblorina no me dejó hasta que salí al jardín a tomar el sol del mediodía.
Las cosas se ven bien. Hay que mantener el optimismo, la prudencia y la paciencia e ir avanzando poco a poco. Hay tiempo. Boston está todavía a 3 meses de distancia. Se ve una luz al final del túnel. No creo que sea el tren.
Ese día, al revisar mi programa de entrenamiento para el fin de semana me surgieron algunas dudas acerca de lo que haría el sábado y domingo. Si bien tenía claro que el sábado intentaría trotar algo así como 1 hora, y otros 40 minutos el domingo, ambas sesiones al ritmo que mi rodilla jodida se antojara y con el único objetivo de ir ganando un poco de confianza y certeza de que todo me funciona, no estaba seguro si el sábado empezaría con algo de rutinas de fuerza en piernas en el gimnasio y si el domingo haría la rodada de 40 kilómetros en la bici de ruta.
Mi rodilla no se ha desprendido hecha pedazos de la pierna ni nada; al contrario, se siente mucho mejor, aunque todavía de vez en cuando se sienten molestias un poco raras en los laterales, como especie de pinchazos leves, que yo creo son consecuencia de las muy bajas temperaturas que hemos tenido y que generalmente desaparecen después de que caliento motores. De modo que con el ánimo por las nubes, el sábado antes del amanecer ya estaba yo haciendo 15 minutos de elíptica de calentamiento para mi sesión de fuerza en piernas. Hice 3 series de 25 medias sentadillas con peso muy moderado, que complementé con algo de trabajo de fuerza, también muy moderado, en brazos, abdomen y espalda baja, todo lo que en total y ya con la elíptica me tomó casi 1 hora.
La alberca fue la segunda escala. Iba con la idea de hacer 4 repeticiones de 500 metros a ritmo tranquilo, pero sucedió algo: eramos solo dos nadadores en el carril. Observé que el otro tipo no paraba. Llegué a los 500 metros y el tipo no paraba, así que decidí hacer un segundo 500 sin pausar, hasta completar 1,000. Y el tipo no paraba. Seguí nadando continuo hasta los 1,500 y el tipo ¡No Paraba!. El ritmo no era extraordinario ni mucho menos, pero para mis estándares, era un poco por arriba del acostumbrado para tiradas de 1,000 metros o más; casualmente, el ritmo de mi compañero de carril era muy parecido al mío y pudimos nadar sin estorbarnos.
Pero mi compañero de carril no paraba y no paraba; y yo no me iba a parar antes que él... ¡faltaba más!. Llegué a los 2,000 metros y un poco más adelante, el tipo finalmente paró. Yo llevaba nadados 40 y tantos largos (2,100 - 2,200 metros, aprox.), así que decidí continuar hasta completar los 2,500. Terminé los 2.5 kilómetros en 55' 11'' para un ritmo promedio de 2:12 Min / 100 metros.
La siguiente etapa era finalmente el trote. Ya he estado recorriendo pequeñas distancias intercalando caminata con trote, pero el plan en esta ocasión era hacer 9 o 10 kilómetros en 55 o 60 minutos, es decir, a un ritmo por encima de los 6 min/km.
Elegí para la prueba una pista aeróbica de grava fina, sin ningún desnivel y no estuvo para nada mal. No es fácil eliminar la desconfianza y la sensación de que en cualquier momento me puedo volver a lastimar la rodilla convaleciente, pero los kilómetros empezaron a caer uno a uno sin que se sintieran más molestias que las normales; y no solo en la rodilla convaleciente, sino también en la otra se sentían algunas pequeñas y esporádicas punzadas, resultado de los más de 2 meses de muy poca actividad. Hacia el final de la distancia, reduje el ritmo a niveles de 6:30 min/km, para cerrar con un "meteórico" tiempo de 55:46 en los 9 kilómetros.
Llegué a casa y llené la tina con agua fría. Calculo que la temperatura del agua debe haber sido de unos 8 o 10 grados. Al entrar en la tina sentí como si me arrancaran el pellejo y más cuando prendí el motor del hidromasaje, pero en unos pocos minutos me fui adaptando a la temperatura. Completé 15 minutos de hidromasaje con el agua así de fría. No tengo forma de comprobar que la ausencia de molestias durante el resto del día haya sido resultado del baño helado, pero el caso es que así fue.
