Triatlón Querétaro 16

viernes, 24 de julio de 2015

Garmin a Punto de Morir

Inmediatamente después de terminar mi corrida AmansaLocos de 30 kilómetros del pasado domingo, mi veterano Garmin Forerunner 310 XT empezó a fallar.
Primero se quedó pasmado, como si el pobrecito estuviera sufriendo un ataque cataléptico. Estuve casi media hora tratando de reanimarlo. No me importó nada; ni siquiera pude enfriar adecuadamente, ya no se diga estirar. Bueno, con decirles que ni ganas de rehidratarme me daban. Estuve intentando todas las maniobras de resucitación que he escuchado o leído que son útiles en estos casos y... nada. Mi pequeño "hijo de mi alma" no reaccionaba.

Con lágrimas contenidas en los ojos manejé hasta mi casa, pensando en todas las alternativas posibles que tenía delante de mí.

Con el alma partida en dos, conecté mi queridísimo Forrestrunner a la computadora, pensando que tal vez (tal vez) la respiración de USB a USB hiciera el milagro. Mientras hacía tal, un poco de calma y resignación llegó a mi mente y, sin mucho aspaviento empecé a checar la página de Garmin. Le di una buena revisada al nuevo Garmin Forerunner 920XT... https://buy.garmin.com/en-US/US/into-sp ... 37024.HTML

Maravilloso. Realmente maravilloso. Bonito, funcional, tiene todo, en pocas palabras.

Entonces, un pensamiento deleznable me invadió. ¿Y si desconecto definitivamente el Forrestrunner y de una vez (de una buena vez) pido el Forerunner 920XT? De inmediato, los remordimientos y el sentimiento de culpa me invadieron y logré reaccionar a tiempo. Me detuve y pensé: Mi hijo del alma no se merece esta traición y que lo abandone en momentos tan, pero tan difíciles.
Escuché vagamente gritos de "se te va a enfriar el desayuno", pero eso había sido tal vez unos 30 minutos atrás. De cualquier forma, me dirigí cabizbajo al antecomedor. El plato con los religiosos huevitos rancheros dominicales, mostraba signos de frialdad. El vaso de proteína sabor fresa me supo más a medicina que nunca, pero me lo pasé de un jalón, al tiempo que empezaba a degustar los huevos rancheros, el jamón (frito pero con muy poquito aceite) y los frijoles negros (las tres cosas ya heladas).
 
Y entonces, el diablo empezó nuevamente a hacer travesuras en mi mente. Pensé que podría organizar una "Blitzkrieg cibernética" y pedir de inmediato el 920XT. "Lo haré. Está decidido. Además, los huevos rancheros están fríos". Pensé que tenía el pretexto perfecto. Diría algo como "Lo sé, lo sé, ha sido un error y hasta un pecado, una ofensa a la memoria de mi hijo del alma, pero estaba deprimido. Era pedir el 920 o morir en el infierno de la depresión y el sufrimiento". Seguramente el regaño de la progenitora de mis hijos (de mis otros 3), sería leve, sumamente leve.

Y antes de que me fuera a arrepentir, me levanté de la mesa y (casi) corrí hasta la computadora. Si lo ordeno ahorita mismo, ya no habrá marcha atrás. Si me hago pendejo y lo pospongo, en una de esas cambio de idea. O que tal si el Forrestrunner 310XT resucita?. ¡No! Lo pido ya.

Llegué a la computadora. Ya estaba dormidita, con la pantalla negra, como homenajeando en sus últimos momentos a mi hijo del alma. La desperté y...

Hijo de tu p... mi alma: ¡reviviste!

Estos Garmin tienen más vidas que un gato. Malandrines Garmin, no hay forma de deshacerse de ellos. Ni modo, 920XT, habrá que esperar un poco más.

martes, 23 de junio de 2015

Triatlón San Gil 70.3 millas. La Crónica...

Desde mucho antes de la salida me sentía nervioso; hay pocas cosas nuevas que uno puede hacer a mi edad y ante mi tenía, justamente, el reto nuevo y nada fácil para mí, de hacer un triatlón de media distancia (1.9, 90, 21.1 Km) en alrededor de 6 horas. Y por si esto fuera poco, me había impuesto la obligación de entrar en los primeros 3 lugares de mi categoría. Mis compañeros triatletas del CEENME y del SportCity me decían que yo podía, en un día perfecto, terminar en un lujoso 5:30 horas. ¡Y yo me la creí!. Tenía mis íntimas dudas, por supuesto, pero estaba casi convencido de que si no un 5:30, algo cercano al 5:45 sí era perfectamente posible. Y si lo hacía, el podio venía en paquete.


No había nadado ni 300 metros cuando ya me sentía desesperado. Soplaba una brisita que ondulaba la superficie del estanque y no dejaba ver casi nada. Una pausita, con el pretexto de acomodarme bien los gogles, no le iba a agregar más de 15 o 20 segundos a mi tiempo. La realidad fue que esa pequeña pausa se repitió no se cuantas veces: dejaba de nadar y trataba de ubicar mi posición en el trayecto, sin lograrlo. Escasamente veía la margen de la laguna y a lo lejos, lejísimos, veía la siguiente boya. Por increíble que parezca, en la primera mitad del nado nunca pensé en enfocarme ni en calmarme; me dejé llevar por la presión y los nervios, inconscientemente.
En algún momento sentí el intenso deseo de acercarme a la orilla, cuando la ruta lo permitiera, para tratar de poner pie al fondo aunque fuera por un momento, pero logré contenerme. En la enésima pausa, se me ocurrió ver el reloj y me enteré de que ya llevaba nadados casi 1,000 metros. Fue como el toque de una varita mágica. La desesperación y nervios empezaron a irse; conscientemente traté de enfocarme y lo logré; automáticamente empecé a avanzar mucho mejor y más rápido y no volví a detenerme. De todos modos, el daño ya estaba hecho y terminé el tramo de nado en más de 13 minutos por encima del objetivo.


Cuando llegué a la zona de transición, el tramo de mi categoría ya estaba prácticamente vacío de bicicletas . El voluntario me entregó mi bolsa de T1, me cambié rápido y monté en la bicicleta. No había transcurrido ni un kilómetro, cuando un competidor me rebasó en la curva de bajada que hay en el puente de salida, solo para ir a estrellarse con un poste de alumbrado unos metros más adelante. Lo alcancé a ver como levantaba la cabeza con la mirada perdida. Supongo que se golpeó muy fuerte, espero que esté bien.

A partir del kilómetro 10 de la ruta ciclista empezó el Rock and Roll. La subida, primero gentil, después en columpios interminables y, después de la desviación a Huimilpan casi constante y empinada, empezó a cobrar factura en los más débiles. Empecé a rebasar a algunos corredores de mi categoría, pero la ruta es perrísima y en algunos tramos la velocidad no llegaba a los 13 o 14 km/hr. Al terminar las subidas del columpio en turno, se avanzaba muy rápido; llegué a registrar velocidades cercanas a los 60 Km/hr. El pavimento está, en unos dos tercios de su longitud, en buenas o muy buenas condiciones, pero hay algunos otros tramos muy cacarizos o incluso con baches, que hacían la bajada peligrosa, razón por la cual no se podía uno dejar ir y tenías que ir aplicando freno para controlar un poco la velocidad. Después de regresar de la desviación, continuamos hacia Amealco, con otra subida espectacular. Por supuesto que nada comparable a las escaladas que uno ve en la televisión en las transmisiones del Tour de France, pero yo las veía mucho más empinadas. Y las piernas estaban de acuerdo. Era muy difícil mantener un ritmo constante y cuando el columpio terminaba, el descanso era brevísimo, solo para continuar con otro aún más empinado.


Por fin llegó el retorno en el kilómetro 55 y a partir de ahí todo fue emoción a mil por hora. No tanto así llegaba la velocidad, pero el pavimento bueno y la pendiente negativa favorecían las altísimas velocidades y como la carretera estaba cerrada 100% al tráfico, teníamos el camino abierto de brazos para correr. Más de la mitad de los kilómetros restantes fueron de bajada y el resto casi plano, por lo que había que ir atentísimo al camino para no parpadear ni cometer ninguna tontería. La emoción de la velocidad, repito, se iba al tope; el ruido del viento contra el casco se escuchaba espectacular. Fue la porción más emocionante y bonita de toda la carrera. Una experiencia difícil de igualar en ninguna otra ruta, por las características de ésta y sobre todo, por la seguridad que da el saber que no hay absolutamente ningún otro vehículo más que bicicletas y alguna que otra motocicleta en la ruta. Simplemente espectacular.

