Triatlón Querétaro 16

miércoles, 15 de enero de 2014

Boston, Nueva York y Ciudad Mante.

Boston es una de las Ciudades en los Estados Unidos que cuenta con las mejores y más prestigiosas Universidades. En esa metrópoli se encuentra el MIT (Massachussets Institute of Technology), que es la mejor Universidad en lo que se refiere a Investigación Científica y Tecnológica, Ingeniería y Economía. De sus aulas han egresado nada mas ni nada menos que 78 ganadores del Premio Nobel. Por su parte, Harvard es la institución de enseñanza superior más antigua de los Estados Unidos y es considerada la mejor Universidad del mundo, por arriba de Berkeley, Stanford, el MIT y cualquier otra. ¡Ahí nomás!.
Por si alguien no lo supiera, en esta gran ciudad del noreste de los Estados Unidos se corre la más antigua y tradicional Maratón del mundo: The Boston Marathon. Por si fuera poco, esta metrópoli es la casa de los Medias Rojas y de los Celtics, dos de las franquicias deportivas más importantes que existen.


Nueva York, también llamada La Gran Manzana, La Urbe de Hierro y otros sobrenombres, es la Ciudad más cosmopolita del planeta Tierra. Es el ombligo financiero del mundo y es la sede de la ONU. Es la casa de los Yankees, el más famoso y triunfador equipo de Beis Bol que ha existido. Es refugio de artistas, billonarios y de toda clase de gente que busca vivir en la que se considera por muchos, La Capital del Mundo. Y por si fuera poco, en Nueva York se corre cada año The New York City Marathon, la más famosa carrera atlética que existe en el mundo, competencia que culmina en Central Park, que es quizá el templo más venerado de la Religión Maratoniana.


Ciudad Mante, en el norteño estado de Tamaulipas, México, es un pequeño pueblo de un poco más de 100 mil habitantes, que hasta hace poco tenía como principal actividad económica el cultivo de la caña y la producción industrial de azúcar, antes de que fuereños indeseables con negocios menos lícitos irrumpieran y rompieran la tranquilidad de este rincón tamaulipeco, donde vi la primera luz hace ya algunos pocos años.


Hasta donde yo sé Mante no ha sido, como Boston, cuna de ganadores del Premio Nobel, pero el Filósofo de Güemes nació a no más de 100 kilómetros de ahí; y las verdades de perogrullo de este Filósofo son válidas en Mante, en China y hasta en Boston o Nueva York. No hay en mi tierra muchas opciones de estudios superiores; si se quiere ser Médico o Ingeniero o Químico hay que emigrar a Monterrey, Tampico o San Luis Potosí, pero la Facultad de Agronomía de la Universidad de Tamaulipas, enclavada en Ciudad Mante, es la más prestigiosa Institución de Educación Universitaria de la Región (en realidad es la única, pero eso no le quita el calificativo de La Más Prestigiosa).

Como Boston y Nueva York, Mante tiene su Maratón. Cada 16 de Septiembre, desde hace más de 50 años, se corre ahí el Maratón de la Independencia. Cuando yo era niño, era obligado salir cubeta en mano a rociar y hasta empapar con agua a los esforzados corredores que año con año acudían a competir en esa tradicional carrera de 13 kilómetros que se corre en pleno mediodía, con el sol a plomo y casi siempre a temperaturas cercanas a los 40 grados y humedades relativas de más del 90%. Y que los puristas no me reclamen que la competencia se nombre Maratón, pues yo no la bauticé, pero tal vez más de medio siglo de antigüedad y quién sabe cuántos miles de corredores, le puedan otorgar el derecho de llevar, así sea sin cumplir estrictamente las especificaciones, el título Honoris Causa de Maratón.