Al día siguiente, domingo, cambié mi plan para iniciar nuevamente con el nado. A las 9:00 de la mañana que empecé, la alberca estaba prácticamente sola, éramos 3 nadadores únicamente y nadie más que yo en mi carril. Como había cambiado los planeados 4x500 el día anterior, decidí hacerlos el domingo. El ritmo salió en automático, muy suave y placentero y registré un promedio de 11:13 en las 4 repeticiones de 500 metros, con 30 segundos de recuperación. Me sorprendió un poco la sensación de comodidad con la que nadé; totalmente distraído en mil pensamientos de mil asuntos de trabajo, de entrenamiento, de competencia y de todo. Cuando volví en sí, ya había terminado los 4x500 metros. Aflojé unos cuántos más y vámonos a vestir, que tocaba trotar.
No había sentido malestar en la rodilla después de los entrenamientos del sábado, pero cuando empecé a calentar, nuevamente se hizo presente la desconfianza de apoyar la rodilla normalmente. Pero ya en el trote, las molestias brillaron por su ausencia. Supongo que después de una lesión queda uno super-sensible y cualquier sensación en la parte lastimada se magnifica. Fue el caso: con cualquier irregularidad del terreno, sentía temor de que la rodilla se me fuera a descuadrar, pero fueron cayendo los kilómetros uno por uno hasta completar 7 en un tiempo de 41:20. No es un ritmo normal todavía, pero voy avanzando y ganando en confianza. El cuerpo me pedía más (mucho más), pero logré ser prudente y frenar mis ansias de matador.
Ya eran pasadas de las 11:00 de la mañana cuando llegué a casa. Empecé a llenar la tina. No se si era real o imaginario pero el agua no se sentía tan fría como el día anterior. Estuve casi 20 minutos en el hidromasaje y al salir, sentía un poco adormecidas las articulaciones de los tobillos y la rodilla. Bajé a desayunar temblando de frío, a pesar de la camiseta, el sweater, el pants y la chamarra. La temblorina no me dejó hasta que salí al jardín a tomar el sol del mediodía.
Las cosas se ven bien. Hay que mantener el optimismo, la prudencia y la paciencia e ir avanzando poco a poco. Hay tiempo. Boston está todavía a 3 meses de distancia. Se ve una luz al final del túnel. No creo que sea el tren.
miércoles, 15 de enero de 2014
Boston, Nueva York y Ciudad Mante.
Boston es una de las Ciudades en los Estados Unidos que cuenta con las mejores y más prestigiosas Universidades. En esa metrópoli se encuentra el MIT (Massachussets Institute of Technology), que es la mejor Universidad en lo que se refiere a Investigación Científica y Tecnológica, Ingeniería y Economía. De sus aulas han egresado nada mas ni nada menos que 78 ganadores del Premio Nobel. Por su parte, Harvard es la institución de enseñanza superior más antigua de los Estados Unidos y es considerada la mejor Universidad del mundo, por arriba de Berkeley, Stanford, el MIT y cualquier otra. ¡Ahí nomás!.
Por si alguien no lo supiera, en esta gran ciudad del noreste de los Estados Unidos se corre la más antigua y tradicional Maratón del mundo: The Boston Marathon. Por si fuera poco, esta metrópoli es la casa de los Medias Rojas y de los Celtics, dos de las franquicias deportivas más importantes que existen.
Nueva York, también llamada La Gran Manzana, La Urbe de Hierro y otros sobrenombres, es la Ciudad más cosmopolita del planeta Tierra. Es el ombligo financiero del mundo y es la sede de la ONU. Es la casa de los Yankees, el más famoso y triunfador equipo de Beis Bol que ha existido. Es refugio de artistas, billonarios y de toda clase de gente que busca vivir en la que se considera por muchos, La Capital del Mundo. Y por si fuera poco, en Nueva York se corre cada año The New York City Marathon, la más famosa carrera atlética que existe en el mundo, competencia que culmina en Central Park, que es quizá el templo más venerado de la Religión Maratoniana.
Ciudad Mante, en el norteño estado de Tamaulipas, México, es un pequeño pueblo de un poco más de 100 mil habitantes, que hasta hace poco tenía como principal actividad económica el cultivo de la caña y la producción industrial de azúcar, antes de que fuereños indeseables con negocios menos lícitos irrumpieran y rompieran la tranquilidad de este rincón tamaulipeco, donde vi la primera luz hace ya algunos pocos años.