Desde antes del retorno en el kilómetro 55, se empezó a sentir el rigor de la ruta en las piernas y aunque venía siguiendo al pie de la letra el plan de hidratación y alimentación a base de Gatorade, Gel Gu y Gu Chomps, empecé a sentir algo de pesadez en las extremidades. A pesar de eso, me sentí en general fuerte en el tramo de ciclismo, pero definitivamente el régimen de entrenamiento que seguí, a base de sesiones de circuito prácticamente plano, no es lo mejor para esta ruta.


Al salir a correr, no sentí nada extraño en las piernas. Esa sí fue una excelente señal. La sensación de que las piernas van por el lado y al ritmo que ellas quieren mientras que tú intentas algo totalmente diferente, no apareció. Me sentí de maravilla, pero me asusté. El primer vistazo al Garmin me reveló un ritmo de 4:45 min/km, pero el calor y el solazo ya estaban sintiéndose, así que pensé que más valía trote que dure y ajusté el paso a 5:00. El pavimento de adoquín es muy incómodo y agresivo; yo había decidido correr con los Asics GEL Noosa, en lugar de los Nike Structure. ¡Error, marcó la pizarra!. Muy pronto me empezó a doler la bola del pie derecho (la zona junto al dedo gordo), pero afortunadamente nunca progresó la molestia hasta grados que impidieran correr correctamente.

Hasta el kilómetro 5 o 6 el ritmo se mantuvo parejito en el vecindario de los 5:00 min/km, pero a partir de la recta interminable en la zona que le llaman el "Triángulo de las Bermudas", poco a poco el ritmo se fue a los 5:30, casi sin sentir. Un poco desorientado por el circuito tan tortuoso, me sorprendió un poco que de pronto estaba ya en el kilómetro 10 y mi familia estaba ahí gritando y tomándome fotos y video, justo en la marca de la 1a. vuelta. Pero para entonces, el ritmo ya se iba más hacia el 6:00 que hacia el 5:30. En una competencia de este tipo, tan larga y que se corre a un ritmo menos intenso, el muro se siente diferente; no es como en el maratón, en donde uno literalmente se estrella con la pared. Aquí es paulatino y vas sintiendo como la Pájara es más y más descarada y te va descargando todo su peso paulatinamente. Por momentos, sobre todo cuando tomaba hielo en los puestos de abastecimiento y me lo ponía abajo de la gorra, sentía como el paso se avivaba, pero no por mucho tramo. Supe que el objetivo de las 6:00 horas ya no se lograría; también supe que subir al podio solo había sido un sueño guajiro. Pero me sentía animado, feliz de sentir la certeza de que iba a terminar. Una señora me gritó: "Ánimo, que aunque a gatas, pero llegamos". Yo contesté "Si Señor" y los gritos y porras de allá para acá no se hicieron esperar.


En el kilómetro 18 me alcanzó un corredor ya mayorcito. Rápidamente observé la calca con la "H" en su pantorrilla. ¡Es de mi categoría!. No iba a dejarlo ir. Me pegué a su lado y nos fuimos jalando juntos hasta el puesto de abasto, donde el se quedó unos metros atrás. Para entonces, la euforia ya estaba en talla XXL y el agotamiento ya había pasado al olvido (aunque las piernas no lo sabían y seguían a 6:00). Pero el viejito de la H me volvió a alcanzar ya en el kilómetro 20; tercamente quería llegar a la meta adelante de mí y yo no se lo iba a permitir. Faltaba solo 1 kilómetro y "aceleré". Logré sacarle casi 20 segundos en ese último kilómetro. Pero lo mejor del mismo fue que pronto aparecieron los carriles de llegada; "aceleré" aún más y entré a la meta. Me eché una "apeadita", como dicen en mi pueblo. Más que apeadita, lo que hice fue acostarme en la sombrita, justo después de la meta. Llegó el paramédico y me preguntó si estaba bien. Solo le levanté el pulgar y me dejó reposar. Después llegó un tipo vestido de blanco, con logos de Challenge San Gil por todas partes y, aún yo acostado, me dio un apretón de manos. Lo recibí con gusto: Misión Cumplida.
Lo volveré a hacer una y otra vez.

https://connect.garmin.com/modern/activity/811660137


Tramo de nado, 1.9 Km.- 56:38
Transición 1.- 0:05:54
Tramo de Ciclismo, 90 Km.- 3:15:56
Transición 2.- 0:03:04
Tramo de Carrera, 21.1 Km.- 2:05:12
TOTAL TIEMPO CHIP.- 6:26:46

miércoles, 20 de mayo de 2015

Proyecto Ironman 2015... a 5 semanas de San Gil.

Al mismo tiempo que inicié el año de 2015, me embarqué en la aventura de correr un Triatlón Ironman.

Como primera escala de dicho viaje, Triatlón San Gil será la competencia en la que el próximo 21 de junio, si todo continúa como hasta ahora, tendré mi primera experiencia en la media distancia. Es decir, Triatlón San Gil, con su distancia equivalente al Medio Ironman (70.3 millas), será mi primera prueba de fuego antes de decidir si las fuerzas podrán ser suficientes para ir por la distancia completa y convertirme en Ironman algún día no más lejano que finales de este año.


San Gil no es de la franquicia Ironman propiamente, sino de la familia de Triathlon Challenge. Se trata de una competencia igual en distancias al medio Ironman, pero más difícil. Tal vez sea San Gil el triatlón de media distancia más demandante en México, debido principalmente a los empinados 90 kilómetros del tramo de ciclismo, que se corren en la Sierra Gorda de Querétaro y que debido a su topografía montañosa, se convierten en un verdadero reto difícil de vencer, y más para un novato en estas distancias.

 
Los 1900 metros acuáticos de San Gil se nadan en un lago artificial, sin dificultades mayores que las normales en cualquier triatlón, y el medio maratón que remata la competencia, si bien es casi plano, se correrá con el sol de mediodía cayendo a plomo. En suma, es San Gil un dragón difícil de matar, aún para los experimentados, más para los bisoños como yo.


Mi preparación ha ido sobre ruedas y no solo sobre las de mi bicicleta. Mi nueva socia, una Kestrel Talon 2014, aderezada con rines Shimano Dura-Ace está totalmente adaptada a mi anatomía. Y yo a la de ella. Estoy cubriendo distancias crecientes cada vez y las rodadas largas de los fines de semana ya alcanzaron varias veces las 4 horas y 20 min, que en distancia llegan a los 130 kilómetros. Y a ritmos que a veces me sorprenden. Siendo yo esencialmente un maratonista con mediana experiencia en Mountain Bike, ya un poco empolvada en el pasado, el ciclismo de ruta no es precisamente mi especialidad. Pero con gusto he ido descubriendo que soy bastante competitivo en esta disciplina.


En lo que respecta al renglón del nado, sí debo confesar que solamente logro sobrevivir las distancias, sin poca o ninguna aspiración de acercarme siquiera a la medianía en cuestiones de eficiencia, resistencia y velocidad. Pero aunque el esfuerzo tiene que ser mayor en este renglón, poco a poco también he ido logrando un nivel que me eleve por encima del mínimo de la decencia.

Pero en el rubro de la carrera es donde mi experiencia me debe sacar a flote. Siendo corredor y maratonista desde hace más de 30 años, la carrera ya la traigo integrada de fábrica. Es aquí donde disfruto más y en donde espero tener una buena ventaja competitiva.

Las distancias y los volúmenes de entrenamiento han ido creciendo mes a mes. Abril fue tal vez el mes de más entreno en toda mi vida. Y mayo lo será aún más. Pero sorprendentemente, el cansancio físico y mental no es mayor sino que es una carga que he podido ir llevando adecuadamente en estos últimos 5 meses. El tiempo para entrenar hay que ir a buscarlo y en ese sentido las cosas no han sido fáciles, pero me las he arreglado. Y la motivación va en aumento.

Como parte de mi preparación, el 2 de Mayo pasado corrí Triatlón Monterrey. Una competencia que forma parte de la ITU World Triathlon Series y que tomé como termómetro para checar el avance en mi preparación hacia San Gil. La distancia fue la Olímpica, que son 1.5 kilómetros de nado, 40 de ciclismo y 10 de carrera. El objetivo era acercarme lo más posible a las 2:45 horas de tiempo total. El resultado fue un 2:49, bueno para un 3er. lugar de la categoría de 55 a 59 años. Nada mal para una carrera de preparación.