En alguna ocasión, muchos años después de haber emigrado de mi terruño, intenté competir en ese Maratón de la Independencia; pensé que siendo desde hacía ya muchos años un corredor experimentado, me merecía subir al podium en la más tradicional carrera de mi pueblo. Estando como estaba en plena preparación para competencias de mucho mayor distancia, la carrerita me parecía perita en dulce. Por supuesto que los 40 grados y el solazo que se sentían no fueron esa ocasión mi mayor problema, sino la vergüenza de haber tenido que abandonar la competencia antes del kilómetro 7, víctima de golpe de calor, con tíos, hermana y madre como testigos de mi deshonra y teniendo que soportar, estoico, la burla de amigos de la infancia, primos y sobrinos.

Y si Nueva York tiene su Central Park, Mante tiene su Alameda Miguel Alemán. No hay necesidad de ir hasta la Urbe de Hierro para disfrutar de una maravillosa corrida en medio de la naturaleza, como se puede disfrutar en Mante. Si bien la Alameda es tal vez 100 o 1,000 veces más pequeña que Central Park, en belleza no se queda atrás. Llegando a la Alameda se puede correr en su circuito de un kilómetro, o bien, seguirse de largo y correr a la margen de los canales de riego hasta la presa "La Aguja" o incluso hasta El Nacimiento, manantial que da origen al Río Mante. Al correr entre los cañaverales, los conejos y ardillas se cruzan constantemente en el camino y es característica la multitud de tortugas en los canales, que asoman la cabeza por encima de los lirios. Conforme uno se acerca, se sumergen y se alejan, pero se puede observar a través de las cristalinas aguas del canal, como nadan mucho mejor que cualquier triatleta urbano.


Los Cañeros del Mante eran en mis lejanos años de la infancia, el equipo semiprofesional de Beis Bol más famoso de mi pueblo. También era el único, pero eso no impidió que de esa novena surgiera Horacio Piña, tremendo Picher derecho que llegó a jugar en las Grandes Ligas y que seguramente y aunque no lo tengo registrado en la memoria ni encontré en internet referencias de ello, se debe de haber enfrentado muchas veces a los Yankees y a los Medias Rojas.

Por supuesto que las diferencias son abismales y en la comparación el Mante siempre llevará las de perder, pero recientemente vinieron a mi memoria infinidad de anécdotas vividas en mi querido pueblo de origen. Desde las salidas a correr a la Alameda o entre los cañaverales, lo que en aquellos tiempos odiaba pero que tenía que hacer obligado por mi entrenador de Basket Bol, que entonces era mi deporte, hasta las salidas a nadar en el Río Mante, acompañado por mi hoy Compadre Pancho, en las que llegábamos a recorrer de un jalón los más de 3 kilómetros que separan la presa de La Aguja hasta el manantial de El Nacimiento.


Hoy las condiciones me impiden ir a mi pueblo mucho más frecuentemente de lo que yo quisiera y de verdad echo de menos las salidas a correr a la vera de los canales de riego, las cuales sin lugar a dudas, son las corridas más divertidas y disfrutadas de las que tengo memoria. También echo de menos la intensa sensación de estar en casa, que me produce estar en ese pequeño rincón del norte de México. Echo de menos los atracones de acamayas, echo de menos las excursiones a El Cielo, reserva de la Biósfera muy cercana a mi pueblo y echo de menos tantas otras cosas que podría llenar varias páginas del blog.


Como dije antes, en la comparación el Mante lleva las de perder, pero para mí, de entre Boston, Nueva York y Ciudad Mante... ¡Me gusta mil veces más mi Mante!

5 comentarios:

  1. Qué fotos más chulas !!!

    Lo de fuera está bien, pero al final como lo de casa dónde se ha criado uno no hay nada.

    Un abrazo y suerte con la recuperación. Ya sabes, tenacidad y paciencia.

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    1. Muchas gracias por los buenos deseos. Saludos!

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  2. Buenísima entrada, de esas que hacen un poco más sabio al que la lee. Ahora podré chulear delante de algún colega de todo lo que sé de Ciudad Mante.

    El mundo es maravilloso pero como el terruño de uno...

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  3. Muchas gracias por compartirlo. Uno de mis viajes soñados es por la Baja California y Norte de Méjico , me apuntó tu terruño.
    Buena entrada y mucho fuerza con tu recuperación

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