Hasta donde yo sé Mante no ha sido, como Boston, cuna de ganadores del Premio Nobel, pero el Filósofo de Güemes nació a no más de 100 kilómetros de ahí; y las verdades de perogrullo de este Filósofo son válidas en Mante, en China y hasta en Boston o Nueva York. No hay en mi tierra muchas opciones de estudios superiores; si se quiere ser Médico o Ingeniero o Químico hay que emigrar a Monterrey, Tampico o San Luis Potosí, pero la Facultad de Agronomía de la Universidad de Tamaulipas, enclavada en Ciudad Mante, es la más prestigiosa Institución de Educación Universitaria de la Región (en realidad es la única, pero eso no le quita el calificativo de La Más Prestigiosa).
Como Boston y Nueva York, Mante tiene su Maratón. Cada 16 de Septiembre, desde hace más de 50 años, se corre ahí el Maratón de la Independencia. Cuando yo era niño, era obligado salir cubeta en mano a rociar y hasta empapar con agua a los esforzados corredores que año con año acudían a competir en esa tradicional carrera de 13 kilómetros que se corre en pleno mediodía, con el sol a plomo y casi siempre a temperaturas cercanas a los 40 grados y humedades relativas de más del 90%. Y que los puristas no me reclamen que la competencia se nombre Maratón, pues yo no la bauticé, pero tal vez más de medio siglo de antigüedad y quién sabe cuántos miles de corredores, le puedan otorgar el derecho de llevar, así sea sin cumplir estrictamente las especificaciones, el título Honoris Causa de Maratón.
En alguna ocasión, muchos años después de haber emigrado de mi terruño, intenté competir en ese Maratón de la Independencia; pensé que siendo desde hacía ya muchos años un corredor experimentado, me merecía subir al podium en la más tradicional carrera de mi pueblo. Estando como estaba en plena preparación para competencias de mucho mayor distancia, la carrerita me parecía perita en dulce. Por supuesto que los 40 grados y el solazo que se sentían no fueron esa ocasión mi mayor problema, sino la vergüenza de haber tenido que abandonar la competencia antes del kilómetro 7, víctima de golpe de calor, con tíos, hermana y madre como testigos de mi deshonra y teniendo que soportar, estoico, la burla de amigos de la infancia, primos y sobrinos.
Y si Nueva York tiene su Central Park, Mante tiene su Alameda Miguel Alemán. No hay necesidad de ir hasta la Urbe de Hierro para disfrutar de una maravillosa corrida en medio de la naturaleza, como se puede disfrutar en Mante. Si bien la Alameda es tal vez 100 o 1,000 veces más pequeña que Central Park, en belleza no se queda atrás. Llegando a la Alameda se puede correr en su circuito de un kilómetro, o bien, seguirse de largo y correr a la margen de los canales de riego hasta la presa "La Aguja" o incluso hasta El Nacimiento, manantial que da origen al Río Mante. Al correr entre los cañaverales, los conejos y ardillas se cruzan constantemente en el camino y es característica la multitud de tortugas en los canales, que asoman la cabeza por encima de los lirios. Conforme uno se acerca, se sumergen y se alejan, pero se puede observar a través de las cristalinas aguas del canal, como nadan mucho mejor que cualquier triatleta urbano.
Los Cañeros del Mante eran en mis lejanos años de la infancia, el equipo semiprofesional de Beis Bol más famoso de mi pueblo. También era el único, pero eso no impidió que de esa novena surgiera Horacio Piña, tremendo Picher derecho que llegó a jugar en las Grandes Ligas y que seguramente y aunque no lo tengo registrado en la memoria ni encontré en internet referencias de ello, se debe de haber enfrentado muchas veces a los Yankees y a los Medias Rojas.
Por supuesto que las diferencias son abismales y en la comparación el Mante siempre llevará las de perder, pero recientemente vinieron a mi memoria infinidad de anécdotas vividas en mi querido pueblo de origen. Desde las salidas a correr a la Alameda o entre los cañaverales, lo que en aquellos tiempos odiaba pero que tenía que hacer obligado por mi entrenador de Basket Bol, que entonces era mi deporte, hasta las salidas a nadar en el Río Mante, acompañado por mi hoy Compadre Pancho, en las que llegábamos a recorrer de un jalón los más de 3 kilómetros que separan la presa de La Aguja hasta el manantial de El Nacimiento.