Con el ánimo renovado después del buen resultado en Triatlón Monterrey, estas dos semanas recién finalizadas han sido de gran volumen de entrenamiento. En especial la más reciente en la que completé 13 horas en 6 días de entrenamiento y 1 día de descanso. La agenda de la semana fue así:

Lunes.- 2.4 km. de nado en 0 Horas : 49 : 04 (repeticiones largas con recuperaciones medias)
Martes (AM).- 25 Km. de bicicleta en el rodillo en 0 horas :50:34
Martes (PM).- 12 Km. de trote ligero en 1 Hora : 10 : 05
Miércoles.- 2.6 Km. de nado en 0:54:08 (repeticiones largas con recuperaciones cortas)
Jueves.- 30 Km. de bicicleta en el rodillo en 0:59:39 + 5 Km. de trote muy ligero en 0:30:20
Viernes.- Descanso total
Sábado.- 27 Km. de trote ligero en 2 Hrs. 33: 34
Domingo.- 130 Km. de bicicleta en ruta en 4 hrs :20:05 + 10 Km. de trote muy ligero en 0 hrs : 51:29

Totales de la semana:
Nado.- 5 kilómetros
Bici.- 185 Kms.
Carrera.- 44 Kms.
Tiempo total.- 12 Hrs : 58 : 58

Quedan 5 semanas paraTriatlón San Gil. Si las lesiones me respetan, espero correr el 21 de junio esta competencia en un objetivo de tiempo de 5 Hrs. 45 min. Cualquier tiempo igual o menor que éste será un éxito rotundo y no tendré pretexto para continuar rumbo al Ironman a finales de año. Si logro correr abajo de las 6:00 hrs. también será un éxito moderado y los planes se mantendrán. Pero si el resultado es de un tiempo mayor a las 6:00 horas, o bien, el sufrimiento se me viene encima durante la competencia, pensaré dos o tres veces y reevaluaré el plan de hacer Ironman este año.


Habrá que poner toda la carne al asador estas 5 semanas y ya veremos lo que nos deparan el destino y Triatlón San Gil.

lunes, 18 de mayo de 2015

El Embrujo de Boston

La ruta del Maratón de Boston es diferente. No solo no es un circuito, sino que es una ruta en bajada, en la que la salida y la meta están separados más de 35 kilómetros en línea recta. En total, de la salida a la meta hay un descenso neto de casi 150 metros. ¿Esto hace que Boston sea una ruta rápida y fácil? Rápida, tal vez. Fácil, ¡No! Al contrario, es una ruta muy difícil y traicionera.

Después de un rápido y ondulante descenso en la primera mitad del Maratón, se llega a Newton, mediana población de no más de 80,000 habitantes. Al llegar a la milla 17, ya en pleno Newton, empieza la porción más famosa y más retadora de la ruta. A partir de ahí y durante aproximadamente 3 millas, empiezan 3 empinadas subidas que preceden a la famosa y temida colina "Rompecorazones". La famosa Heartbreak Hill.



Para muchos, vencer la Heartbreak es la antesala del éxito en Boston Marathon. Para muchos otros, Heartbreak Hill es la entrada a un reto aún mayor: "La Milla Embrujada".

Existen muchas historias en las que se cuenta que la Milla Embrujada es el lugar en donde los grandes protagonistas del Boston Marathon desfallecen. En 1963, Mamo Wolde, campeón Olímpico en el Maratón de México 68, empezó a caminar en la Milla Embrujada después de liderar durante más de 30 kilómetros la competencia. Y como Wolde, muchos otros grandes corredores han sufrido igual ahí.

John "The Younger" Kelly, ganador de Boston Marathon en 1957 y 5 veces segundo lugar, la llama "El Cementerio de la Esperanza Perdida", porque muchos corredores llegan ahí casi a deshacerse.


La Milla Embrujada es casi plana y no es tan intimidante a primera vista como puede ser la colina Rompecorazones, a pesar de que corre por el límite del Cementerio Evergreen en Newton. Entonces ¿qué es lo que la hace tan difícil? Dicen los que conocen bien la ruta de Boston, que simplemente es el punto en donde está localizada; el momento en el que aparece. Después de conquistar con grandísimo esfuerzo las colinas de Newton, que son las más empinadas de la ruta, los corredores caen en la cuenta de que aún tienen por delante por lo menos otras 5 millas antes de llegar a la meta. Una vez que desaparece la euforia de haber conquistado la Rompecorazones, la cruda realidad de que todavía hay por delante casi 10 kilómetros de sufrimiento, con mucha frecuencia destruye el ánimo de los corredores.

Poco después viene "El Anuncio Embrujado". Se trata de un espectacular de la empresa Citgo que está en los últimos kilómetros de la ruta del Boston Marathon. En esos últimos kilómetros de la carrera, de pronto los corredores lo divisan a lo lejos y es desmotivante correr y correr y seguir viendo el anuncio siempre a lo lejos. Los veteranos de esa ruta recomiendan correr rehuyendo mirar el anuncio de Citgo y solo verlo cuando se pasa justo frente a él. Entonces, al dejar el anuncio atrás, según cuentan los maratonistas de imaginación más locuaz, el embrujo del Citgo se transmite al corredor, infundiéndole fuerzas suficientes para correr las últimas dos millas del recorrido.


En mi caso, cuando corrí Boston Marathon seguí los consejos y no miré el anuncio. Vi que apareció a lo lejos, aparté la mirada y no volví a verlo; ni siquiera cuando pasé frente a él. No sentí nunca el embrujo del anuncio sobre mis piernas, ni para bien ni para mal.


Así es Boston Marathon, por lo menos ese es el recuerdo que tengo de este maravilloso Maratón. Una ruta inolvidable, no tanto por sus características físicas, sino por todo el halo que la rodea antes durante y después de la competencia, y principalmente por lo maravilloso de su entorno y de la gente que la corre o que de muchas otras formas participa en este gran evento, The Boston Marathon, el que yo llamo "El Cielo de los Maratonistas".

jueves, 8 de enero de 2015

Proyecto Ironman 2015

Tenía ya varios meses dándole vuelta al tema. Sentía (y siento) que las piernas pierden velocidad y que cada vez cuesta más dolor entrenar a ritmos rápidos; que las lesiones son cada vez más frecuentes y más prolongadas; que el entusiasmo de mejorar mis tiempos en Maratón es algo que ya no se tiene y que el que deja de ponerse retos se muere de a poco en poco. Entonces pensé que tal vez era tiempo de cambiar a objetivos mucho más modestos, como correr el Maratón en el rango de las 3:45 a las 4:00 horas. Y no terminaba de convencerme.

Entonces, me enteré que un par de compañeras del club en donde me inicié en el triatlón (CEENME), estaban entrenando para hacer su primer Ironman en Cozumel, en Noviembre pasado. En un principio pensé, como siempre había pensado, que era demasiado, que un Ironman es para sufrirlo, jamás para disfrutarlo, que nadar, pedalear y correr continuamente durante medio día y más de 226 kilómetros era para locos insensatos. Pero después de ver que una de las dos compañeras terminó Cozumel en menos de 12 horas (tiempo maravilloso para una mujer de 45 años, debutante en Ironman y con quién muchas veces entrené a la par, sin desmerecer), mis pensamientos cambiaron y empecé a pensar que tal vez sí es posible disfrutar un Ironman.


La puntilla me la dio una persona ya mayor, obrero de la planta química en donde trabajo. En alusión a un hijo que acababa de graduarse, mencionó algo que yo había pensado poco antes, aunque con diferentes palabras: "El día en que nos conformamos, ese mismo día empezamos a chupar faros (morir, en lenguaje coloquial mexicano)".

Esa tarde, al estar corriendo en la caminadora, pensé que conformarme con tiempos en Maratón muy por debajo de lo que estoy acostumbrado, era empezar a morir de a poquito. Quizá embarcarse en un proyecto tan loco como ir por el Ironman, era lo que me podría poner nuevamente con el entusiasmo a tope. Y ahí mismo, sobre la banda caminadora, tomé la decisión: Iré por un Ironman. ¡Y así nació mi proyecto Ironman 2015!.


Cambiar de Maratonista y Triatleta de distancias cortas a Ironman no es fácil ni rápido. Por lo menos 10 meses de un cambio radical de régimen de entrenamiento y hasta de estilo de vida tal vez serán necesarios. Y digo tal vez, porque como dije antes, no es fácil prepararse para un Ironman.