Hoy las condiciones me impiden ir a mi pueblo mucho más frecuentemente de lo que yo quisiera y de verdad echo de menos las salidas a correr a la vera de los canales de riego, las cuales sin lugar a dudas, son las corridas más divertidas y disfrutadas de las que tengo memoria. También echo de menos la intensa sensación de estar en casa, que me produce estar en ese pequeño rincón del norte de México. Echo de menos los atracones de acamayas, echo de menos las excursiones a El Cielo, reserva de la Biósfera muy cercana a mi pueblo y echo de menos tantas otras cosas que podría llenar varias páginas del blog.
Como dije antes, en la comparación el Mante lleva las de perder, pero para mí, de entre Boston, Nueva York y Ciudad Mante... ¡Me gusta mil veces más mi Mante!
jueves, 9 de enero de 2014
Rehabilitando la Rodilla. El Viacrucis que Sigue a una Lesión.
No es muy probable que miles y millones de mis seguidores (ja) estén ansiosos por conocer mi estado de salud, pero me ha sido bastante interesante el proceso desde que se manifestó mi lesión en la rodilla derecha, hasta la fase de rehabilitación atlética actual en la que estoy, pasando por el diagnóstico y tratamiento médicos. Creo que también sería interesante para otros corredores o triatletas conocer un poco de esta experiencia, por lo que me animé a escribir esta entrada para compartir esta información y que tal vez pueda ser útil para alguien.
En primer lugar, quisiera comentar que ningún cuidado que demos a nuestras rodillas y articulaciones está de más. En mi caso, los síntomas de una inflamación generalizada de los tendones de mi rodilla se manifestaron intempestivamente a los dos días de haber corrido un Medio Maratón, pero en realidad, la inflamación se fué generando paulatinamente, silenciosa y casi asintomática, sin muchos aspavientos, hasta que llegó a un nivel tal que empezó a provocar dolor intenso y me impidió correr. En especial, según mi traumatólogo, este tipo de lesiones son el resultado de procesos degenerativos o inflamatorios que se desarrollan a lo largo de períodos de semanas, meses o incluso años, como resultado del impacto que sufren las articulaciones al correr, el insuficiente descanso después de sesiones de entrenamiento intensas, el uso de tenis o zapatillas inadecuadas y la extrema dureza e inclinación de las superficies en las que normalmente corremos. En pocas palabras, por el trato abusivo que la mayoría de los corredores damos a nuestras rodillas.
Las medidas preventivas son bastante conocidas y no voy a entrar en mayor detalle (descanso suficiente después de entrenamientos intensos, evitar superficies duras, uso de hielo después de los entrenamientos, etc.), pero en especial el médico me recomendó tomar Glucosamina y Condroitina. Aunque no hay evidencia científica concluyente, si hay mucha información empírica que indica que estos dos suplementos naturales regeneran el tejido cartilaginoso y ayudan a evitar la degeneración de las articulaciones e incluso, más a corto plazo, la inflamación.
En un principio, cuando se manifestó la lesión pensé que el dolor se iría en cosa de una semana o menos simplemente con descanso y algún desinflamante, pero los días pasaron sin que yo sintiera mejoría. El diagnóstico médico fué difícil, en parte por culpa mía. La recomendación inicial del médico fué hacer una Resonancia Magnética, si quisiéramos estar plenamente seguros de cuál era exactamente la lesión, pero no era estrictamente necesario, ya que era muy probable que se tratara "solamente" de una tendinitis simple y común; erróneamente decidí no hacerme la resonancia. Al ver que no mejoraba, el médico me solicitó un estudio de Ultrasonido y una Radiografía de rodilla y las imágenes fueron concluyentes. Inflamación en varios de los tendones y ligamentos. Según el médico, la inflamación fué originalmente en el tendón rotuliano y se fué generalizando a los laterales. Afortunadamente, por las pruebas que hicimos de movilidad y flexibilidad de la rodilla, se descartó una lesión en meniscos, la que seguramente hubiera requerido cirugía, pero la radiografía de rodilla mostró un desalineamiento de la articulación que puede ser corregido fortaleciendo la rodilla y los cuadríceps en general y con la ayuda de infiltraciones de gel.
El tratamiento no ha sido sencillo. Se prescribieron desinflamantes y analgésicos, para reducir la inflamación y 3 infiltraciones de gel en la rodilla. Adicionalmente a suspender cualquier actividad física que no fuera caminata ligera y natación, se indicaron 10 sesiones (3 por semana) de terapia con ultrasonido, masaje en cuadríceps y electroterapia.
Primeramente, después de que se confirmó el diagnóstico, fueron casi 3 semanas de dolor intenso en rodilla y de cero actividad, después de lo cuál, mi cuadriceps se adelgazó alarmantemente. A partir de que la inflamación y el dolor fueron disminuyendo, con ayuda de mi médico fisioterapeuta fuimos incluyendo en el plan de rehabilitación algunos ejercicios de fortalecimiento en rodilla y cuadríceps, así como caminata que se fué incrementando gradualmente. Después iniciamos con pequeños segmentos de trote intercalados en las sesiones de caminata, hasta llegar al punto en que estoy ahora, en el que las sesiones son de aproximadamente 40 minutos, alternando 2 minutos de caminata vigorosa con 2 o 3 minutos de trote a ritmo de 6.5 min/km aproximadamente. También estoy ya haciendo bicicleta fija en sesiones de 40 minutos a 1 hora, con resistencia moderada. Adicionalmente, hemos iniciado con ejercicios de fuerza en pierna y rodilla, que en un principio fueron sin peso y gradualmente hemos ido incorporando algo de peso.
La posibilidad de que por la lesión no pueda correr Boston Marathon, pone un ingrediente de gran estrés en todo este problema. Ha sido muy difícil aceptar que tenía que dejar de entrenar formalmente durante casi 2 meses, sabiendo que "tengo" que estar listo para correr Boston el 21 de Abril. Cada vez que regresaba alguna molestia durante los ejercicios de rehabilitación o durante las caminatas, se me venían a la cabeza mil pensamientos pesimistas. Pensaba que era un hecho que no cumpliría mi sueño de correr en Boston y que, después de la cancelación del New York City Marathon en 2012, sería para mí el segundo Maratón en Estados Unidos que no podría correr estando ya inscrito. El ánimo se desplomaba por momentos y mantenerme tenaz y enfocado en ir avanzando en la rehabilitación fué una de las partes más difíciles de todo esto.
También la paciencia fué un ingrediente que no fué nada fácil de integrar en todo este proceso. Las ganas de estar ya entrenando al 100% me llevaban a pensar que era tiempo de mandar todo a volar y empezar a entrenar más fuerte, a pesar del grave riesgo de recaer. Afortunadamente, durante estos 2 meses pude refugiarme en la natación como medio para no perder por completo mi acondicionamiento físico general. Aunque por supuesto no es un entrenamiento específico para Maratón, el nado me ha ayudado a sobrellevar mi condición actual. He estado nadando un promedio de 2 kilómetros, 5 o 6 veces por semana. Aparte del gran progreso que he logrado en mis tiempos de natación, lo que deberá ser un beneficio cuando me reincorpore a la actividad en los Triatlones, he podido mantener la resistencia al esfuerzo, que será importante cuando esté en la parte fuerte del programa de Maratón para Boston. Repito: nadar no es lo mismo que entrenarse para Maratón, pero algo ha ayudado.
Hoy estoy en un punto en el que a todas luces estoy progresando aceleradamente en mi rehabilitación. Ya estoy en condiciones de trotar a un ritmo modesto, siento que mi rodilla está mejorando día con día y que podría ya correr todavía más rápido y eso me cambia radicalmente mi estado de ánimo. Todo parece que, si Dios quiere, podré correr en Boston.
Es probable que en estos 3 meses que faltan para este Maratón no logre completar una preparación que me permita correr cerca de mi objetivo previo a la lesión, que era de unas 3:30 horas, pero estoy optimista y aunque no llegue al 100%, pienso que por lo menos estaré listo para, sin un objetivo específico de tiempo, correr la más antigua, famosa y tradicional Maratón en el mundo.