Entonces surgió el plan. En Junio será la primera escala de mi viaje Ironman 2015: haré mi primer Medio Ironman en Triatlón San Gil, si Dios me lo permite. No es un triatlón de la franquicia de Ironman, pero es exactamente equivalente en distancias y en exigencias: 1.9 kilómetros de nado en un estanque artificial, más 90 kilómetros de muy difícil pedaleo en una ruta extremadamente ondulada, rumbo a la Sierra Gorda de Querétaro y regreso, para terminar con un Medio Maratón sobre una ruta trazada bordeando un campo de Golf, totalmente plana.


El objetivo ambicioso es correr San Gil en el rango de las 5:30 a 5:45 horas, objetivo que se ve bien dentro de la lógica, de acuerdo a mis capacidades conocidas y a mis tiempos en Maratón y en Triatlones más cortos. Si todo sale bien y continúa bien en los meses posteriores a San Gil, atacaré la etapa final de esta jornada: Ironman Cozumel, en la isla del mismo nombre, a finales del mes de Noviembre. ¿La meta? Me da la tentación de ponerme un objetivo de menos de 13 horas. Pero la prudencia me dice que vaya solo por terminar la ruta. Si salen 13 o salen 15 o 16 horas, el logro será el mismo: ¡Seré IRONMAN!

lunes, 3 de noviembre de 2014

Running Retro

Dicen por ahí que en este mundo lo único seguro es el cambio. Y es verdad.
Todo cambia, para bien o para mal, pero todo va cambiando. Algunos cambios toman años, otros décadas y otros siglos o milenios, aunque también hay cambios intempestivos. Y esto del Running por supuesto que no iba a ser la excepción a la Ley.

Ha habido cambios importantes en este deporte y estilo de vida. Los más han tenido lugar en las formas, porque el fondo es difícil o imposible de cambiar. Correr es una actividad perfecta, por más que los vendedores de humo traten de introducir conceptos rebuscados y contranatura para vender más Nikes o Asics o Sauconys, o bien, para tratar de captar más suscripciones a sus programas de entrenamiento en línea pagados o para justificar sesudas investigaciones doctorales que no hacen sino contribuir a la confusión mercadológica artificialmente creada que rodea el Running. La realidad es que no hay en este simple ejercicio de alternadamente poner un pie delante del otro, mucho que cambiar. El fondo del asunto prevalece intacto. Es tal la maravilla de esta actividad.


Pero lo que sí ha cambiado y a ritmo exponencial, es la forma en la que vivimos nuestra actividad, hoy pomposamente rebautizada como "El Running" y en esta entrada intentaré narrar algunos de los cambios que he visto a partir del ya muy lejano 1983, año en que me inicié como corredor. No intento criticar ni escribo para denostar nada. Es un hecho que mucho de lo que ha cambiado ha sido para mejor. Tampoco puedo negar que yo mismo me he embarcado en esta ola y que en buena medida, estos cambios han contribuido para mantener y exacerbar mi interés en el Running en estos 31 años.


Hoy se dice que corremos contra nosotros mismos. No se trata de vencer a nadie sino de mejorar o superar nuestros tiempos o nuestros objetivos. Hipócrita o genuinamente nos convencemos de que no se trata de vencer a nuestro compañero de entrenamiento o a nuestro rival del gym, pero cuando logramos entrar a la meta primero que él, gozamos intensamente, mucho más intensamente que cuando logramos un RP.
En aquellos lejanos 80's se competía principalmente contra el rival. Las marcas personales eran importantes, pero lo más era ganarle al rival, subirse al podio, obtener el trofeo. Claro que había corredores "recreativos", pero eran la excepción. La mayoría teníamos posibilidades de competir dignamente por el podio y lo hacíamos. La hoy tan simpática y odiada pregunta de "¿en qué lugar quedaste?", era auténticamente temida por los corredores. Cuando el resultado había sido malo, más valía salir de la meta directo a casa, sin encarar a los amigos preguntones.

Hoy es más importante el style de las mallas de lycra o la fluorescencia de los tenis, que la carrera misma. Hace 2 o 3 décadas había en México solo una marca decente de tenis para correr: Los Adidas Marathon. Eran durísimos, la suela resbalosa y con poca o ninguna amortiguación y se usaban para asfalto, para pista (de tierra o arcilla, pues el tartán era un lujo sumamente escaso), o para cualquier otra superficie, pero las quejas por la fasciitis o la periostitis eran las mismas que hoy. No más, no menos. Los pronadores eran una especie desconocida y los supinadores otro eslabón perdido y no por ello había legiones de corredores lesionados, como nos sentencian los "expertos" si no usamos las zapatillas adecuadas a tu tipo de pisada, peso, ritmo, tipo de carrera, estado de ánimo, etc., etc. Los que teníamos unos Adidas Marathon éramos privilegiados, pero las zapatillas super ligeras, de piel, con solo dos tiras azul y roja y no tres, como los Adidas, eran lo más generalizado; su suela de baqueta no tenía más de dos milímetros de espesor y el talón tal vez otros dos. Nadie se complicaba la vida decidiendo cuánto drop era el ideal para su tipo de zancada. Tampoco había opción de escoger ni de publicar en Facebook el modelo de tenis seleccionado para correr el próximo Maratón y en aquellos tiempos de control de cambios e importaciones prohibidas, el que tenía unos Nike era tal vez corredor de élite.


En los años 80's no había GPS. Los Garmin y los Suunto no estaban todavía ni en los sueños más mariguanos de los científicos del MIT o de la NASA. Las distancias se medían con el odómetro del auto, si eran en ruta, o por vueltas a la pista. De modo que los ritmos de carrera siempre se corrían relativamente al feeling. Y digo relativamente, porque el competidor del frente era la referencia. Tratabas de aguantar el ritmo o superarlo, si podías. Y si no... bye, bye, Balboni. De modo que los Garmin no existían, pero ni quién los necesitara. Porque además se entrenaba en la pista, en grupo y corriendo como con el demonio adentro. Aquello de "easy run" no existía. Se entrenaba siempre a morir y con la filosofía de moda: "No Pain, No Gain". El cronómetro era solo testigo fugaz en cada vuelta, pues no había ni forma de registrar o grabar los tiempos, a menos que la bestia que tenías por entrenador se dignara anotar y gritar los parciales de vez en cuando. Hoy, si llegaras a olvidar el Garmin para un Maratón, sería una verdadera tragedia. No habría para muchos forma de establecer un ritmo adecuado y morirían de tristeza al no poder compartir la actividad completa y con mapa en el "Face" o en el "Garminconnect".


La inscripción a un Maratón o a una carrera importante era muy sencilla. Llegabas el sábado previo, siempre y cuando no fueran todavía las 8 o 9 de la noche y te entregaban tu paquete del corredor inmediatamente. Nada de inscribirse, como ahora, 4 o 6 meses antes por internet; hoy día casi es necesario hipotecar tu alma al diablo para conseguir un lugar en los más prestigiosos Maratones. ¿Y todo para qué? ¡para que al final, un montón de bandidos se acaben el abastecimiento!
Pero en las carreras de hace 2 o 3 décadas siempre había lugares disponibles, aún para los que llegaban de otras ciudades a inscribirse a última hora. Las muy caras costaban tal vez el equivalente a $8 dólares o menos, pero las de bajo perfil, que se corrían todos los sábados o domingos, costaban menos de $1 dólar. ¡Y con camiseta incluida!
Los números eran impresos con serigrafía, generalmente en papel simple o en manta y no había números personalizados ni con tanta publicidad. En muchas competencias los entregaban minutos antes del disparo de salida.

Un día antes del entrenamiento de gran fondo había que ir a la ruta planeada a "sembrar" el abastecimiento. Bolsas de agua simple cada 5 kilómetros o cada 10, según la distancia total planeada. No había Gatorade, por lo menos no en México. Mucho menos Gel con o sin cafeína, ni Sport Beans ni Gu Chomps ni nada por el estilo. Los más tecnificados, preparábamos una especie de limonada semi-salada, preparada en agua mineral y con una pizca de azúcar, que hacía las veces de isotónico y que funcionaba aceptablemente. En los Maratones, el abasto consistía exclusivamente de agua simple. Cientos de "bolis" eran repartidos entre los participantes y eran mucho más fáciles de consumir que los líquidos que hoy reparten en vasos de cartón.

Años atrás lo importante era el "Running" y nada más. Hoy, el culto al cuerpo y a la imagen son lo esencial y el consumismo se ha apoderado de nuestras mentes "runneriles" y ha cambiado nuestras prioridades. Tal vez sea mejor así, no lo se. Cada cabeza es un mundo y cada quién tiene sus motivadores. Lo que es un hecho es que hoy el "Running" está más vivo que nunca. Jamás se habían visto las cantidades de corredores en un Maratón, como por ejemplo los 50,000 que corrieron en Nueva York el pasado fin de semana. Eso tal vez es señal de que la forma en que los corredores asumimos nuestra afición hoy día es mucho mejor para nuestro deporte que lo que era hace años. O bien, que los medios de todos tipos, al servicio del deporte, han logrado una penetración tan intensa en la población, que ha impulsado de esta manera el gusto por correr. ¡Enhorabuena!

lunes, 1 de septiembre de 2014

Otra Vez la Burra al Trigo

Después de más de 4 meses de correr sin objetivos muy claros, parece que por fin ahora estoy encontrando nuevamente el camino.
Y no es que no haya tenido ni motivación o ganas, sino que he pasado por circunstancias adversas que me han absorbido tiempo, fuerzas y prioridades. He abortado planes de competencias y de entrenamiento y los he vuelto a hacer varias veces.
No obstante, antes de esta racha, había logrado mantener una buena base de forma aeróbica a base de algunos pocos trotes muy ligeros, de mucho rodaje en la bicicleta, tanto en el turbo como en la ruta y de uno o dos nados por semana. Esto me ha permitido mantener el peso corporal a raya y no reiniciar desde cero mi preparación.

Así que ya entrado el mes de Julio, finalmente logré embarcarme en un programa de entrenamiento más serio. Finalmente, fue Julio el mes en el que por fin logré regresar a un total de tiempo de entrenamiento decente. Fueron en dicho mes un total de 28.4 horas de entrenamiento que incluyeron apenas 3.11 horas en la alberca, 16.4 horas en los pedales y 8.9 horas corriendo (trotando ligero, más bien).


Para Agosto las cosas siguieron mejorando. El acumulado de tiempo total de entrenamiento casi llegó ya a los niveles del mes previo al Maratón de Boston. En total fueron 33.5 horas, de las cuales casi 4 fueron de alberca, 15 de pedaleo y 14 de carrera.

Pero la mejor noticia es que estoy volviendo a disfrutar el entrenamiento como pocas veces. Una vez con mis problemas personales, familiares y laborales en un mejor estatus, he recuperado el gozo que debe sentirse antes, durante y después de los entrenos. Los ritmos a los que estoy entrenando también ayudan; más vale trote que dure... ¡y sí!. No se progresa igual en la forma atlética entrenando a ritmos cómodos, pero el disfrute definitivamente que sí es mucho mayor que cuando se entrena con la lengua afuera. Y ni qué decir de las lesiones, que te respetan como el zancudo al repelente.
Pero si bien este nuevo enfoque mucho más tranquilo que estoy dando a mi entrenamiento es más moderado en ritmos, no lo es en volumen, pues estoy ya en niveles de alrededor de 35 horas de entrenamiento mensuales, en 6 días por semana y planeo mantenerme en esos niveles lo que resta del año.


El objetivo principal que tengo planteado es Maratón Monterrey, el próximo 14 de Diciembre. Antes, planeo repetir podio en el Campeonato Nacional de Duatlón en Toluca, el próximo día de la Raza (Oct. 12), como Objetivo Competitivo Secundario. Y como competencias de preparación, correré Medio Maratón Querétaro el 5 de Octubre, para posteriormente " ir a sufrir" un fin de semana a Acapulco y correr el Medio Maratón de la U. de Gro. el 9 de Noviembre.

Estaría feliz si en Monterrey lograra un Sub - 3:30. Pero dadas las características del programa de preparación que estoy siguiendo, no estoy seguro si daré para mantener un paso de 5:00 min/km durante los 42 kilómetros. Suerte que soy casi sexagenario y mi tiempo clasificatorio para Boston 2016 es de "solamente" 3:40, así que ese tiempo será mi objetivo formal para Monterrey.

Pero faltan todavía más de 3 meses para Maratón Monterrey. Espero que todo se acomode y yo pueda continuar con mi enfoque actual de entrenamiento, que consiste en 4 sesiones de carrera, 4 sesiones de bicicleta (2 en el turbo y 2 en la ruta) y 2 sesiones en la alberca semanales. Si todo sale bien y las lesiones me siguen respetando, veremos si este enfoque un poco más "senil" de entrenamiento da los resultados esperados.

viernes, 25 de julio de 2014

Se Acabó el Mundial... Tiempo de Entreno.


Después de varias semanas o meses de ni siquiera pararme por mi blog, ya no se diga escribir pendejadas en él, hoy me llegó la vena de manera sorpresiva.

Han sido ya dos o tres meses de entrenar sin una meta fija. Metas he tenido, pero las he cambiado a contentillo estos meses recientes. Por molestias en todas partes, por baja de forma o por poco tiempo disponible para entrenar, pero el caso es que no he dado pie con bola. Planeé correr Maratón a finales de Junio, pero al no avanzar como hubiera querido en mis programas de entreno, reduje el reto a solo Medio Maratón. A la hora de la verdad, llegó la fecha esperada de la carrera y no la corrí. Por razón válida de índole familiar, pero el caso es que del Maratón que había planeado, terminé corriendo un relampagueante 0 K.

Después cambié a modo Triatlón, buscando prepararme para refrendar mi podio del año pasado en Triatlón Querétaro en Septiembre, solo para enterarme a los pocos días de haber iniciado mi programa, que este año Querétaro no se correrá. Y otra vez a cambiar el chip...

Hoy tengo en puerta la segunda edición del Campeonato Panamericano de Duatlón, que se celebrará en 2 semanas, siendo en esta ocasión el evento sede el Duatlón Cd. de México. El año pasado me colé como pude al 3er lugar de mi Categoría en este serial y este año espero mejorar.

De modo que hoy día estoy corriendo poco, nadando menos, pero rodando muchísimo desde hace ya unos 30 días.

Pedaleando:
La semana que terminó el domingo pasado metí un total de 279 kilómetros de rueda. En ésta, el volumen total bajará a unos 260, pero la próxima, que es una antes del Duatlón, espero arañar otra vez los 280 o 300 kilos. Entre semana no hay día que meta menos de 30 kilómetros pedaleando en el rodillo (excepto los viernes, que descanso total) y los fines de semana acumulo 120 kms o más en la ruta entre sábado y domingo. Siempre a ritmos promedio de 30 km/hr como mínimo, pero llegando hasta los 33 k/h o más en la salida de los sábados.

Corriendo:
Corro poco estos días, como he dicho. En parte porque me anda consumiendo mucho tiempo la bici y en parte porque quiero llegar a 4 meses de descanso activo en lo que al running se refiere, antes de empezar la preparación seria rumbo a mi próximo reto maratoniano: Maratón Monterrey 2014, en Diciembre. Ando pesando casi 78 kgs., unos 4 por encima de mi ideal. Y es en la carrera donde se resiente más el exceso de tonelaje, así que los ritmos me los guardo, pues para vergüenzas no gana uno. Y en volumen tampoco. Los 31 kilómetros repartidos en 4 trotes la semana pasada no son nada del otro mundo (ni de éste).

Nadando:
El nado ha estado un poco dormido estos dos meses más recientes. Había estado en la alberca una vez a la semana, si acaso. Y digo que había estado porque ha sido casi solamente mero acto de presencia en la alberca, pero de entrenar, muy poco. No fue sino hasta hace un par de semanas que inicié a meter un poco más de distancia en la nadada y vaya que me ha costado uno y la mitad del otro ojo. La alberca es muy celosa y la poca continuidad en el entrenamiento en serio que se paga caro. De cualquier forma, en lo que resta del año solo haré distancia y algo de técnica, pero será hasta Diciembre, después de correr Maratón Monterrey, cuando vuelva a entrenar con más seriedad, tal vez para volver al ruedo en algún Triatlón de bajo perfil en Febrero o Marzo.

De modo que así están las cosas. Me he distraído mucho pero, como el título de aquella extraordinaria película de hace 1 o 2 décadas, ya es Tiempo de Matar. Espero que en este retorno al entreno fuerte las lesiones me respeten, pues he pasado por una racha desastrosa en ese aspecto los últimos 15 meses. Espero también que en la parte laboral todo marche bien para poder tener el ánimo y el tiempo de entrenar intenso y extenso. Y si todo sale bien, espero contaros mi éxito en Duatlón Cd. de México en unos 15 días y en Maratón Monterrey en Diciembre.

martes, 6 de mayo de 2014

Vuelve el Águila Negra

Vuelve el Águila Negra...