Mi programa de entrenamiento para Boston ya está perfectamente planeado. Durante el mes de enero, paulatinamente los ejercicios de rehabilitación y el trote/caminata, se irán convirtiendo en carrera. Poco a poco irá cambiando el tipo de entrenamiento hasta que, en el mes de Febrero estaré ya en lo que podría llamarse un programa formal de entrenamiento para Maratón. A pesar de los muchos años de experiencia que tengo en diseñar mis propios programas de entrenamiento para Maratón, basados en las teorías de los Gurús del momento, no fué nada sencillo diseñar un programa como el que tengo preparado para Boston, que tuvo que considerar como parte del mismo el traslape de mi rehabilitación con el inicio del entrenamiento formal. Será un programa de 3 meses y medio. En condiciones normales, esos 3 meses serían el tiempo ideal para preparar un Maratón, pero dado que en ese período se tendrá que dar la transición de lo que es la rehabilitación al entrenamiento formal, no podré llegar en mi forma óptima a Boston, pero por lo menos podré correrlo en un tiempo que calculamos será de entre 3:45 a 3:55. Será una marca modesta, aunque dadas las circunstancias, en esta ocasión la marca será lo menos importante y no la tomaré como un objetivo de competencia.
En el diseño de mi Programa de Entrenamiento me ha ayudado mucho mi Médico Fisioterapeuta, quién tiene vastísima experiencia en la rehabilitación de atletas de alto rendimiento. Y no solo en el diseño del programa de entrenamiento sino en todo este difícil proceso de rehabilitación. Si me lees (y aunque no me leas), Dr. Covarrubias, hago público desde aquí mi agradecimiento infinito.
Me motiva mucho pensar en Joan Benoit. Como muchos recordarán, Benoit corrió el Maratón clasificatorio de Estados Unidos para los Olímpicos de 1984, solo 17 días después de haberse sometido a cirugía artroscópica en una de sus rodillas. Después de clasificarse, es historia conocida que Benoit ganó el Maratón Olimpico.
No quiero ser triunfalista y dar por hecho que ya he salido adelante de mi lesión, pero voy muy bien y creo que escribir esto, un poco me ayuda a seguir avanzando. Yo no soy Joan Benoit ni tengo su nivel competitivo ni muchísimo menos. Mi reto es mucho más modesto y mundano que el que tuvo que afrontar esta gran atleta en las Olimpiadas de 1984: Salir cuánto antes y por completo de mi lesión y lograr estar listo para correr Boston Marathon el 21 de Abril próximo. ¡Ojalá que así sea!
El tratamiento no ha sido sencillo. Se prescribieron desinflamantes y analgésicos, para reducir la inflamación y 3 infiltraciones de gel en la rodilla. Adicionalmente a suspender cualquier actividad física que no fuera caminata ligera y natación, se indicaron 10 sesiones (3 por semana) de terapia con ultrasonido, masaje en cuadríceps y electroterapia.
Primeramente, después de que se confirmó el diagnóstico, fueron casi 3 semanas de dolor intenso en rodilla y de cero actividad, después de lo cuál, mi cuadriceps se adelgazó alarmantemente. A partir de que la inflamación y el dolor fueron disminuyendo, con ayuda de mi médico fisioterapeuta fuimos incluyendo en el plan de rehabilitación algunos ejercicios de fortalecimiento en rodilla y cuadríceps, así como caminata que se fué incrementando gradualmente. Después iniciamos con pequeños segmentos de trote intercalados en las sesiones de caminata, hasta llegar al punto en que estoy ahora, en el que las sesiones son de aproximadamente 40 minutos, alternando 2 minutos de caminata vigorosa con 2 o 3 minutos de trote a ritmo de 6.5 min/km aproximadamente. También estoy ya haciendo bicicleta fija en sesiones de 40 minutos a 1 hora, con resistencia moderada. Adicionalmente, hemos iniciado con ejercicios de fuerza en pierna y rodilla, que en un principio fueron sin peso y gradualmente hemos ido incorporando algo de peso.
La posibilidad de que por la lesión no pueda correr Boston Marathon, pone un ingrediente de gran estrés en todo este problema. Ha sido muy difícil aceptar que tenía que dejar de entrenar formalmente durante casi 2 meses, sabiendo que "tengo" que estar listo para correr Boston el 21 de Abril. Cada vez que regresaba alguna molestia durante los ejercicios de rehabilitación o durante las caminatas, se me venían a la cabeza mil pensamientos pesimistas. Pensaba que era un hecho que no cumpliría mi sueño de correr en Boston y que, después de la cancelación del New York City Marathon en 2012, sería para mí el segundo Maratón en Estados Unidos que no podría correr estando ya inscrito. El ánimo se desplomaba por momentos y mantenerme tenaz y enfocado en ir avanzando en la rehabilitación fué una de las partes más difíciles de todo esto.