Ese era el título de una película mexicana de los años 60's, en la que primero Antonio Aguilar y posteriormente Fernando Casanova personificaban a un héroe de la campiña mexicana, anónimo, enmascarado, con tremendo par de pistolas vaqueras en el cinto, ataviado todo de negro y que era el azote de los malvados, paladín de la justicia y, por si fuera poco, sueño húmedo de toda fémina sesentera.
Encarnando a ese personaje, Antonio Aguilar hizo no se cuántas películas. Después del éxito fenomenal de la primera de la interminable serie: "El Águila Negra", llegaron Vuelve el Águila Negra, La Venganza del Águila Negra, El Hijo del Águila Negra, La Caida del Águila Negra, El Retorno del Águila Negra y no se cuántos títulos más o menos parecidos.


Eran aquellos tiempos lejanos en los que al calor de la aventura que se desarrollaba en la pantalla, los pueblerinos fans aplaudíamos a rabiar cada que el héroe enmascarado se agarraba a trompadas en la cantina con el bandido en turno o cada vez que, después de ser emboscado, se levantaba herido solo de un rozón de bala en el hombro y escapaba entre una lluvia de balas. O cuando aparecía su silueta en el horizonte, con su caballo relinchando, antes de acudir al rescate de la muchacha secuestrada por los bandoleros. O incluso cuando el Águila le cantaba a la musa de la película una de sus más candentes canciones campiranas.


En todas las cintas, El Águila Negra terminaba muerto o desaparecido. Pero la cortinilla final de la película era una canción del propio Águila Negra que terminaba diciendo: "...Les dice hasta luego Antonio Aguilaaaar". Eso era implícito aviso de que El Águila no había muerto realmente y que próximamente aparecería en el siguiente episodio en las pantallas de los cines de todos los pueblos en México. Y por supuesto, al escuchar aquel estribillo final, los espectadores desgranábamos tremendo aplauso.




En mi caso, yo no soy el Águila Negra ni mucho menos me atrevería a compararme con tan inconmensurable héroe popular del siglo pasado, pero emulando a aquel fantástico personaje, lo que sí estoy haciendo en estos días es volver. Volver a los entrenamientos.

Después de correr Boston Marathon el reciente 21 de Abril y terminar con un esguince en el tobillo derecho, invertí las siguientes 2 semanas en descansar y recuperarme. Me dediqué a hacer algo de nado y algo de bicicleta fija, principalmente, así como a ir con el fisio a terapia con pulsos eléctricos y ultrasonido. Hoy el tobillo no está totalmente recuperado, pero diría que voy en un 90% o más, así que el día de ayer Lunes ya hice 1 hora de caminata vigorosa, alternando 3 minutos caminando por 2 minutos de trote muy ligero. Ya para la siguiente semana espero retomar el trote continuo e iniciar con un programa más formal de entrenamiento.

Tengo por delante Medio Maratón Tangamanga en San Luis Potosí el próximo 22 de Junio. Posteriormente, cambiaré el ship y me lanzaré al reto de conquistar podio en Triatlón Tequesquitengo el 26 de Julio, cosa bastante probable; para después atacar el reto aún mayor, de también conquistar podio en Triatlón Veracruz - Boca del Río en el mes de Agosto, en donde las probabilidades de triunfo o podio son mucho pero mucho menores, pero existen.

Esos son los buenos deseos. Y digo buenos deseos, porque estoy en una mala racha que ya dura más de un año, en la que las lesiones y accidentes no me dejan en paz. Empecé en febrero del año pasado con un accidente de bicicleta en Triatlón Valle de Bravo. Después en Abril ya de este año, en Lomas Raquet 15K fui a dar con mi humanidad al suelo cuando solo había transcurrido 1 kilómetro de competencia, con el resultado de traumatismo en rodilla derecha con pérdida de líquido sinovial y 2 meses alejado del running. Después vino mi problema de tendinitis en Noviembre, que otra vez me paró dos meses, para rematar con el esguince en el kilómetro 16 de Maratón de Boston hace apenas menos de 3 semanas.

Ya les estaré contando.

viernes, 25 de abril de 2014

Mi Boston Marathon 2014, el Cielo Maratoniano. Parte II

Había que llegar a Boston Common antes de las 7:00 de la mañana, para tomar la primera de las 2 oleadas de autobuses que me correspondían y ser llevado a Hopkinton, lugar donde está la salida, o bien, lugar donde "Todo Inicia", según las palabras de los habitantes de ese pequeño pueblo que cada año se convierte en génesis del Boston Marathon.

En el trayecto del hotel hacia Boylston Street, acompañado de mi esposa y mis tres hijos, no pude dejar de sentir nervios. Íbamos todos en silencio y el único que hablaba era el GPS. Pero Saritah pronto empezó con el relajo, como siempre y rompió la tensión. En menos de 30 minutos llegamos a la estación de bomberos en Boylston Street, en donde estaban puestas las barreras que impedían a los vehículos seguir avanzando; me bajé del auto y lo mismo hizo Ruth, mi esposa. Me dio un abrazo y un beso y la emoción hizo crisis. Terminé de abrazar rápidamente a mis hijos y emprendí la caminata de aproximadamente 1 milla hasta la zona de abordaje de los autobuses.


Logré acomodo en uno de los autobuses de más al frente. Todo estaba perfectamente planeado, sin aglomeraciones, sin empujones; prodigio de organización y logística en un evento de 36,000 almas. A las 7:30 en punto, justo como estaba programado, arrancamos rumbo a nuestra reunión con la serpiente de 42 cabezas.

Avancé caminando rumbo a la Villa de los Corredores. Había dos grandes áreas, cada una con una enorme carpa para protegerse del sol, o más bien, para desprotegerse del frío. Elegí un lugar junto a varios corredores y corredoras que descansaban como lagartijas tomando el sol, tirados en el pasto sobre hojas térmicas. Al poco rato el llamado de la naturaleza me hizo levantarme e ir a buscar los sanitarios. ¡Imposible!. Calculé rápidamente unas 100 casetas solamente en la sección en la que había escogido esperar y en todas había una cola de tal vez 50 o más corredores. Parecía que a los 36,000 maratonistas nos habían dado ganas de mear al mismo tiempo. No me quedó más opción que buscar el lugar más protegido de la vista de corredoras para cumplir el obligado ritual, rodeado de otras docenas de corredores (¡y corredoras!) que habían decidido irse por la libre, igual que yo.
A pesar de que se sentía frío, en realidad las condiciones del clima eran las ideales para correr Maratón. Unos 8 grados centígrados a la hora de la salida de mi oleada, sin viento y con un sol esplendoroso que la temperatura ambiente tan benigna hacía que no afectara tanto.


Muy pronto los del micrófono dieron la instrucción a mi oleada (la 2a) de avanzar primero hacia los espacios intermedios y después rumbo a los corrales de salida. Ya me había deshecho de la toalla que hizo las veces de cobija-colchón y me fui quitando paulatinamente y depositando en las bolsas mientras avanzábamos, primero los pants, después el sweater, la camiseta de manga larga, los guantes, la boina, hasta quedar con solamente mi camiseta de dry fit sin mangas y mi short de competencia. La llegada a la línea de salida fue un poco desconcertante, pues al llegar ahí yo esperaba que hiciéramos una pausa, se aglomerara la gente impaciente a la espera que dieran la salida y entonces se escuchara el disparo. Pero no, directamente como íbamos llegando a la línea, íbamos iniciando, sin disparo ni nada. Así, de pronto me encontré corriendo a buen ritmo y entonces lo supe: ¡Estaba ya corriendo Boston Marathon! No se si fui solo yo el que no escuchó el disparo, pero a final de cuentas funcionó perfectamente, pues evitó aglomeraciones y molestias a los corredores.

¡Y allá vamos!. Ya que me cayó el veinte de que la competencia había iniciado para mí, la euforia me invadió. Levanté los brazos y alcancé a gritar algo como "vámonos" o algo así que ya no recuerdo. Había muchísima gente observando, aunque no tanta como en el resto de la ruta, y extendiendo sus manos para chocar palmas con los corredores. Yo me tendí al lado derecho y empecé a chocar five con todos, hasta que poco a poco la emoción fue cediendo, la respiración haciéndose más laboriosa y controlar el ritmo fue siendo la prioridad.

La salida es una bajada pronunciada. Ya estaba advertido de no desbocarme en los primeros kilómetros, en los que la pendiente es a favor y muy empinada, así que trataba de controlar mi ritmo. A pesar de la gran cantidad de corredores, había suficiente espacio para correr cómodamente, sin estorbarse mutuamente con otros y era posible establecer un paso relativamente independiente de los demás.