También la paciencia fué un ingrediente que no fué nada fácil de integrar en todo este proceso. Las ganas de estar ya entrenando al 100% me llevaban a pensar que era tiempo de mandar todo a volar y empezar a entrenar más fuerte, a pesar del grave riesgo de recaer. Afortunadamente, durante estos 2 meses pude refugiarme en la natación como medio para no perder por completo mi acondicionamiento físico general. Aunque por supuesto no es un entrenamiento específico para Maratón, el nado me ha ayudado a sobrellevar mi condición actual. He estado nadando un promedio de 2 kilómetros, 5 o 6 veces por semana. Aparte del gran progreso que he logrado en mis tiempos de natación, lo que deberá ser un beneficio cuando me reincorpore a la actividad en los Triatlones, he podido mantener la resistencia al esfuerzo, que será importante cuando esté en la parte fuerte del programa de Maratón para Boston. Repito: nadar no es lo mismo que entrenarse para Maratón, pero algo ha ayudado.
Hoy estoy en un punto en el que a todas luces estoy progresando aceleradamente en mi rehabilitación. Ya estoy en condiciones de trotar a un ritmo modesto, siento que mi rodilla está mejorando día con día y que podría ya correr todavía más rápido y eso me cambia radicalmente mi estado de ánimo. Todo parece que, si Dios quiere, podré correr en Boston.
Es probable que en estos 3 meses que faltan para este Maratón no logre completar una preparación que me permita correr cerca de mi objetivo previo a la lesión, que era de unas 3:30 horas, pero estoy optimista y aunque no llegue al 100%, pienso que por lo menos estaré listo para, sin un objetivo específico de tiempo, correr la más antigua, famosa y tradicional Maratón en el mundo.
Mi programa de entrenamiento para Boston ya está perfectamente planeado. Durante el mes de enero, paulatinamente los ejercicios de rehabilitación y el trote/caminata, se irán convirtiendo en carrera. Poco a poco irá cambiando el tipo de entrenamiento hasta que, en el mes de Febrero estaré ya en lo que podría llamarse un programa formal de entrenamiento para Maratón. A pesar de los muchos años de experiencia que tengo en diseñar mis propios programas de entrenamiento para Maratón, basados en las teorías de los Gurús del momento, no fué nada sencillo diseñar un programa como el que tengo preparado para Boston, que tuvo que considerar como parte del mismo el traslape de mi rehabilitación con el inicio del entrenamiento formal. Será un programa de 3 meses y medio. En condiciones normales, esos 3 meses serían el tiempo ideal para preparar un Maratón, pero dado que en ese período se tendrá que dar la transición de lo que es la rehabilitación al entrenamiento formal, no podré llegar en mi forma óptima a Boston, pero por lo menos podré correrlo en un tiempo que calculamos será de entre 3:45 a 3:55. Será una marca modesta, aunque dadas las circunstancias, en esta ocasión la marca será lo menos importante y no la tomaré como un objetivo de competencia.
En el diseño de mi Programa de Entrenamiento me ha ayudado mucho mi Médico Fisioterapeuta, quién tiene vastísima experiencia en la rehabilitación de atletas de alto rendimiento. Y no solo en el diseño del programa de entrenamiento sino en todo este difícil proceso de rehabilitación. Si me lees (y aunque no me leas), Dr. Covarrubias, hago público desde aquí mi agradecimiento infinito.
Me motiva mucho pensar en Joan Benoit. Como muchos recordarán, Benoit corrió el Maratón clasificatorio de Estados Unidos para los Olímpicos de 1984, solo 17 días después de haberse sometido a cirugía artroscópica en una de sus rodillas. Después de clasificarse, es historia conocida que Benoit ganó el Maratón Olimpico.
No quiero ser triunfalista y dar por hecho que ya he salido adelante de mi lesión, pero voy muy bien y creo que escribir esto, un poco me ayuda a seguir avanzando. Yo no soy Joan Benoit ni tengo su nivel competitivo ni muchísimo menos. Mi reto es mucho más modesto y mundano que el que tuvo que afrontar esta gran atleta en las Olimpiadas de 1984: Salir cuánto antes y por completo de mi lesión y lograr estar listo para correr Boston Marathon el 21 de Abril próximo. ¡Ojalá que así sea!
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