El plan era hacer un 3:40. La estrategia para lograrlo era correr a 5:00 min/km los primeros 25 kilómetros, hasta Newton, en donde empiezan las subidas y de ahí en adelante, trabajar en función de sensaciones y según respondieran las piernas y las reservas.

Pero era difícil concentrarse. Mi nombre escrito en el frente de mi camiseta, invocaba continuamente los gritos de la gente, que mal-pronunciaban muchísimas veces Yerardou,, Gerarrrrdo, Geraldo, Yerard y casi cada vez una forma diferente. Yo contestaba cada vez que escuchaba mi nombre, con un ¡Yeah!, o un ¡Yes!, o cualquier otro gruñido y eso encendía los gritos del grupo de espectadores. Literalmente, cientos de manos se tendían hacia los corredores y yo no podía evitar chocar palmas con muchos. Con algunos, era tan intensa la palmada que me hacían un poco perder la forma. Pensé varias veces "ya no", pero en la próxima curva, el entusiasmo y la euforia me orillaban nuevamente hasta junto a los cientos de manos y seguía palmeando. Hasta que entendí que la energía gastada en chocar palmas y contestar a los que gritaban mi nombre, era demasiada. Pero no siempre lograba contenerme y no dejarme llevar por el entusiasmo de la gente.


Los primeros 5 kilómetros salieron de acuerdo al plan. El 25:03 fue exacto, a pesar de las dificultades para concentrarme. Y la línea de los 10K llegó a los 50:22. ¡Casi perfecto!. Después de ahí, la ruta se aplana un rato. Por algunos kilómetros, no hay más bajadas pronunciadas y es posible, ahora sí, medir el ritmo de a deveras, en el plano, sin guajes para nadar. Y yo me siento bien, con fuerza, con esa sensación de ligereza que tanto me gusta. Para Boston evité entrenar en pendientes, por la lesión de mi rodilla y esos primeros 10K han sido los primeros en bajada en muchos meses. Y mira que son pronunciadas las bajadas. No es algo que me preocupe, todavía, pero sí se resiente el golpeteo en los cuadriceps, sorprendentemente un poco más en el izquierdo, que es mi lado "sano".

Poco a poco he ido logrando más concentración y el foco es cada vez más hacia emparejar el ritmo. En la bajada la frecuencia de pasos se sentía baja y me preocupaba que estuviera alargando mucho la zancada. Ahora voy corriendo con paso un poquitín más corto, pero más frecuente; y en el plano se siente mejor. Cada vez hay más gente en la ruta. Hay, literalmente y sin exagerar, miles y miles de personas de todas las edades gritando, mostrando carteles de ánimo o chuscos, chocando palmas, ofreciendo fruta, naranja, agua, dulces y animando a los corredores. Cuando veo a algunos pequeñitos extendiendo sus manitas, me inclino un poco para chocarlas, pero ya solo contesto con un "Vamos" o con un "Sí Señor" cuando escucho bien pronunciado mi nombre, señal de que es un compatriota o algún latino el que me grita. Llega el kilómetro 15 en 1:15:45; y el ritmo sigue parejito. Me sigo sintiendo muy bien, la rodilla no es tema y ni la siento y empiezo a fantasear en que tal vez, tal vez pueda atacar el 3:30. Pasando Newton decidiré. O bien, decidirá Boston Marathon.

Después de pasar la marca del kilómetro 16 me empiezo a distraer mucho nuevamente. Empiezo a sentir la euforia de ir a ritmo, en piloto automático y disfrutando de la maravilla que es el apoyo de la gente y vuelvo a mi querencia: chocar five con todo el que me extiende la mano. Hay un tramo en el que la carpeta asfáltica está incompleta en la orilla; parece que reencarpetaron solo una parte y quedó un pequeño borde o especie de escalón de unos 3 centímetros de alto a lo largo de la orilla de la ruta. Voy corriendo como a 1 metro del borde, chocando palmas. De pronto, no se si yo me acerqué demasiado al borde o la línea del borde se mete un poco más hacia el centro de la carretera y quedo con el borde justo abajo de mí. Al dar el paso, el pie izquierdo cae en la parte baja del pequeño escalón, sin problema, pero piso enmedio del borde justo con la mitad del pie derecho. Se dobla mi pie con fuerza hacia adentro y siento como una descarga o toque eléctrico, como si hubiera tocado un cable con corriente. Sentí como el "toque" eléctrico recorrió instantáneamente desde el tobillo hasta la rodilla e inmediatamente después se hizo presente el dolor intenso.

No paré de inmediato, sino que continué con un trote lento, tratando de averiguar si el dolor pasaba y todo quedaba en un susto, pero no. El dolor se hizo cada vez más intenso hasta que tuve que parar por completo. Me senté en la barrera lateral metálica de la carretera, esperando que disminuyera el dolor, pero no fue así. Retomé el trote muy lento, llegué al puesto de abastecimiento del kilómetro 17, saqué de la bolsa de mi short un par de tabletas de Paracetamol y me las tomé. Pero el dolor no cedía. Pensé que no podría terminar la carrera y el desanimo me invadió. Paré nuevamente, decidido a abandonar, pero volví al trote a los pocos segundos y así varias veces. Entonces, desee intensamente poder terminar la carrera, como no recuerdo nunca haber deseado tanto cualquier otra cosa.

Empecé a probar un ritmo un poco más rápido, aún con el dolor que me taladraba el tobillo, desanimado y pensando que todo acabaría muy pronto. Y en eso, ya casi en la marca  del kilómetro 18, los alcancé: era el Team Hoyt, trotando lenta pero inexorablemente. Después supe que habían arrancado entre la oleada de las mujeres élite de las 9:30 y la oleada No. 1 de las 10:00 hrs. Me acerqué, toqué en un hombro al Sr. Hoyt y le aplaudí al Junior.

Entonces decidí que no importaba que terminara con el tobillo deshecho, pero que iba a completar la ruta, así fuera empinado, a gatas o arando con el hocico el pavimento. Si estos 2 tipos, con todas sus colosales limitaciones han completado juntos tantos Maratones y Ironmans ¿Iba yo a ser tan puto como para dejar que una torcedura de tobillo me fuera a detener a mí?. Boston y yo nos merecemos otra cosa.


Entonces y por si haber corrido un momento con los Hoyt hubiera sido poca cosa, antes de llegar la marca del kilómetro 20 el ruido y el griterío se hicieron más intensos. Eran las chicas del Colegio Wellesley, que cada año durante muchas décadas, ponen el ingrediente más entusiasta en la ruta del Maratón. Muchas ofrecían la mejilla para que los corredores les plantáramos un beso. "Kiss me, I'm a freshman" o "Kiss me, my boyfriend is not here, is running the Marathon" o "Kiss me, I'm herpes free" y muchos letreros más hacían las veces de propaganda, buscando que los corredores nos detuviéramos a plantarles un beso a alguna de las muchachas. Yo no me pude quedar con las ganas y caí en la tentación de plantarle un beso tronado a una negrita preciosa. Pero ese griterío, ese cariño a su Maratón que estas niñas expresaban a borbotones y ese cariño que le mostraban a toda esta bola de extraños que invadíamos su territorio, tal vez hicieron el milagro.


Milagro de la mente, milagro de Dios, milagro del Paracetamol o simplemente poca gravedad de la lesión, no lo se, pero poco a poco, el dolor fue disminuyendo aunque nunca dejó de ser intenso. No se si fue el Team Hoyt o Wellesley o el intenso deseo de terminar la carrera o todo junto, el caso es que paulatinamente mi ritmo se fue acercando nuevamente a la normalidad. Para la marca del Medio Maratón, nuevamente estaba corriendo a ritmo no muy lejano a los 5:00 min/km.

Del kilómetro 15 al 20, tramo en el que me sucedió el percance, mi tiempo se fue de los 25 minutos que venía promediando cada 5 kilómetros, a más de 29 min. Perdí en ese tramo por lo menos 4 minutos que me hicieron falta cuando la carrera se hizo adulta. Pero ya había pasado el kilómetro 21 y me sentía mucho mejor. El dolor, aunque aún intenso, lo era menos que en primera instancia. Del 20 al 25 hice 26 minutos, y lo mismo del 25 al 30. Todavía un poco lento, pero en parte debido a que ya habían empezado las subidas de Newton. Pero lo más mejor, si tal cosa existe, era que mi zancada era ya (casi) normal, a pesar del méndigo dolor del méndigo tobillo.

No recuerdo exactamente el kilómetro, pero debe haber sido por ahí del 28, antes de las colinas de Newton, cuando alcancé a ver adelante de mí a un corredor muy alto, con el rótulo de España en su espalda. Era Tomás Soria, conocido bloguero español. Me acerqué, nos dimos un apretón de manos pero no hubo oportunidad de más. Fue un gusto saludar a este personaje español.

Solo hasta cuando ya estuve en el hotel noté la gran inflamación en el tobillo y durante la carrera solo sentía una sensación de adormecimiento desde la espinilla hasta el pie. Pero estaba ya en las colinas de Newton y me sentía físicamente muy bien, con el ritmo cardíaco en 125, que es aproximadamente mi 80%. Las subidas no se sentían demasiado pesadas, pero faltaba la más difícil: La Colina Rompecorazones o The Heartbreak Hill, como la nombran los gringos.

Las colinas de Newton son tres. La primera es la más larga y empieza en el kilómetro 25 aproximadamente y me pareció la menos empinada. Me sorprendí ya a mitad de la misma, pues era tal mi entusiasmo por sentir "bien" el tobillo nuevamente, que no me di cabal cuenta cuando empecé a subir. Después viene una bajada muy pronunciada, que me trajo nuevamente a la realidad, pues el dolor en el tobillo que me provocó la pendiente, casi me hace gritar de nuevo. Después viene la segunda subida, más inclinada que la primera, que es como en dos partes, con un pequeño descanso casi a la mitad. Eso me hizo pensar que ya había terminado con las 3 famosas colinas de Newton, cuando en realidad aún faltaba la Rompecorazones. Le dije a un tipo con camiseta alusiva a Canada que iba corriendo a mi lado "That was easy". Pero entonces se apareció la Heartbrake, que sí lo es. Una verdadera Rompecorazones, no tanto por su inclinación, que las hay en México más empinadas, sino porque la toma uno después de casi 5 kilómetros de venir trepando cerro y después de 30 o 32 kilómetros totales de ruta. Pero me sentía maravillosamente bien (salvo por el bendito tobillo, que ya nunca dejaría de doler en toda la ruta), y me di un lujo que después pagué muy caro: subí sin pensar que había futuro, a galope tendido. Al llegar a la cima, quise gritar, pero me contuve y me conformé con acercarme a la banqueta a chocar five con los que ahí estaban. Me vino a la mente la frase que había leído en una crónica de Boston Marathon 2012: "Heartbrake, that's all you've got?"


La ruta es ahora casi totalmente plana y sigo sintiéndome bien; veo el ritmo que marca el Garmin y empiezo a hacer cálculos mentales. El kilómetro 33 fue perrísimo, de subida y aún así sale en 5:11. Pero del 33 al 34, justo en la Rompecorazones, me despacho con la cuchara grande un 6:04, que no es tan malo como el número frío sugiere, pues subí muy fuerte y remato con un kilómetro 35 en un alentador 4:57.

El acumulado a los 35K es de 3:04. Si logro mantener un ritmo de 5:00 min/km en los 7 kilómetros casi planos que faltan, lograré el ansiado 3:40, clasificatorio para Boston '15. Pero ya no me siento tan fuerte. Después de los 35 empiezo a perder impulso. Inevitablemente y aunque trato de mantener alto el esfuerzo y el ritmo, el Garmin indica pasos más lentos cada vez. Más cálculos matemáticos se generan cada minuto en mi cabeza que en el procesador de una computadora.

El Anuncio Embrujado:
El anuncio de CITGO está al frente. Es un anuncio de los llamados espectaculares, de una empresa petrolera que está por el kilómetro 38, si mal no recuerdo. Me habían dicho que no lo viera. Está en una recta y el anuncio se ve al fondo y es desmotivante correr y correr y nunca llegar frente al anuncio. Yo lo vi de inicio y cuando volví a levantar la mirada, el anuncio ya no estaba.


Los kilómetros 36 y 37 salen todavía decentes a 5:12 y 5:14. Pero el kilómetro 38, el del anuncio embrujado, que es totalmente plano, sale a 5:53. Ya no siento el tobillo lastimado. Es una sensación extraña parecida a como cuando al despertar, se tiene una pierna o un brazo dormido. Intento subir el ritmo lo más que se pueda, pero las piernas no dan mucho más. Se sienten pesadas. Siento que un chango enorme se me trepó en el lomo; y no avanzo, no avanzo como quisiera.
Echo mano de todos mis trucos motivadores. Pienso en mis seres más queridos, los presentes y los ausentes. Dedico mi carrera a los ausentes y trato por todos los medios de revivirme; y de algo sirve, pues el kilómetro 39 me renueva las esperanzas. Sale en un no tan malo 5:21. Pero fue una ligera bajada (el 39) y al aplanarse la ruta otra vez, el 40 sale nuevamente muy lento: 5:55.


Los últimos dos kilómetros fueron una mezcla de euforia y sufrimiento.   La multitud ya enorme aquí. Cientos y miles de gentes aglomeradas en las aceras, gritando y apoyando. Estoy a punto de terminar y se supone que deba ir apachurrado, pero voy eufórico. Eufórico pero lento. Juro que intenté con todas mis fuerzas regresar a ritmo, de verdad lo juro, pero fue inútil. Ningún esfuerzo o pensamiento fue suficiente para retomar un ritmo de competencia.

Estoy en Hereford Street, a más o menos un kilómetro de la meta; la vista de una bandera de México extendida en la acera, me reanima y los compatriotas me identifican por mi banderola en el pecho, me gritan mi nombre y me animan. Llego a la esquina con Boylston, doy vuelta a la izquierda... ¡Y allí está la meta!, todavía un poco perdida en la distancia, pero allí está. ¡Y ahora sí!, mi ritmo mejora. Levanto los brazos y me animo yo solo. Estoy en el Olimpo de los Dioses del Maratón: La Meta de Boston Marathon está a la vista.


Pocos metros después de tomar Boylston, reconozco a mi gente del lado derecho. Saritah, la fotógrafa de la familia, que por cierto logró tomas espectaculares, fue la primera en hacer contacto visual. Nuevamente la euforia se desborda a niveles espectaculares. La emoción se acumula, pero diferente que cuando me despedí de ellos temprano en la mañana; ahora siento euforia, alegría, ganas de que esto nunca termine. Veo como me gritan, pero sus gritos se confunden con los de otros cientos de personas y no los oigo; de cualquier forma, respondo igual. Siento ganas de reir y gritar y lo hago varias veces.


Cruzo la meta en 3:46:44. Un mal resultado en relación con el plan de calificar para Boston '15 en 3:40:00, y peor lo es considerando que califiqué para Boston '14 con un 3:32, pero valió la pena. Mil veces valió la pena. Diez mil veces valió la pena.


Después de cruzar la línea final, un corredor adelante de mí se inclina a besar la meta y choco levemente con él. Lo ayudo a levantarse y nos fundimos en un abrazo. Las emociones fueron muchas desde antes de cruzar la línea final, tal vez por eso ahora solo siento una gran alegría, pero ya más controlada. Me detengo un momento y me tambaleo. Un voluntario me abraza y me pregunta si estoy bien. "Just need a second...", respondo. Sigo caminando hasta donde están las medallas. Escojo a la voluntaria más guapa y me le acerco para que me cuelgue mi medalla y poso para las fotos.


Llego a Boston Common cojeando. El dolor del tobillo regresó con más fuerza. Me checo y el pie parece tamal oaxaqueño. Llega mi familia y el momento más emotivo del día tiene lugar en ese parque bostoniano. Las fotos no se hacen esperar. La familia me felicita. Recibo en ese momento una llamada desde México de uno de mis seres más queridos.

Y eso fue Boston Marathon '14. Sin duda, el Maratón más importante que he corrido. Me quedo extraordinariamente feliz con lo vivido en estos 4 o 5 días en Boston, tanto personalmente como en familia, pero no satisfecho. Hubiera querido más; por lo menos el tiempo de 3:40 clasificatorio para Boston '15, ya no digo el sub-3:30 que hubiera sido de mínima decencia. No se si regresaré a Boston en 2015, aunque estoy seguro que lograré clasificar por ahí. Pero sí se que regresaré pronto, tal vez en el '16. Experiencias como Boston Marathon deben vivirse por lo menos una vez en la vida, pero una sola no es suficiente.

La carrera terminó, pero Boston 2014 permanecerá para siempre en mi memoria.

¡Gracias Boston y Hasta la Vista!